POLICIALES

Doble crimen en Empalme: una emboscada en un territorio signado por la droga y la pobreza

Un hombre de 36 años y un pibe de 16 fueron ejecutados desde dos motos el viernes al atardecer

Domingo 28 de Marzo de 2021

San Cayetano es una cortada de 300 metros en el sector más empobrecido de Empalme Graneros, un lugar que los vecinos denominan “el fondo” porque están, al norte de Juan B. Justo, más allá del 1500 bis en medio de una pobreza de alta densidad. Una zona de la ciudad en la que el asesinato puede llegar casi por cualquier motivo. El viernes al atardecer la muerte se paseó por San Cayetano y un pasillo que es la prolongación de calle María de Los Angeles. En ese cruce de caminos coincidieron alrededor de las 20, en principio por casualidad, Uriel Luciano Aguirre, de 16 años, y Leopoldo Jacinto Medina, de 36. Ambos fueron emboscados por dos motos y asesinados ferozmente con disparos calibre 380. Medina, recibió al menos dos impactos y murió en el lugar; Aguirre sufrió tres heridas y fue trasladado hasta el Hospital Alberdi donde nada pudieron hacer para salvarle la vida.

“El tema es que acá hace un tiempo que venden falopa. La zona donde mataron a estos dos es del «Chaque» (por Sixto Daniel Pérez, sindicado narco que se encuentra preso y fue procesado en junio 2018 por liderar una banda de venta de drogas). Todos saben que no hay que vender sin pasar por el dueño de la zona porque después pasan estas cosas. Ahora todos lloran, pero todo el mundo sabe que eso no se hace. Nada se puede hacer por estos lares si no pasa por el «Chaque»”, explicó sintéticamente, como cuadro de situación, un vecino de la zona.

El doble crimen ocurrió a escasos 30 metros del lugar donde fue asesinado el viernes 27 de noviembre pasado Claudio Alejandro Román, de 40 años y apodado “Cabito”, un vecino ejecutado a balazos por dos cobradores de extorsionadores colombianos. Al parecer los sicarios habían dispararon por error contra la casa de Cabito, éste se los recriminó a viva voz y entonces los gatilleros lo ejecutaron sin titubear. Por ese hecho fue detenido e imputado Cristian Camilo G.R., colombiano de 26 años.

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Los del fondo

San Cayetano corre paralela a Olavarría y Garzón y se extiende entre Martínez Estrada y otro pasaje paralelo a Schweitzer. La cortada está conectada con las calles mencionadas por un sinnúmero de pasillos o senderos anchos que serpentean atravesando las manzanas. Tranquilamente se puede entrar por un pasillo por Olavarría y salir 300 metros más allá por Garzón sin haber respetado ningún concepto de urbanismo clásico.

Realizar esa caminata también es pasar por diferentes postales de la pobreza estructural de alta densidad. Casas humildes de material que conviven con viviendas de chapa, madera y cartón. Autos viejos, motos y bicicletas con vehículos de alta gama cuyos dueños llegan a las inmediaciones para comprar droga. Volquetes rebasados de basura y niños pequeños jugando alrededor sobre un devaluado pavimento rodeado de zanjas de aguas pestilentes, conexiones de agua potable clandestinas, ramilletes de cables colgados del tendido eléctrico. A este tétrico cuadro hay que sumarle que tras la caída de lluvia, por poca que sea, toda esa zona se transforma en un pantanal en las calles de tierra y también sobre las que tienen mejorado. Las veredas son esporádicas y los vecinos caminan por la calle.

Todo eso a escasos 200 metros lineales del puente sobre avenida Sorrento, por el que pasa uno de los tramos del arroyo Ludueña y a unas 15 cuadras del centro comercial más importante de Empalme sobre Juan José Paso. A simple vista lo que más abunda en el lugar es la pobreza estructural y que la política rosarina hace tiempo que no se pega una vuelta por el barrio para trabajar sobre los problemas de los vecinos y hacer menos miserable la vida de la gente de la zona.

>>Leer más: Procesan como jefe narco a un chaqueño de sostenidos lazos con policías rosarinos

Cruce de pasillos

El viernes pasadas las 20 Uriel Aguirre estaba en el cruce de San Cayetano y María de Los Angeles en una juntada con pibes del barrio. Al grupo se acercó Leopoldo Medina. De acuerdo a testimonios de vecinos y las primeras actuaciones en manos de la fiscal Georgina Pairola, también se acercó una moto Honda Titán negra con dos hombres que llevaban casco.

Fue entonces que el acompañante, quien vestía una campera de cuero, bajó de la moto sin sacarse el casco comenzó a disparar haciendo blanco en Medina y en Aguirre, quien corrió hacia el norte. En su corrida el adolescente fue sorprendido por otros dos motociclistas que se movilizaban en segundo vehículo cuya características los vecinos no alcanzaron a individualizar, lo que da dimensión a la emboscada de la que fueron víctimas.

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“Escuchamos seis balazos bien claritos. Fueron disparo a disparo”, recordó una vecina, y explicó. “En el barrio se dice que el muchacho Medina había ido a comprar (droga) y quedó en medio del ataque. No era para él”.

Medina murió en el lugar con impactos de bala en la espalda. El pibe Aguirre, con heridas múltiples en tórax, fue llevado por su familia hasta el Hospital Alberdi donde llegó ya sin vida. En el lugar los investigadores recolectaron media docena de vainas calibre 380, una munición similar a la 9 milímetros pero de menos potencia.

Aguirre y Medina quedaron en la fría lista de homicidios como los números 53 y 54 en lo que va del año, 18 de esos crímenes sucedieron durante marzo.

Esperando el cuerpo

A media mañana de este sábado la familia de Uriel lloraba su desazón como lo hacen los pobres: sentados en sillas de diferentes formas a la espera de que el Instituto Médico Legal (IML) liberara el cuerpo de su familiar para poder velarlo y sepultarlo. Con ese telón de fondo los Aguirre esperaban sentados a 20 metros donde cayó muerto Medina y a 40 de donde quedó agonizante el adolescente.

La primera intención de la familia fue limpiar el nombre de su muerto. “Uriel era un nene. No vivía acá. El jugaba en las inferiores de Independiente de Avellaneda y por eso vivía en la localidad bonaerense de Glew (partido de Almirante Brown). El se vino para las fiestas para visitar a su madre y a su abuela, pero en estos días se volvía a Buenos Aires”, explicó una de sus tías. “El no tenía antecedentes policiales ni nada de eso. La ligó porque se asustó y corrió. No era para él”, indicó.

La fiscal Georgina Pairola comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que trabajaran sobre el territorio buscando testimonios. En la zona no se visualizan cámaras de videovigilancia públicas o privadas.

Más tragedia

El día del asesinato de Uriel se cumplieron un año y ocho meses de otro registro trágico en su historia: el asesinato de su padre. Poco después de la medianoche del viernes 26 de julio de 2020, Ramón Néstor Aguirre entró al pasillo de Olavarría al 1200 bis con su moto de 110 centímetros cúbicos patinando en el barro del pasillo, a metros de la casa de su hermana.

Un puntazo en el pecho le jaqueó la vida. Lo trasladaron en ambulancia al hospital Eva Perón de Granadero Baigorria, donde murió. Tenía 38 años y cuatro hijos de entre 12 y 18 años. Uno de ellos era Uriel.

>>Leer más: Lo mataron de un puntazo en el pecho en un humilde pasillo

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