Carolina Virginia Saguer, de 38 años, y su madre, Alicia Fernández, de 59, mataron a Diego Sarjanovic para hacer desaparecer una deuda. Y lo hicieron con saña: le dieron golpes en la cabeza y le asestaron 64 puñaldas. Por eso fueron imputadas como coautoras del homicidio doblemente calificado por ensañamiento y codicia de quien fuera gerente de una empresa de catering y les dictaron prisión preventiva sin plazos.
En tanto, en el marco de la audiencia oral y pública en la que fueron imputadas, trascendió que todas las heridas que recibió la víctima mostraron signos vitales, lo cual indica que estuvo vivo mientras fue salvajemente atacado y agonizó hasta morir el mismo viernes al mediodía, horas después de encontrarse con sus victimarias (ver aparte).
Con rostros desencajados, demacradas y miradas extraviadas. Así se mostraron Saguer y Fernández durante la audiencia en la cual fueron acusadas de la autoría material del asesinado de Diego Sarjanovic, el gerente financiero de MC Catering que despareció el viernes a la mañana y la madrugada del lunes fue hallado muerto de 64 puñaladas en un departamento de Moreno 511 que alquilaban las mujeres, quienes serán asesoradas en el juicio por el abogado Leopoldo Monteil.
En la primera fila de la sala de audiencias ayer estuvo Claudia, la viuda de Sarjanovic, y otro familiar. Ambos siguieron atentamente el relato del fiscal de Homicidios Miguel Moreno en el que desgranó las pruebas para acusar a las mujeres. Pero no había familiares ni allegados a las detenidas.
Las evidencias. Ante la jueza de garantías Raquel Cosgaya, el fiscal Moreno enumeró una serie de evidencias que vinculan directamente a las mujeres con el crimen. En ese camino desarrolló la teoría de la deuda de dinero que Saguer tenía con Diego (no se indicó el monto), el derrotero de esas transacciones y la mecánica del crimen.
Entonces leyó la declaración que hizo un ex novio de Carolina mientras aún era un misterio el paradero de Sarjanovic. Esa persona dijo que su ex pareja le confesó el crimen mientras huía con la madre hacia Mendoza. El hombre manifestó que “mantenía una relación cordial con ella porque poseen un auto en común, y que sabía que era amiga de Diego. Cuando se enteró de la desaparición intentó hablar con ella, quien le contestó un Whatsapp en el que le decía que necesitaba hablar con él”, recordó el fiscal.
Pero el domingo a la noche el hombre recibió otro mensaje de Saguer, quien le advertía que se iba a suicidar, que “no podía vivir así”, y que estaba con la madre camino a Mendoza. Ese fue el preludio de la confesión: “Yo lo maté”, dijo Carolina. “¿A quién?”, preguntó su ex novio. “A Diego”, respondió ella. “¿Y con qué?”, insistió el interlocutor. “Con un cuchillo”, confesó Saguer.
“Le pregunté donde estaba Diego y me dijo en el departamento, por lo que supuse que era el de Moreno y Urquiza. Después le consulté dónde estaba la Suran y me dijo en la cochera de Moreno”, recordó el fiscal.
Ese dato y otros derivaron en los allanamientos realizados entre la noche del domingo y el lunes a la madrugada, cuando fue hallado Sarjanovic en el 5º B de Moreno 511.
En tanto, el encargado de la cochera de Moreno 459 donde fue encontrada la Volkswagen Suran blanca de Diego, confirmó que la víctima dejó el auto el viernes a las 10.15, que solía estacionar allí habitualmente y que ese día le dijo que iba a demorar “más de lo normal”.
Coincidentes. Sobre el móvil económico que sustenta el agravante de la codicia, el fiscal enumeró testimonios de los titulares de MC Catering y amigos que estaban al tanto de los vínculos comerciales y sentimentales de Sarjanovic y Carolina.
Uno fue el de Alvaro Miguel F., quien manifestó en Fiscalía que Diego le había contado que “hacía un año que tenía una relación íntima con Carolina”. Y que ella le había ofrecido realizar “negocios en los cuales él debía poner dinero. Y que para ello se asociaron con un tercero de apellido Moscatto”.
“Esta persona era el cerebro de los negocios. Diego ponía la plata, el otro hombre conseguía los negocios, pero hace un año falleció y Diego continuó con la actividad”, relató. Y detalló que mientras vivía Moscatto, “Carolina siempre devolvía el dinero que ponía Diego con un interés, pero tras el fallecimiento Diego ya no recuperaba el dinero”.
Según esa línea, Carolina le devolvería a Sarjanovic el dinero con la venta de una casa. La transacción se realizaría a principios de agosto. Por eso Alvaro aconsejó a su amigo que se moviera con custodia para realizar esa operación. Pero el viernes la mujer argumentó que le habían robado el dinero de esa operación, aunque no realizó denuncia y tampoco Diego constato que fuera verdad. “Eso me pareció muy extraño”, dijo Alvaro.
Después describió el agobio de Diego por cubrir cheques que ingresaban a su cuenta y no contar con el dinero. “Por eso necesitaba que Carolina le devolviera la plata. Me contó que ella le había ofrecido un negocio rentable: entrar en un fideicomiso inmobiliario para construir departamentos desde el pozo, que compraban en 40 mil dólares y vendían en 90 mil”, contó el testigo.
“Me pareció muy extraño porque tenía una rentabilidad muy alta. Pero Diego me dijo que los terrenos eran linderos a una empresa que necesitaba sí o sí los departamentos. Yo creí que todo era un invento de Carolina para continuar sacándole plata a Diego”, dedujo su amigo.
Todo desembocó en el viernes pasado, cuando la acusada le manifestó a Sarjanovic que vendería el fideicomiso en 90 mil dólares para devolverle el dinero. Pero el encuentro en el banco Comafi de Mitre y Santa Fe nunca se concretó y comenzó la zaga que escondió el salvaje crimen.
A su turno, el defensor Monteil intentó rebatir la figura legal que escogió el fiscal. “No creo que la pluralidad de las heridas baste para infrigir sufrimiento. Y no se mostraron elementos probatorios para demostrar que las acusadas estuvieran en la escena del hecho”, replicó el letrado.
Pero la jueza Cosgaya entendió que “hay evidencia numerosa, fundada y pormenorizada que guarda relación con la figura legal escogida por la fiscalía”. Y acusó a Carolina y a su madre de homicidio doblemente calificado por ensañamiento y codicia en calidad de coautoras, delitos que prevén penas de hasta prisión perpetua.































