Ovación

Rubén Abraham, entre dos amores

El deportista oriundo de Hughes jugó durante casi 20 años en el rugby de primera división en Los Caranchos y hoy, cerca de los 65, coquetea con su otra pasión: el automovilismo.

Viernes 26 de Octubre de 2018

Para quien no lo conoce y mira a Rubén Abraham, él es un hombre de gesto adusto, serio, que tiene la misma dureza con la que tackleó durante los casi veinte años que jugó en la primera división de Los Caranchos. Pero ese mismo hombre, que está a punto de cumplir 65 años, se transforma cuando empieza a hablar de rugby o de automovilismo, sus dos pasiones, dos amores que como diría Ana Belén por uno vive y por el otro muere.

El Turco, se crió en Hughes, destacado poblado santafesino donde el TC corría la famosa vuelta y llegó a Rosario a los 15 años. Practicó fútbol en Central, donde jugó de marcador central, al lado de Van Tuyne que lo hacía de lateral, entre otros. Hubiera tenido proyección si no fuera porque un día Alfredo Fernández lo vio y se lo llevó a Los Caranchos a jugar al rugby, deporte que adoptaría como propio pese a no haber jugado en divisiones juveniles. "Jugué solamente dos años en cuarta y después pasé a primera. No hice inferiores e incluso en cuarta jugué de pilar, después pasé a la tercera línea", recordó Abraham.

"Los veinte años que jugué al rugby (1971-1990) lo hice en Los Caranchos, salvo en 1978, cuando por una diferencia con algunos compañeros me fui a Jockey. Mi amigo Jorge Trevisán me abrió las puertas y ahí estuve sólo un año. Me volví porque sentí que no era mi camiseta. Igual agradezco haber tenido ese paso, porque me bajó a tierra y desde ahí fui un jugador más de equipo", se sinceró el ex tercera línea.

En tu larga carrera tuviste muchos entrenadores, ¿A quién reconocerías y por qué?

Tengo un reconocimiento muy grande por Coco Benzi, porque fue uno de los pocos entrenadores de mi época de jugador que me llamó al seleccionado a pesar de que yo jugaba en un club chico. Pero no fue solamente conmigo, también lo llamó a Cachi Discaciatti que jugaba en Mitre de Pérez, a Piscione que jugaba en Old Resian y a Martini que jugaba en Loga. Por esos años fue el único que se la jugó por cuatro o cinco tipos que no éramos de los clubes grandes, por decirlo de alguna manera.

¿Te pasaron cosas feas en el rugby?

Sí, jugando contra dos de los equipos "importantes" de Rosario. Hubo dos jugadores (que fueron Pumas) que cuando los tackleaba me trataban de negro de mierda. Los nombres no hacen faltan, pero eso fue una cosa muy fea. Les molestaba, pero el tackle era mi fuerte.

¿Cuál fue el tackle de tu vida?

Uno que le hice a Alejandro Iachetti en un partido entre Rosario-Pumas en 1981 y que fue tapa en un diario de Buenos Aires. Fue un tackle hermoso, le hice perder la pelota a ese gigante. En ese partido, tuvo un primer tiempo fantástico, pero en el segundo entró Hugo Porta, me hizo pasar de largo dos veces y la terminé pagando.

¿Por qué?

Se venía un partido contra Inglaterra, y a pesar de que yo venía siendo titular, fui reemplazado por Gustavo Minoldo. Quedé como suplente pero fui el hincha número uno. De todas maneras, representar a mi club fue un orgullo.

¿Qué te dejó el rugby en líneas generales?

Una forma de vida. El rugby me enseñó a ser un hombre de bien, adentro y afuera de la cancha. Me gustó jugarlo y me costó mucho dejarlo. Me operé de las rodillas dos veces y así y todo jugué hasta los 37, que si no me operaba quizás hubiese jugado un par de años más.

Me imagino que tendrás mil anécdotas, contá alguna.

Fuimos a jugar las semifinales al sur y el sábado nos enfrentamos a Buenos Aires, que eran 15 Pumas. Ellos, por la cola del line, penetraba el wing Sanguinetti, un gringo muy fuerte y me tocaba tacklearlo a mí. Esa misma noche me invitó a comer un amigo de la infancia, Gabino Novelino, que jugaba al fútbol de 8 en Cipolletti y él me tuvo que cortar la carne porque yo no podía: tenía el hombro dormido. Hay muchas cosas que no me podré olvidar nunca. Los partidos con Plaza, donde nos comíamos muchos puntos por ejemplo. Recuerdo uno en los que en una jugada en la que habían metido cinco fases, tackleo a uno de los pilares, al turco Macat sobre la raya, vuelvo y tackleo al centro pero igual Chicho Nogués llegó al try... pasaron Risler y Macat y me levantaron del piso, y me miraron como diciéndome ¡más no podías hacer! De esas cosas no podés olvidarte nunca.

Después que colgaste los botines, inmediatamente te metiste en el automovilismo

Sí. En 1991, dejé de jugar y me alejé del rugby diez años. Ese año compré un Renault y corrí dos años en Promocional 850. Después corrí en TC 4000, con un Chevy; pasé al Turismo Grupo 2 y hoy por hoy soy el único del Grupo 2 original que está en actividad. Corrí dos años en las Agrupadas y en las categorías del Sur disputé tres carreras. Tiempo después se presentó la oportunidad de volver al primer amor, a un Renault Gordini para correr en Victoria, en la tierra. Ya corrí tres carreras a las que voy y me divierto.

¿Qué pensás del automovilismo nacional?

El automovilismo zonal es el automovilismo puro, es el verdadero automovilismo. Creo que se sigue manteniendo una categoría como el Turismo Carretera, donde el corazón de los autos no tiene nada que ver con lo que se ve, son Falcon, Torino, Dodge de no se qué año y no fomentan a chicos para que sigan su carrera afuera. Si bien estas categorías tienen muchos entusiastas, no nos sirven para ver nuestra bandera flamear a nivel mundial.

¿Qué balance hacés?

Me di el gusto de correr en seis categorías con resultados diversos. Generalmente los autos fueron míos, menos un escarabajito que alquile cuando volví la última vez, hace tres años y medio. Le compré un Bolita a Don Penta, una institución del automovilismo rosarino, y ahora tengo el Gordini en el taller de los hermanos Pablo y Germán Almoualem. Hoy puedo correr gracias a los sponsors... en realidad me hacen un mimo, porque seamos realistas, no están bancando a un pibe que tiene futuro. Por ahí escucho "este viejo no acelera", pero a mi edad, creo que es importante tener el auto, conseguir la guita para llevarlo, subirse y ser agradecido a un montón de gente que hace posible que pueda correr, porque si tuviera que pagar los números que hoy se manejan en el automovilismo no podría hacerlo. Hubo mucha gente que me dio y me da una mano y les estoy eternamente agradecido, porque son pocos los que bancan a un tipo de mi edad darse un gusto. En el deporte donde fui alguien, la pasaba mal, y en éste, donde soy uno del montón, la paso bárbaro.

¿Será la ley de las compensaciones?

Puede ser, pero te digo que la falta de reconocimiento de mi club, se compensa con el reconocimiento de la gente de los otros clubes, a pesar de que no es lo mismo, algo compensa. Lo único que sé es que la única camiseta que no se destiñe es la blanca. Si tendría que dejarle algún legado a los chicos del club, les diría que yo no necesité irme a otro lado para jugar a nivel nacional.

¿Qué vas a hacer cuando dejés de correr?

No sé. Quizás bochas (risas). Tengo mucha adrenalina adentro.

¿Por qué dejarías de correr?

Si bien corro gracias a los sponsors, siempre algún manguito mío pongo y la parte económica se puso difícil. Creo que todo tiene su etapa, el día que se termine creo que de alguna manera intentaría volver con la ovalada.

Hoy estás desvinculado del rugby, pero si volverías, ¿qué te gustaría hacer?

Divertirme con los más chiquititos o bien estaría dentro de un grupo para aportar mi experiencia en un plantel superior, por supuesto en mi club.

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