Algunas generaciones de argentinos fueron (fuimos) educadas con uno que otro bife salteado. Y no para comer precisamente, sino para aprender a decir "por favor, perdón y gracias". Aunque el recurso pedagógico resulta altamente criticable e inhumano, a pesar de los tirones de orejas y coscorrones surtidos que debimos soportar, fuimos avanzando y aprendimos a convivir bastante bien con nuestros semejantes. Por esa razón y para dejar de lado cualquier tipo de violencias, durante el brutal corte de energía eléctrica que afectó a buena parte de Rosario hubiera resultado muy apropiado que las autoridades de la EPE llamaran por teléfono a todos y a cada uno de sus clientes que pasaron hasta 20 horas sin el suministro de energía eléctrica. Primero, para decirles: "Por favor, disimule las molestias que pueda ocasionarle el corte del suministro de energía que realizaremos por "x" cantidad de horas. ¿Podrían tomar ustedes los recaudos necesarios para que no se dañen sus aparatos, no se descomponga su comida y no exploten sus cerebros tras la noche en vela que deberán pasar sin ventilador, aire acondicionado ni aparato para combatir mosquitos?" Cuando se reintegró el servicio, hubiera sido aconsejable un segundo llamado de la EPE a cada usuario afectado -que a la vez somos sus clientes obligados ya que no hay otra empresa que preste el mismo servicio- pidiéndoles perdón por los inconvenientes causados por la interrupción del servicio, aclarando que las molestias serán disimuladas con el descuento de una parte sustancial en su próxima factura en concepto de reparación por los daños y perjuicios ocasionados. Una justa contrapartida a las penalizaciones y multas que nos aplican cuando no pagamos en término y nos cortan la luz y retiran los medidores. Finalmente qué bien hubiera caído un tercer llamado telefónico incluyendo un "gracias por seguir eligiéndonos como su empresa prestataria del servicio de provisión de energía eléctrica, a pesar de los inconvenientes producidos por el último apagón". Hubiera sido una ironía, pero nadie lo hubiera notado ya que a todos nos gusta que, por lo menos, nos agradezcan por los padecimientos a que nos someten sin consultarnos. Estimo que esta sería la manera aconsejable de colaborar con la convivencia pacífica de todos los rosarinos; reafirmaría el valor que tiene la educación y el respeto por los semejantes en la consolidación del entramado social y aportaría a la edificante campaña publicitaria que nos enseña que todos debemos cumplir con nuestras obligaciones porque esa es la garantía de que un semejante pueda gozar plenamente de sus derechos.



































