Policiales

El camino que recorre un celular robado hasta caer en nuevas manos

Un aparato es vendido por el ladrón a un 10 o 15% de su valor a un reducidor que lo repondrá en el mercado, entero o por partes, a un 60% del precio de vidriera

Jueves 03 de Septiembre de 2020

Siguiendo la ruta de dos teléfonos robados (un Samsung S10 y un Xiaomi Redmi Note 8 Pro), efectivos de la comisaría 2ª recuperaron el martes más de mil aparatos sustraídos que se encontraban a la venta. Los allanamientos se hicieron en Maipú al 1700, local que fue clausurado, y en Rioja al 1300, donde no se hallaron pruebas que conlleven su cierre. Además dos hombres fueron demorados, pero al no tener antecedentes fueron liberados y por el momento no se les formó causa.

Tras los procedimientos quedaron en el aire varias preguntas: ¿Qué sucede luego de que un celular es robado? ¿Cuál es el camino de ese aparato hasta que vuelve a las manos de otro usuario? ¿Qué hay detrás de un mercado que se alimenta con alrededor de 170 celulares robados por hora en todo el país, solo pensando en hechos denunciados?

“No te puedo creer, me robaron el celu”. Cada vez que una persona vocifera esta expresión se ponen en marcha engranajes de un mercado negro que mueve millones de pesos. Los dos locales allanados el lunes por la Fiscalía de Imputados No individualizados (NN), a cargo de Marcelo Vienna, son tan solo la punta del iceberg de un negocio que no sería posible sin la participación de usuarios que, con el fin de ahorrar unos pesos en época de crisis, compran robado. Y que la mayoría de las veces, ese negocio funciona ante los ojos de la sociedad.

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“El que roba celulares ya sabe a quién se los va a vender. Es como el que roba «a la carta». Todo sirve en un celular. Si no lo vendés completo lo hacés por partes que servirán como repuestos porque todo en el celular tiene un valor. Un reducidor compra un aparato en un precio que oscila entre el 10 y el 15 % de su valor de mercado, pero después lo vende al 50 o 60% de ese valor”, explicó ayer un conocedor del mercado negro rosarino. Y lo puso en números más finos: un celular que en el mercado legal vale 10 mil pesos, el ladrón lo vende en 1.500 y el reducidor lo coloca nuevamente en el mercado en cerca de 6 mil pesos.

El primer eslabón de ese engranaje es el ladrón o punga que lo roba en un ómnibus a los pasajeros sin que se den cuenta o en multitudes, los oportunistas o los arrebatadores que se alzan con bolsos, carteras y maletines en la calle. Tras ello el delincuente lo apaga y tira el chip original para evitar que lo rastreen. Desde ese momento para él se abren varios caminos: el reducidor barrial; la cueva en la que se reciclan, se reparan o se reconvierten; venderlo mano a mano o incluso cambiarlo por drogas. Esta es la menos usada y más arriesgada de las modalidades. Lo que queda claro es que el interés del ladrón es deshacerse del aparato.

“Por ahí te llaman y te dicen lo que tienen. Vos le hacés una oferta, a la baja porque tenés que pensar que ese aparato debe salir a reventa. Ofertas entre un 10 y un 15 por ciento del valor de mercado. Pero hoy hay muchos que están súper tirados, como los «pungas» que están deseando que haya colectivos y directamente le ofreces mucho menos”, contó un conocedor del rubro.

“Hoy en una cueva te venden tranquilamente un celular robado con caja, cargador y auriculares. Todo con el aspecto de un aparato de segunda vendido de buena fe por alguien que lo cambió o lo revendió. La gente lo que quiere es una buena memoria y una cámara de fotos de buena resolución”, agregó.

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La pregunta que surge es ¿y el IMEI? Esto es el número de 15 dígitos que identifica al aparato y que se traduce como una especie de DNI internacional del celular. Un número que hasta no hace muchos años era infranqueable. “Eso cambió. Todo se resuelve. Una cosa se «liberar» un celular y otra es «desbloquearlo». Lo desbloqueas para usarlo en otra empresa, pero eso no afecta el número de IMEI. Lo único que necesitas es una cuenta de GMail (con usuario y contraseña) que ya esté en uso para que el celular funcione. Entonces lo reseteas de fábrica. Al liberarlo reseteas el IMEI y reconvertís el aparato. Lo primero te puede salir 500 pesos, liberarlo desde 1.600 a 3 mil para arriba dependiendo del celu. Todo lo que haya que hacerle al aparato para revenderlo es gasto”, agregó la fuente.

 En el mercado negro todo tiene un precio tabulado. Un celular que aparentemente no se puede desbloquear puede servir para reparar otro equipo. “Hay celulares buenos y otros que son «feos». Vos por ahí compras un celular robado en 2 mil pesos que no podes desbloquear, pero te sirven las partes. El módulo, la pantalla, la batería, la carcasa. Pensá que una pantalla de un S10 (Samsung Galaxy) te sale como 35 o 40 lucas. Podes armar un celular «Frankenstein» con distintas partes de varios aparatos. Y después están los «Chumy» (celulares fuera de moda o con pocas capacidades) que tienen su mercado. Por ejemplo, un tipo que está en cana no necesita un celular con todas las funciones. Necesita hablar con su familia y mandar WhatsApp. Eso con un «Chumy» lo hace”, explicó un reducidor. ¿Cuánto sale un celular para un preso? “Yo no vendo, se lo doy de gentileza”, se sinceró.

Hay un río en el que ni ladrones ni reducidores se quieren mojar: El IPhone. “Es tecnología muy avanzada. Esos aparatos se venden afuera, en Paraguay, Perú o Bolivia. Ellos tienen software para desbloquearlo, pero es caro. En el Mercado 4 de Asunción está lleno de IPhone choreados en Argentina”, explicó otro conocedor del rubro.

“Este rubro estaba controlado hace un par de años y ahora se reactivó por la crisis. El mercado negro de celulares es como el de las autopartes, el de los autos, las bicicletas, las motos, las ruedas de auxilio. Está activo porque hay quien compra lo robado, sino no habría mercado negro ”, sintetizó un policía veterano. “Por eso hay que tener cuidado a quién se le compra un celular robado. Yo no trabajo con los que salen a robar de caño porque nunca sabés si no te traen un celular manchado con sangre”, dijo la fuente.

Volviendo al operativo del martes en Maipú al 1700 y Rioja al 1300, ayer al mediodía Franco Leonel C., de 30 años, y José Alberto C., de 38, fueron liberados por orden de la fiscal de Flagrancia Cecilia Cardinali. En los procedimientos se secuestraron dos CPU con software para actualizar datos, cambios de IMEI de celulares, tablets y partes de aparatos.

“El allanamiento se libró por dos celulares que no fueron encontrados. De los 860 aparatos que se secuestraron todavía no hay constancia de su procedencia y cómo éstas personas no cuentan con antecedentes, la fiscal les otorgó la libertad y ordenó a la Agencia de Investigación Criminal (AIC) que realice un inventario de los aparatos y sus números de IMEI para determinar su procedencia”, explicaron desde la Fiscalía Regional.

“Más allá de que las dos personas recuperen la libertad continúan bajo investigación pero como aún no está corroborada la procedencia de los celulares no se puede avanzar más en la investigación. Cuando esté finalizado el relevamiento de los celulares secuestrados se publicarán fotos y datos para que personas que hayan sufrido ilícitos en los que les hayan robado sus aparatos puedan presentarse a reconocer si son suyos. Recién entonces la fiscal decidirá si imputa o forma causa a las personas que habían sido demoradas”, agregaron desde la Oficina de Prensa de Fiscalía. La ley 25.891, sancionada en abril de 2004, es la que pena la compra y venta en el mercado negro de celulares.

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