Hasta el año 2011 se decía, Rosario ciudad limpia. De acuerdo a las restricciones impuestas al uso del agua corriente, y al incremento de las tarifas, deberá llamarse Rosario ciudad sucia. No puede entenderse cómo corriendo a la vera de nuestra ciudad uno de los ríos más caudalosos del mundo se restrinja el uso del agua, queriendo convencernos que no deben lavarse veredas o autos. Creo que nos subestiman como ciudadanos, porque un mínimo razonamiento nos dice que ese agua que no se usa va al Río de La Plata y luego al océano Atlántico perdiéndose definitivamente, o sea el agua vale cero peso. Si el problema no es de obtención de agua, sino de inversión en plantas depuradoras y nuevas cañerías que se adecuen al enorme incremento del uso por las nuevas construcciones, por ejemplo, hay que realizar las inversiones necesarias y no penalizar al usuario, que no es el culpable de los problemas creados, sino víctima de los desaguisados de aquellos que deben resolverlos. Interpretar el problema de otro modo, es colocarnos a nivel del Africa, donde pueden entenderse las restricciones por carencia del vital elemento, pero no en Rosario, donde lo que sobra es el agua del río Paraná.



































