Es común ver publicidad hecha por el gobierno nacional, los gobiernos provinciales y los municipios. En general, por no decir siempre, esta publicidad va dirigida a los votantes y siempre con el dinero de los votantes. En cada municipio, en cada provincia, en la Nación y en la ciudad de Buenos Aires, hay argentinos que viven en villas, en casas de madera improvisadas y muchos duermen en la calle. Hay desnutrición infantil. Los hospitales están en condiciones deplorables, no tienen medicación, gasas, la suciedad y las alimañas son un hecho corriente. En primer término, los legisladores deben aprobar una ley que prohíba la publicidad de los gobiernos anteriormente citados. Los gobernantes que publicitan sus actos de gobierno y obras deberían hacer un examen de conciencia, porque deben saber que cada peso que gastan en publicidad no necesaria contribuyen a la mortalidad infantil y adulta; ya que esa importante cantidad de dinero debería ser destinada a vivienda, comida y hospitales. Se puede matar con un arma, se puede matar con la desidia, se puede matar malgastando el dinero público. ¿Cómo es posible que a ningún legislador se le ocurra plantear el hambre, la desnutrición, la vivienda? Resulta tan urgente este asunto que no me atrevo aún a plantear la educación. Dios quiera que algún legislador lea y actué.

































