Recientemente se produjeron dos hechos relevantes en vísperas de asumir otro mandato CFK. La continuidad de funcionarios del gabinete con pocas modificaciones y el "aval" a sus soldados de La Cámpora. El otro, el juramento de los nuevos legisladores en el Congreso de la Nación. El ciudadano común, el que vive con la ñata contra el vidrio, el que aporta al fisco con su escuálido sueldo, está molesto y con justa razón. Los soldados de La Cámpora, privilegiados por el oficialismo, cobran elevados salarios tan sólo por aplaudir y hacer acto de presencia en "eventos". Los legisladores, en un recinto donde debe primar la ética y la seriedad, se comportaron como si fueran de fiesta a un boliche. Entre risas y palmadas se "olvidaron" cuál es su función en el Congreso de la Nación. Obsecuentes recordaron a Néstor Kirchner, a La Cámpora, a la Juventud Peronista; ni la más mínima alusión que deben defender los intereses del pueblo argentino y no los entuertos partidarios. Cuando falten o no den quórum, les descuenten esas ausencias de sus abultadas dietas. Nadie sabe que es el modelo y éste deja de ser tal cuando es efímero.



































