Dos comerciantes heridos y varios rollos de tela perforados por las balas fue el resultado del violento asalto que al menos dos delincuentes cometieron en una tapicería del macrocentro de Santa Fe la tarde del viernes.

Dos comerciantes heridos y varios rollos de tela perforados por las balas fue el resultado del violento asalto que al menos dos delincuentes cometieron en una tapicería del macrocentro de Santa Fe la tarde del viernes.
“Llama la atención la ferocidad con la que nos atacaron esos tipos”, dijo Enrique Ale al diario El Litoral de la capital provincial. El hombre, de 64 años, es dueño de la tapicería Ciudad de Damasco, ubicada en República de Siria 3779. “Hace más o menos un año y medio comenzamos a trabajar a reja cerrada. Si viene un cliente se lo semblantea y si está todo bien se abre, si no no”, dijo Ale. Y aclaró: “Mi hijo se puso a limpiar la camioneta en la vereda y dejó el portón abierto. En ese momento adentro había dos clientes y un empleado y llegó un auto con cuatro personas. Se bajaron dos y se metieron. A los gritos y desaforados ordenaban «todo el mundo boca abajo, todo el mundo boca abajo que los matamos». Al primero que agarraron fue a un chico que trabaja con nosotros, lo tomaron del cuello, lo tumbaron y lo tiraron mal. A todo esto, mi hijo alcanzó a decirles «paren muchachos que les vamos a dar lo que quieran». Y el tipo lejos de amedrentarse comenzó a pegarle con un revólver”.
Cuerpo a cuerpo. Ante esa situación Enrique salió de la oficina en la que estaba y para auxiliar a su hijo se trenzó en una pelea cuerpo a cuerpo con uno de los maleantes, “un tipo de unos 35 años, de mucho físico, estado atlético y por lo menos 1,90 metro de altura. No lo podíamos tumbar, lo fuimos arrastrando y en ese momento me pegó y me quebró el caño del arma en la cabeza. No sé cómo pero lo logramos tumbar. Mi hijo y yo le seguíamos pegando y mientras tanto él, caído en el suelo y boca abajo disparaba el arma. Llegó a tirar 3 o 4 tiros”, dijo Ale.
“Hubo un momento en el que le estaba por sacar el arma, pero era tal la cantidad de sangre que había que se me resbalaba. En eso gritó algo así como «rajemos» o «vamos, vamos» y el que estaba en el frente comenzó a tirar. Realmente nunca sentí tantos estampidos. Tiraban a cualquier cosa, creo que para intimidar, no tiraban a matar. El último tiro se lo pegaron a la camioneta Toyota que estaba en la puerta y los vecinos nos dicen que el grandote estaba herido en la cabeza. Se fueron en un Fiat Duna blanco patente 980 al que no le vieron las letras. La policía dice que los está buscando”.
Como saldo del ataque, una clienta debió ser hospitalizada en medio de una crisis de nervios, otro cliente se desmayó sobre un escritorio, el empleado de la tapicería terminó con algunos moretones y padre e hijo debieron ser hospitalizados por las lesiones provocadas en la lucha.

