La papelonesca derrota ante Claypole por Copa Argentina estableció un escenario de replanteos absolutamente desconcertador. Hacia adentro y hacia afuera. Esta nueva eliminación temprana expuso inquietudes y necesidades que hasta ahora se habían camuflado detrás de los resultados de las primeras cuatro jornadas de la liga y de la capa protectora de Gabriel Heinze dentro del universo Newell’s. Pero este tremendo golpazo, el primero en este ciclo, sobrepasa la condición de señal de advertencia, y empieza a poner en duda algunas cuestiones dogmáticas en las que se venía conduciendo el plantel.
La caída en San Nicolás dejó retumbando ecos perturbadores. Porque este Newell’s no pudo dar la talla competitiva ante un adversario de Primera C.
En este proceso, los suplentes no generan un piso mínimo de confianza y rendimiento, y eso achica el margen de maniobra de un plantel que lucía algo más pretencioso en los análisis previos a los inicios de las competiciones oficiales. Y los titulares tampoco se muestran en condiciones de intervenir en este tipo de trances de apuros y dar vuelta el resultado frente a un adversario de un calibre mucho menor.
En realidad, el choque ante Claypole ofrecía el momento exacto de afirmar intenciones y multiplicar los objetivos. Y este Newell’s, por propia impericia, terminó protagonizando un acto de autoflagelación. Se agredió inexplicablemente. Mutiló sus ansias antes de comenzar a recorrer este nuevo frente de competencia que se abría en un marco de baja exigencia y fue desaprovechado increíblemente.
Evidentemente, esta postura de armar tácticas y estrategias en función del rival de turno es un arma de doble filo porque termina poniendo demasiado el eje en el adversario y ubica poco el acento en la producción propia. Hasta ahora, en lo poco que lleva de recorrido el ciclo de Heinze, sus dirigidos todavía exhiben falta de capacidad para cumplir las órdenes que llegan desde el banco de suplentes y que ese esfuerzo se traduzca en el funcionamiento y en el marcador. Al menos hasta ahora.
En el arranque de Copa Argentina, hubo decisiones que derivaron en demasiados cambios, con poco tiempo de trabajo desde el duelo con Banfield. Diez modificaciones nominales y un nuevo esquema. Una apuesta demasiado riesgosa que cayó pesadamente sobre las espaldas de quienes salieron de entrada en San Nicolás.
Una pesada carga
Esa tormentosa carga se hizo notar sobre los que menos rodaje tenían. Pareció atar piernas e ideas en un equipo que se fue enterrando en su propio pantano de confusiones.
En ese marco, el formato competitivo de esta Copa aumentó su poder de daño. Este certamen deja afuera al que se equivoca. No otorga segundas chances o posibilidades de volver a intentar. Claramente, todo indicaba que no era la instancia precisa para establecer tantas pruebas y Newell’s no supo leer ese cuadro de situación.
En este Newell’s todavía no se puede hablar de crisis porque todo es muy incipiente. Pero, precisamente, ese estado de formación que transita la apuesta leprosa debe ser comprendido como un límite tangible, que todavía no le permite dar un salto de calidad. Esa carencia lo dejó afuera de una nueva meta y lo sumergió en un laberinto de preocupaciones.
Este tropiezo obligó a retroceder varios casilleros en esta larga carrera de obstáculos que representa la competencia que debe afrontar la lepra. En ese recorrido, hasta el momento, los suplentes no hacen méritos para dejar de serlo, y los titulares no se adueñan de la propuesta, ni colectiva ni individualmente.
El primer porrazo en esta era significó mucho más que una derrota. Newell’s quedó recalculando y el Gringo debe replantear algunos lineamientos de su hoja de ruta.
Suerte adversa
Las estadísticas muchas veces exponen con crueldad suertes adversas. El Gringo Heinze nunca ganó como entrenador en la Copa Argentina. En 2016, quedó afuera con Argentinos ante Laferrere, en 2017 también con el bicho frente a Instituto, en 2018 con Vélez ante Central Córdoba, en 2019 también con el fortín enfrentando a Real Pilar, y en 2023 con Newell’s ante Claypole.
A reaccionar rápido
Newell’s quiere dejas atrás lo más rápido posible el golpazo por Copa Argentina. Y entiende que la mejor manera de reaccionar es con una buena presentación en el siguiente desafío. Por eso, en el plantel rojinegro todo está enfocado en curar heridas puertas adentro y preparar el encuentro del domingo, a las 21.30, ante Instituto en el estadio Mario Alberto Kempes.
Para esa instancia, lo más probable es que vuelva a apostar por los titulares y que Facundo Mansilla reemplace al colombiano Willer Ditta, expulsado en el último choque ante Banfield.
Si bien todo corre en el terreno de las especulaciones, si no surge ningún inconveniente en los entrenamientos en el predio Bella Vista, todo indica que Gabriel Heinze y sus colaboradores dispondrían este once inicial para jugar en Córdoba: Lucas Hoyos, Jherson Mosquera, Gustavo Velázquez, Mansilla y Bruno Pittón; Iván Gómez, Juan Sforza y Cristian Ferreira; Jonathan Menéndez, Jorge Recalde y Ramiro Sordo.
Este viernes a las 12, el Gringo Heinze otorgará una rueda de prensa en el predio leproso, luego de la práctica de la mañana.