El posible desarrollo de El Niño en una fase intensa, conocido en las últimas semanas como Súper Niño, tiene en vilo al mundo entero. Autoridades locales y expertos coinciden en que el desarrollo del fenómeno es ineludible, aunque hay discrepancias sobre qué magnitud tendrá el evento.
El fenómeno llamado "El Niño-Oscilación del Sur" (ENSO, por sus siglas en inglés) es un evento climático natural que se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Océano Pacífico ecuatorial, que fluyen hacia las costas de Ecuador y Perú. El último evento se registró en la temporada 2023-2024.
El Niño tiene una frecuencia irregular, de entre 2 y 7 años, y provoca severas alteraciones climáticas en casi todo el planeta. En Sudamérica, deriva en lluvias extremas que pueden provocar inundaciones, mientras que en otras regiones, como Asia, Oceanía y África, en intensas sequías. Todo, acompañado por un aumento de la temperatura a escala global.
Súper Niño: qué dicen los expertos
La investigadora Marisol Osman, del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (Cima, UBA-Conicet), aseguró que todavía es muy pronto para determinar la intensidad de El Niño que se avecina.
"En los últimos meses, se ha tomado una práctica del pronóstico meteorológico, que consiste en analizar modelos de aquí a diez días, para pronosticar lo que va a suceder con el clima de aquí a diez meses. Si uno empieza a rascar un poco ese pronóstico, ve que hay muchos aspectos que obligan a ser cautelosos. Sabemos que en esta época del año, la confiabilidad de los pronósticos todavía es baja para predecir eventos ENSO”, le dijo Osman al Servicio de Información sobre Ciencia, Tecnología y Política Científica Argentina de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.
Osman, que se especializa desde hace años en el estudio de la variabilidad climática en el hemisferio sur, con énfasis en la predictibilidad y el pronóstico del clima a escala estacional, agregó: “Hoy, con la información que tenemos sobre la temperatura del agua en los primeros metros bajo la superficie del Pacífico, todo indica que las chances para el desarrollo de un evento El Niño para la próxima primavera y verano, en la Argentina a partir de septiembre, son muy altas”.
El monitoreo de El Niño tiene una variable crucial: la barrera de predictibilidad de primavera del hemisferio norte. Al respecto, el meteorólogo Pedro Di Nezio, que colaboró con trabajos sobre teoría, simulación y predicción de El Niño en universidades estadounidenses, señaló que esa barrera es un criterio que "indica que tenemos un límite respecto de cuán lejos podemos predecir. Los pronósticos de El Niño en esta época aún no son muy confiables, tienen mucho ruido. Hoy, cualquier fluctuación puede hacer que el pronóstico evolucione en distintas direcciones. Después, a medida que nos acercamos a junio, el sistema se vuelve más determinista: si va en una dirección, seguirá así, porque entonces ya empiezan a interactuar el océano y la atmósfera”.
Llega El Niño, pero no se sabe la intensidad
“El desarrollo de El Niño ya está encaminado. La gran incógnita ahora es qué intensidad alcanzará”, aseguró Di Nezio.
Por su parte, Osman sumó: “Los signos están, pero hay que entender que El Niño no depende sólo del calor acumulado bajo la superficie del océano. Ese calor ya está avanzando hacia el este y emergiendo en el Pacífico ecuatorial, pero para que el fenómeno se consolide, la atmósfera tiene que responder con patrones de viento que refuercen el calentamiento”.
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Probabilidad de desarrollo de El Niño, elaborado por la Oficina Nacional de Administración Océanica y Atmosférica de Estados Unidos.
Di Nezio explicó que los movimientos del océano y los de la atmósfera son dispares, "por eso el tiempo se puede predecir una semana y ya después la turbulencia hace que se pierda la capacidad de predicción meteorológica": "Podemos mirar ocho o nueve meses lo que ocurre en el océano, pero ese efecto después debe comunicarse a la atmósfera y es la atmósfera la que lo lleva a impactar, entre otras regiones, muy lejos del Pacífico tropical”.
Junio, el mes clave
“En concreto, en este momento estamos viendo que emerge el agua caliente. Pero el océano tiene que comunicar eso a la atmósfera, y eso todavía no ocurre. (Eso) se activa en junio, julio" advirtió Osman. Y explicó: "Podría suceder que si todo el océano se calienta pero no se genera un contraste entre lo que pasa en un lugar y lo que pasa en otro, la atmósfera ni siquiera responda, y muchas veces es necesario ese contraste, que una zona se caliente más que otra, para que se produzca un cambio en el patrón de vientos y en el patrón de presión, y definitivamente se desencadene este fenómeno”.
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Di Nezio detalló que existen registros geológicos que marcan que El Niño siempre existió y es fluctuante, además de haber demostrado etapas más débiles y otras más intensas. De todos modos, aclaró que no se pueden tener predicciones tan tempranas: "Recién cuando se conozca el reporte de junio de la Nooa (siglas en inglés de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos), habrá mejores indicios y todo va a estar mucho más claro".
Los efectos más devastadores de El Niño en Argentina se registraron en la temporada 1997-1998, con precipitaciones extremas y trágicas inundaciones que tuvieron su epicentro en las provincias del Litoral, con más de 120 mil evacuados. Si bien los investigadores aconsejan no anticiparse a un pronóstico todavía incierto, sostienen que, desde luego, siempre hay mucho por hacer, básicamente en el mantenimiento de la infraestructura crítica para la prevención de inundaciones.