En Cuba viven ya más de 1.500 ancianos mayores de cien años. Y aunque expertos de la isla insisten en que no hay una receta maestra para alcanzar dichas edades, los centenarios cubanos comparten algunas características vitales: se mantienen activos pero relajados y con buen estado de ánimo, evitan el tabaco y el alcohol y no abusan de los medicamentos.
Una decena de ellos, de más de un siglo de vida, compartieron ayer sus experiencias en un hotel de La Habana. Entre ellos está Rosa María, quien cumplió 103 años el último sábado y se mueve sin ayuda de bastón.
"A los jóvenes de hoy les diría que tengan un poco de calma, que llevan una vida muy agitada", es su principal consejo para una larga vida. También recomienda una dieta saludable, pero no da ninguna pista concreta acerca de qué comer. "Hoy por hoy, ya no hay los alimentos con los que yo me crié", explica.
Por su parte, Iluminada Ceveño está a punto de cumplir 101 años y pone la cafetera todos los días al despertarse a las 6 de la mañana. Tiene ya 20 nietos, 24 bisnietos y diez tataranietos y asegura que, además de jugar a las cartas y al dominó, lo que más le gusta es atender la casa en la que vive con una de sus hijas. "Para cocinar, el arroz es mi plato preferido. La hija trabaja y cuando viene le echo el arroz", afirma Iluminada, quien trabajó como comadrona y en cuya familia también hay otros ancianos que rondan el siglo. "Cada uno es diferente, pero todos toman café y comen mucho. Eso sí, ninguno come chatarra. Todos se comen su carne con su verdura", afirma una de sus bisnietas.
La médica Josefa González Pino, autora de un estudio sobre los centenarios, estima que la genética sólo es en un 35 por ciento responsable de una longevidad avanzada, y que el resto viene dado por el estilo de vida.
"Efectivamente, el que tenga un centenario en su familia tiene alta probabilidad de ser una persona longeva y tener una supervivencia excepcional. Pero el que no lo tenga, si lleva un estilo de vida saludable -nunca es tarde para empezar a tenerlo- sencillamente también puede alcanzar una edad longeva", explica. Un punto en común entre los centenarios presentes en el encuentro es que ninguno bebe ni fuma desde hace décadas. "Yo trabajé desde niño en una cervecería, pero nunca tomé alcohol. Tomaba sólo refresco de malta", afirma por ejemplo Triana.
Según la doctora González Pino, los centenarios saben vivir: "Se mantienen muy relajados. No quiere decir que no vivan tensiones, pero saben procesarlas. Han tenido que vivir momentos bien traumáticos, como pérdidas de seres queridos bien cercanos, incluso de hijos, y son capaces de decir «esto es parte de la vida y hay que seguir adelante»".