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"Me violaron tanto que no recuerdo cuándo fue la primera vez"

Conmovedor relato ante el tribunal de Sonia Molina, la mujer abusada por un falso pastor y su esposa periodista, que la retuvieron en su casa de Coronel Suárez durante tres meses en 2012.

Martes 13 de Mayo de 2014

Sonia Molina declaró ayer al comenzar el juicio a la periodista Estafanía Heit y el esposo de esta, Jesús Olivera, acusados de haberla mantenido cautiva durante tres meses en 2012 en la ciudad bonaerense de Coronel Suárez, que fue abusada "tantas veces" que no recuerda la primera vez que la sometieron.

La víctima declaró en la primera audiencia ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1 de Bahía Blanca que los abusos fueron "carnales" y por vía "oral y anal".

Molina, de 35 años, dijo ante los jueces Mario Lindro Burgos, Hugo de Rosa y Elena Baquenado que mientras estuvo cautiva en la casa de Heit, de 31, y Olivera, de 30, estos le dieron de comer "polenta con alimento para perros" y hasta "excremento de perro".

Durante la audiencia, que comenzó pasadas las 10.20, la víctima contó que conoció a Olivera (en 2009, en la localidad rionegrina de Río Colorado, donde él le dijo ser un pastor evangélico y luego la convenció para que le entregue dinero para crear una congregación.

"Se había presentado como pastor por ese motivo había quedado alojado en casa de mi hermana, lo que es costumbre en la Iglesia Evangélica", recordó la mujer.

Según Molina, Olivera trabajaba entonces en un galpón de empaque y le "propuso trabajar en una ONG y formar con el tiempo lo que iba a ser Visión 21".

"El fue varias veces a Río Colorado y comentó que tenía una mujer (por Heit) preparada para él, con la cual se iba a casar y tenía un llamado de Dios para trabajar", indicó. Luego, Molina relató que la primera vez que viajó a Coronel Suárez por pedido de Olivera y Heit lo hizo con su madre, con la que había comenzado a trabajar en el proyecto religioso.

"Viajamos a Suárez para encontrarnos con él y supuestamente con más gente de la congregación. Estaba Estefanía y se habló en esa reunión del proceso de legalización de la ONG", precisó.

La víctima señaló que "la idea que proponía" Olivera "no era la de formar un templo al que la gente se sintiera obligada a ir, sino (un lugar) con fines solidarios".

"Cobré veintidós mil pesos en cheques, los cuales entregué, para lo que iba a ser la congregación, en forma personal a Olivera", agregó Molina, quien dijo que también le dio dinero a Heit.

La víctima contó que poco después se fue a vivir a Coronel Suárez y que en un primer momento se alojó en dos hoteles hasta que finalmente se fue a vivir a la casa de Heit y Olivera. Molina recordó que Heit "tenía la rutina de ir a trabajar" mientras que ella se quedaba en su habitación, donde estudiaba "la Biblia", al tiempo que Olivera "no trabajaba" y "estaba en la casa, haciendo no sé qué".

Según la víctima, poco después la pareja comenzó a amenazarla con que su hija que vivía en Río Colorado iba a tener problemas.

Sobre cómo fue su cautiverio, la víctima contó: "Me llevaron a la casa y me encerraron, siempre estaban las amenazas a la nena y mi familia, y sólo salía a cobrar giros de Wester Union".

Y sostuvo que cuando ella se comunicaba con sus familiares y amigos, los acusados le "escribían en la computadora lo que tenía que decir" o le "decían al oído lo que tenía que hablar" y que les pidiera "dinero" o se "hiciera la enferma".

Sobre los castigos que denunció, Molina dijo: "Me habían quemado en la mano, me pegaba Olivera y Heit me pegó una sola vez".

"Hacían como que yo estaba endemoniada y me golpeaba sola (....) Supuestamente me golpeaban para sacarme el demonio", expresó.

Al preguntarle el fiscal del juicio, Eduardo Zaratiegui, sobre el inicio de los abusos, Molina respondió: "En realidad fueron tantas veces que no recuerdo la primera".

"Consistían en abusos carnales, oral y anal", añadió y luego negó haber hecho "ayuno" como parte de las prácticas evangélicas. "Estando en una de las charlas telefónicas con Estefanía en Río Colorado, me dijo que haga el ayuno de Daniel por diez días (en referencia a un pasaje bíblico) y como no logré el ayuno en el encierro ellos se enojaron y Olivera me golpeaba", relató.

Molina dijo que a partir de ese momento, Olivera comenzó a darle "repollo", "un vaso de agua por día" y "a veces una manzana".

"Cuando quedé encerrada después que dejé de trabajar me daban las sobras de lo que quedaba, después empezaron con el tema del ayuno y me daban polenta con alimento para perros", dijo y agregó: "En una oportunidad, Olivera me hizo comer excremento de perro o el agua mezclada con excremento de perros". Luego contó que intentó al menos cinco veces escapar de la casa de los acusados pero siempre fue descubierta por alguno de ellos y describió la ocasión en la que sí logró huir y pedir ayuda.

"Un día Olivera me tiró lavandina, me llevaron a una habitación donde me pusieron bolsas en los pies (para escuchar si ella se movía)", recordó Molina, quien en ese momento dijo haberle pedido a Dios "fuerzas para salir".

"(...) tenía las piernas adormecidas, me paré, me vestí y levanté la persiana de la ventana", recordó sobre cómo se fugó de la casa.

Relató que, tras salir de allí, fue auxiliada por un taxista que la llevó hasta el domicilio donde ella trabajaba cuidando a un anciano, donde recibió asistencia, y luego fue a realizar la denuncia ante la Policía.

Por último, y en referencia a Heit y Olivera, la víctima sostuvo que "actuaron mal y deben pagar por lo que hicieron". Heit llegó al juicio imputada de "reducción a la servidumbre, lesiones graves y estafas", mientras que Olivera está acusado de los mismos delitos más el de "abuso sexual". Sin embargo, el fiscal Zaratiegui adelantó que va "a mantener la acusación de tentativa de homicidio para ambos".

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