Ovación

Una flor hecha leyenda

Dicen que a orillas del río Paraná vivía el cacique Rubichá Tacú (Jefe Algarrobo), quien gobernaba una tribu de hombres aguerridos y hermosas mujeres.

Miércoles 14 de Marzo de 2018

Dicen que a orillas del río Paraná vivía el cacique Rubichá Tacú (Jefe Algarrobo), quien gobernaba una tribu de hombres aguerridos y hermosas mujeres. Este cacique tenía una hija muy bella y orgullosa llamada Morotí (Blanca), novia de Pitá (Rojo), el guerrero más valiente de la tribu. Morotí y Pitá se querían mucho.
Un día, al caer la tarde, paseando por la orilla del río con otras doncellas, Morotí vio a Pitá que, en compañía de varios guerreros, se ejercitaba con el arco y la flecha. Para mostrarles a sus amigas cuánto la amaba Pitá y cómo satisfacía todos sus caprichos, les dijo: "Ahora verán cómo Pitá cumple cualquier deseo mío. ¿Ven este brazalete? Lo arrojaré al río y mi novio irá a buscarlo". Una de sus amigas la interrumpió: "No hagas eso, Morotí. Es muy peligroso y Pitá podría ahogarse". A lo que respondió Morotí: "Pitá es el mejor nadador y el más valiente de la tribu".Y tiró el brazalete al río.
A pedido de la muchacha y sólo para complacerla, Pitá se arrojó al agua seguro de volver, pero no lo hizo. Llorosa la muchacha ordenó: "Llamen al adivino de nuestra tribu para que diga qué debemos hacer para salvarlo". El hechicero Pegcoé (Profundo) miró las profundas aguas del río y dijo: "Pitá está con I-Cuñá-Payé (Hechicera de las Aguas) en su hermoso palacio de oro y piedras preciosas. Ella quiere que se quede y para ello le ofrece todas sus riquezas. Pitá parece aceptar. Y tú, Morotí, por tu orgullo y coquetería eres la única culpable de la pérdida de nuestro mejor guerrero". Morotí, desesperada, le pidió al hechicero: "Dime qué debo hacer para recuperarlo y te obedeceré ciegamente". Y él le dijo: "Debes arrojarte al Paraná y traerlo tú misma a la superficie". Morotí le hizo caso. Toda la noche la tribu esperó el regreso de los jóvenes. Se encendieron fuegos y se danzó para invocar a Tupá (Dios) y ahuyentar los malos espíritus.
Ya amanecía cuando fue nuevamente consultado el hechicero, quien aún mirando las aguas dijo: "Ya se han encontrado. Morotí salvó a Pitá. Ya vuelven abrazados a la superficie. ¡Ya vuelven! En ese mismo instante, atónitos y maravillados, vieron aparecer desde el agua una hermosa flor de pétalos entre rosados y blancos. Eran Morotí y Pitá que, así transformados, ofrecían la belleza y el perfume del irupé como símbolos de amor.

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