Diez años atrás, el 11 de marzo de 2016 por la tarde, una mujer de 35 años fue asesinada delante de familiares en la puerta de su casa de Ayacucho al 4300. Uno de los testigos fue su hijo Alan Funes, por entonces de 17 años, quien juró venganza y a los pocos días hizo estallar un conflicto que ya llevaba su tiempo. Todo en el marco de una disputa territorial en los barrios Tablada y Municipal que decantó en una saga de crímenes y caídas en prisión.
Cinco años después del crimen de Mariela Miranda fueron condenados Juan "Juanchi" Almada y Alexis Caminos. Este último es el hijo del "Pimpi", barra brava de Newell's asesinado en 2010 por René "Brujo" Ungaro. Parte de una bronca que en aquellos años escaló y puso a los Funes del lado de Ungaro y a los Caminos en alianza con Rubén "Tubi" Segovia. El copamiento territorial para la venta de drogas fue el histórico telón de fondo de esta disputa sostenida a balazos durante unos quince años.
La muerte de Miranda terminó por exponer a su familia, que se despedazó con los asesinatos de los hermanos Jonatan y Ulises Funes y las detenciones de Alan y Lautaro. A diez años de este crimen la escena de los hechos linda con una vivienda derribada en el marco de la ley de Microtráfico por ser considerada un punto de operaciones del clan. Alan Funes, en tanto, fue condenado a prisión perpetua por instigar un homicidio desde la cárcel.
El asesinato de Mariela
Cerca de las 14.30 del 11 de marzo de 2016, en la puerta de su casa de Ayacucho casi esquina Uriburu, Mariela Miranda conversaba con su hijo Alan, su hijastro Jonatan y un conocido de la familia mientras otro hijo de la mujer, de tres años, jugaba alrededor. La secuencia fue la de una modalidad del crimen que para entonces ya se había afirmado en Rosario: dos tipos llegaron en una moto a contramano y, al frenar a metros del grupo, el que iba de acompañante empezó a disparar.
Fueron más de diez disparos pero solo uno impactó en Miranda, aunque fue suficiente para matarla. La autopsia arrojó que el balazó había ingresado por la espalda provocando lesiones vertebrales, en la arteria aorta y en un pulmón para luego salir a la altura del pecho casi en línea recta. En ese instante drámatico Alan Funes logró una observación que luego sería elemental para el avance de la causa: tras los cascos de los homicidas, que tenían la visera levantada, alcanzó a reconocer a Alexis Caminos y Juan Almada.
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A Caminos lo detuvo la Gendarmería en octubre de 2016, al saltar en un procedimiento de identificación que tenía pedido de captura por un homicidio de 2012. Almada, en tanto, había sido detenido en junio de 2016 por otra causa, pero en noviembre de 2017 finalmente le imputaron el homicidio de Miranda. Antes se hizo una rueda de reconocimiento en la que el sospechoso se paró junto a otros jóvenes con cascos de motos puestos. "Ese fue el que mató a mi mamá", dijo Alan Funes al señalar sin dudas a Almada. En septiembre de 2021, en procedimientos abreviados, Caminos fue condenado a 20 años de prisión y Almada a 15.
Un contexto
Los hermanos Funes declararon en la investigación por el crimen de Miranda, pero fue el testimonio de Jonathan "Bam Bam" Funes el que sirvió para contextualizar un conflicto histórico. Se remontó a los años "2012 o 2013": "Mis hermanos Alan y Ullses iban a la escuela técnica 393 (ubicada en Alice al 5000) y para llegar tenían que pasar por el barrio Municipal. En ese barrio la familia Caminos controlaba todo lo que pasaba: venta de drogas, usurpaciones. Lo que pasó fue que querían que mis hermanos sean sus sicarios y empiecen a matar gente para ellos. Pero ellos no querían. Ulises tenía 16 años y Alan cerca de 12. Ellos querían que mis hermanos maten a los que habían matado a su padre, a los de la banda de los Ungaro".
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Fue Jorge Funes, padre de los chicos, quien se plantó con los Caminos e inició así una rivalidad territorial que con el tiempo acercó a los Funes con René Ungaro. En ese contexto, de acuerdo a distintas denuncias realizadas, los Caminos intentaron usurpar viviendas de los Funes: un método violento de desplazamiento que tiempo después los propios Funes aplicarían con otras víctimas. Con esa bronca como trasfondo, un episodio puntual fue el que -para las fiscales Marisol Fabrro y Viviana O'Connell- motivó el crimen de Miranda: una denuncia que tres días antes había hecho la madre de Jorge Funes contra Alexis Caminos por un intento de usurpación de su casa del barrio Municipal.
Cuatro meses después del crimen de su madre, Alan Funes se vengó. Fue el 1º de mayo de 2016, en un pasillo de Ayacucho y Ameghino, cuando le disparó desde atrás a Eugenio "Pupi" Solaro. Un crimen que cometió cuando todavía tenía 17 años, por lo cual fue juzgado en el sistema de Menores y condenado en 2020 a 12 años de prisión. Estuvo en el entonces Instituto de Recuperación del Adolescente (IRAR) hasta octubre de 2017 cuando, ya con 18 años, la jueza María del Carmen Musa le otorgó prisión domiciliaria en la casa de la abuela. Beneficio que tuvo hasta que el 5 de enero de 2018 le llegó un pedido de captura cuando trascendió públicamente un video en el que disparaba hacia arriba con una ametralladora para festejar el inicio del 2018.
Crímenes y venganzas
Para entonces los Funes se habían consolidado como una organización territorial en alianza con René Ungaro, ya preso pero aún así a la cabeza de una banda dedicada al narcomenudeo en Tablada y barrios aledaños. Las disputas continuaron y el vuelto le llegó a los Funes el 7 de enero de 2018, cuando Ulises Funes fue asesinado a balazos en un pasillo del barrio La Lata. Días antes su padre, Jorge Funes, había sobrevivido a un ataque a tiros en Alvear.
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Todavía prófugo, Alan Funes cometió su segunda venganza tras el asesinato de su hermano: el 14 de enero de 2018 acribilló a Marcela Díaz, hermana de Rubén "Tubi" Segovia, miembro de la banda de Caminos. Diez días después cayó en un departamento de Callao al 3900, donde se escondía con su entonces novia Jorgelina "Chipi" Selerpe, hoy también presa. Por ese crimen Funes fue condenado en mayo de 2021 a 35 años de prisión, condena que incluyó su pertenencia a la asociación ilícita liderada desde la cárcel de Piñero por el Brujo Ungaro.
Pero el verdadero rebote del crimen de Marcela Díaz llegó el 5 de febrero siguiente, cuando Jonatan "Bam Bam" Funes fue emboscado y acribillado en la ruta 14, a menos de un kilómetro de la cárcel de Piñero, de donde acababa de salir de una visita a sus hermanos Alan y Lautaro. Otro asesinato ligado a esa saga, pero tal vez como parte de un ajuste interno, fue el de Ruben "Tubi" Segovia. El 24 de abril de 2018 al menos cuatro miembros de la misma banda, entre ellos el propio Juanchi Almada, lo mataron apuñalaron y estrangularon en una celda de la cárcel de Coronda.
Jefe desde la cárcel y una perpetua
En medio de tanta muerte violenta, surge un interrogante todavía abierto: cómo y por qué, ya estando preso, Alan Funes escaló en el organigrama criminal rosarino. Lo hizo primero en Piñero y luego en Ezeiza, donde fue trasladado tras la fuga de otros reclusos de la cárcel provincial. En marzo de 2022, con 23 años, volvió a ser imputado por asociación ilícita pero en ese caso como jefe desde el penal de Ezeiza.
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En ese contexto, había quedado al mando de una pandilla de pibes de Tablada que vendían drogas con una casa de Chacabuco al 4100 como base, a la que llamaban "El pasillo". La mayor cantidad de información con la que se profundizó en esa causa surgió a partir del asesinato de Mariel Lezcano, de 21 años, ejecutada en octubre de 2021 en la puerta de su casa de Ayacucho al 4300, mismo lugar donde años antes había sido asesinada la madre de Alan Funes.
En octubre de 2024 Alan Funes fue condenado a prisión perpetua como instigador del asesinato de Mariel Lezcano. La investigación develó que había ofrecido 100 mil pesos a los jóvenes que ejecutaron el crimen que tenía como objetivo real a la madre de la víctima, una mujer vinculada al narcomenudeo que era hostigada por los Funes para que vendiera para ellos. Hoy, a diez años del estallido de aquella saga de venganzas y con Alan Funes preso en la cárcel federal de Marcos Paz, Tablada sigue siendo un terreno de disputas pero con nombres propios que permanecen en las sombras.