El Mundo

"En Cuba no podemos hacer rock en público,estamos condenados al ostracismo"

Gorki Aguila, en 1998 fundó la banda "Porno para Ricardo", lo que le ha valido años de prisión. Su casa, vigilada por una cámara, es el único lugar donde puede tocar, pero sin público. Si no, entra la policía.

Lunes 19 de Marzo de 2018

El rockero y disidente cubano Gorki Aguila vino a la Argentina hace unas semanas. Fue invitado por Cadal —Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina—, una institución que destaca por denunciar los abusos de las dictaduras, del signo ideológico que sean. Gorki tocó en Buenos Aires con su banda, "Porno para Ricardo", y grabó un nuevo disco. Aguila vive en La Habana, donde una cámara de los servicios de inteligencia vigila su casa las 24 horas. En 2008 se hizo famoso por un tema y videoclip en el que ironizaba sobre Fidel Castro. Fue nuevamente a prisión —donde ya había estado entre 2003 y 2005 —, bajo el insólito cargo de "peligrosidad social predelictiva", una figura penal que sólo existe en Cuba. Por la repercusión internacional que tuvo este acto represivo le permutaron la pena por una multa. Desde entonces, Gorki, como los otros miembros de la banda, vive entre la libertad vigilada y las "visitas" de los agentes del régimen. El grupo no puede ni soñar con tocar en algún bar medio escondido, como hacían los rockeros sudamericanos durante las dictaduras de los 70. Incluso en la casa de Gorki esto resulta imposible. De hecho, apenas llegó de vuelta a Cuba, fue requisado y "demorado" por las autoridades. Le quitaron materiales "peligrosos": folletos y textos sobre la democracia. "Cuatro horas retenido para quitarme unos folletos que hablan de libertad y democracia", denunció Aguila. Antes de esa peripecia, durante su visita a Buenos Aires, charló con La Capital por teléfono. Aguila, como buen rockero, es 100 por ciento visceral, está en las antípodas del analista o el politólogo que todo lo matizan.

"Porno para Ricardo" se fundó en 1998 y es "un referente de la inconformidad de sectores juveniles cubanos", reseñan desde Cadal, que invitó a la banda para celebrar sus 15 años de vida institucional. Su raro nombre intenta resumir una filosofía que ven perseguida en la Cuba castrista: el placer (de ahí lo de "porno") para el individuo (el nombre propio, Ricardo).

—En 2008 dijiste que Raúl no te daba ninguna esperanza. ¿Hoy que opinás, 10 años después?

—El régimen obviamente no ha cambiado, mientras estén los Castro en Cuba la situación será igual, más allá de cómo lo enmascaren. Hay que eliminarlos de la palestra pública y nunca más darles una oportunidad a una tiranía tan nefasta, que ha destruido a mi país. Apuesto porque los cubanos dentro de Cuba hagamos el cambio que todos queremos, que tengamos la libertad que todos queremos y necesitamos. No apuesto nunca por ninguna medida que ellos (por el régimen) tomen, cuando dicen que están democratizando y haciendo cambios. No creo en eso mientras el mismo tirano esté gobernando.

—¿La apertura que ensayó Obama te pareció un planteo interesante?

—La apertura de Obama no me dio esperanzas, al contrario, esa política era para mí totalmente fallida. Esa estrategia no iba a ningún lado, solo a fortalecer a los Castro. El plan de toda tiranía es eternizarse, eso es evidente. Y está demostrado científicamente que son especialistas en destruir países y vidas. Incluso cuando esto se acabe tendremos que arreglar las cabezas de la gente, porque la gente está jodida, no solo materialmente. Yo odio a estas tiranías de manera profunda, porque mi mamá me enseñó a saber quiénes son ellos y a odiarlos. No vale la pena el diálogo con esta gente, acá se trata de ganarle al enemigo. Y eso se logra únicamente si la gente sale a la calle, que se una y presione a esta tiranía.

—¿El próximo retiro de Raúl y su sustitución por una figura más joven será entonces un cambio meramente biológico?

—Es un cambio de imagen, van a poner a no sé que títere, y ya me imagino la presión que tendrá ese tipo. Mandando realmente estará, suponemos, el hijo de Fidel, Alejandro Castro. Le dirán al mundo que la tiranía no es tiranía, que hay un presidente nuevo que no tiene el apellido de ellos. Esta transición es peligrosa, porque puede engañar a mucha gente. Ellos quieren ir mutando a la tiranía perfecta, del tipo de China o Rusia. No soy un político, soy un ciudadano que siente el derecho a expresarse libremente, pero me ha tocado este contexto jodido del castrismo. En otro contexto mis canciones no hubieran sido dirigidas a Castro.

—Acá, bajo las dictaduras militares, los rockeros aguantaron en las sombras, y después vino la transición, que le hizo muy bien al rock argentino. Allá no hay transición. ¿Cómo es hacer rock en Cuba bajo este extremo control?

—No podemos hacer rock a la luz pública, nos han condenado al ostracismo, nos tienen cercados en los límites de mi casa. Ahí hacemos las grabaciones como podemos. Y hasta las pocas presentaciones que intentamos hacer en mi casa, son reprimidas por grandes operaciones policiales para aislarme del público y de otros colegas. Nosotros, en cuanto hacemos un disco lo regalamos y estamos tratando de sobrevivir, de no renunciar a tocar y tener un público. Ni hablar de tocar en un bar, está totalmente prohibido para nosotros. Incluso para otras bandas, porque deben pasar por el filtro institucional. En el totalitarismo, todas las personas deben estar en una organización. Así que las bandas, para poder tocar en un bar, tienen que pertenecer a una empresa que las avale. Categorizadas como artista clase a, b y c. Fíjate qué absurdo, es de extremos surrealistas. Lo norman todo con categorías, algo que solo se le ocurre a ellos: eres artista a, b o c, y en base a eso ganarás un salario y podrás tocar en determinados lugares. A nosotros no nos interesa un ápice todo eso, y al contrario nos interesa enfrentarnos a esas cosas. No creo que el artista necesite a esa burocracia, eso de que las instituciones están para ayudarte. En Cuba están para filtrar y controlar al artista, a su obra y a la mente del artista. Es realmente triste.

—¿Cómo hace hoy un chico de 15 años que quiere empezar a tocar rock en Cuba, qué perspectivas tiene?

—Obviamente no podrá hacer nada si no entra por el aro de las instituciones. Si no te institucionalizas, no puedes hacer nada, aun si no criticas al poder, no eres nada. O te enfrentas como lo hacemos nosotros. Acá han tratado de destruir culturalmente a Cuba a un nivel profundo. Cuba era la isla de la música, ahora no hay una industria disquera. El castrismo destruyó esas posibilidades que en los años 40 tenían los músicos cubanos. La música decayó porque entre otras cosas no había información, el comunismo cercó la isla. En los años 60, 70 y 80, la información llegaba con 10 años de retraso. Ahora llega mucho más rápido, ellos no se imaginaban la era digital.

—La llegada de internet, más allá de las grandes limitaciones que tiene en Cuba, ha cambiado entonces este cuadro de desinformación.

—Sí, a pesar de que Cuba es una de las naciones con menor penetración de internet del mundo. Es tan fuerte este fenómeno que es imposible de parar por las tiranías, y esto hace que en el arte estemos en un momento muy especial, muy aprovechable también en todo lo demás. Están muy preocupados y quieren controlarlo de la manera más eficaz. Veo una grieta a ser aprovechada para hacer los primeros intentos de democratizar Cuba. De hecho, internet es un espacio en sí democrático, donde puedes decir lo que te dé la gana.

—¿El aparato musical estatal sigue fijado en la Nueva Trova de Silvio Rodríguez? ¿Y este es tan reverenciado como lo fue en los 80, cuando todos teníamos sus discos?

—Mi opinión de Silvio Rodríguez es que hoy es, más que un artista un burócrata del aparato de promoción de la tiranía, que lo usa para hacer proselitismo. Está muy metido dentro de la instituciones, aunque sea obviamente un buen trovador. Pero no es para nada popular entre los jóvenes, solo forma parte de un clásico de la canción cubana. En Cuba hay tradición musical, de la canción, y él debe ser puesto en esa tradición, debe figurar en una antología de la canción cubana. A la vez digo que es un tipo despreciable que ha jodido a más de un artista, firmando o no por ejemplo permisos de salida para giras internacionales, que tienen que pasar por su autorización.

"Otras bandas pasan por el

filtro de la burocracia, y las

clasifican en categorías,

a, b y c, algo absurdo, surreal.

A nosotros no nos interesa

un ápice todo eso"

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