El consumo de helado artesanal en Rosario sigue en alza y ubica a la ciudad entre las de mayor ingesta per cápita del país, pero ese crecimiento convive con una expansión aún mayor de la oferta, por lo que la venta se reparte entre más actores y la competencia es cada vez más grande.
Con un consumo estimado cercano a los 10 kilos por habitante al año, frente a un promedio nacional de 6 kilos, el mercado local creció alrededor de un 10% en los últimos cinco años. En ese mismo período, sin embargo, la cantidad de bocas de venta aumentó entre un 20% y un 25%, lo que derivó en un reparto más fragmentado del volumen total.
La temporada
Hoy funcionan en Rosario unas 300 heladerías con venta al público, un número que explica por qué, aun con más gente tomando helado, las temporadas ya no se viven como en otros momentos. “La gente consume más, pero el volumen se divide entre muchos más actores”, resumió Ciro Cacciabue, presidente de la Cámara Industrial y Comercial del Helado Artesanal de Rosario (Cicha).
La campaña 2025–2026, además, tuvo un arranque tardío. Recién a partir de mediados de diciembre comenzaron a repuntar las ventas, luego de varios fines de semana con lluvias y temperaturas bajas. “El clima influye muchísimo. Cuando hace calor se impulsa la compra, pero al principio fue una temporada complicada”, explicó Cacciabue. Con el correr de las semanas, el escenario mejoró, aunque sin alcanzar los niveles de años anteriores.
Desde el sector califican la temporada actual con un “7 puntos sobre 10” en términos de volumen. “No es un verano malo, pero tampoco es premium. Hay trabajo, pero no se tira manteca al techo”, graficó el dirigente. La última temporada considerada excepcional fue la atravesada durante la pandemia. “Ahí se dieron circunstancias muy particulares: la gente estaba en su casa, consumía más alimentos y el helado funcionó muy bien con cadetería y delivery. Esa fue una temporada 10 puntos, la última de ese tipo”, recordó.
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Calidad del helado
La fuerte competencia local tiene, al mismo tiempo, un efecto positivo sobre el producto. “En Rosario hay muchas heladerías y eso hace que la calidad sea muy buena y que los precios no se disparen”, señaló Cacciabue. Los insumos se mantuvieron relativamente estables en el último tiempo, aunque el principal problema para el sector hoy son los costos fijos. “La energía, los servicios y los impuestos pasaron a ser una variable muy importante dentro de la producción”, advirtió.
Aunque el helado no es un producto de primera necesidad, desde la cámara sostienen que sigue siendo una de las opciones más accesibles para el consumo familiar. “Comparado con otras salidas, sigue siendo una de las más económicas”, planteó el presidente de la entidad.
El crecimiento del mercado también estuvo acompañado por cambios en los formatos comerciales. Las aplicaciones de envío se consolidaron como un canal clave: para muchas heladerías funcionan como socios, aunque se llevan una porción significativa de la facturación. En paralelo, aparecieron locales pequeños orientados casi exclusivamente al delivery y al take away, con horarios acotados y costos operativos más bajos. “Es un modelo que se ve en toda la gastronomía y, cuando está habilitado y en regla, es una competencia leal”, explicó.
Distinto es el impacto de la venta informal, un fenómeno que preocupa al sector. “Detectamos helado vendido desde casas particulares o desde comercios no gastronómicos, como soderías, a través de aplicaciones”, alertó Cacciabue. “Ahí no se sabe el origen del producto, si la fábrica está habilitada, si tiene trazabilidad o si está controlada por el Instituto del Alimento”. Desde la cámara aseguran que trabajan junto al municipio para reforzar los controles. “Esa ilegalidad se lleva una parte del mercado sin cumplir ninguna regla”, sostuvo.
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Sabores de moda
En cuanto a las tendencias de consumo, los sabores de moda siguen apareciendo, aunque con ciclos cada vez más breves. El chocolate Dubái con pistacho tuvo su pico impulsado por las redes sociales y luego se estabilizó. “Antes de las redes también pasaba que había gustos que eran tendencia por un tiempo. Uno lanza cuatro o cinco sabores nuevos por temporada y, según la respuesta, se queda con los que funcionan”, explicó el propietario de la cadena Bajo Cero.
El gusto rosarino, de todos modos, mantiene rasgos claros. “La gente acá prefiere sabores contundentes: chocolate y dulce de leche bien cargados, bien sembrados, y alguna variedad frutal con mucha fruta. Cambian los nombres, pero la base es clásica”, describió Cacciabue. En ese punto, el precio marca diferencias: el helado artesanal de alta gama utiliza materias primas más costosas, como el pistacho natural, cuyo valor ronda entre 36 y 39 dólares más IVA por kilo. “El helado más barato usa otro tipo de insumos”, señaló.
Otra tendencia que se afianza es la reducción de la cantidad de sabores ofrecidos. Algunos locales optan por cartas más acotadas para mejorar la rotación, reducir stock y bajar el consumo energético. “También refuerza una idea de producto más artesanal y exclusivo, y se usa como estrategia de marketing”, indicaron desde la cámara.
En ese escenario de consumo en alza, competencia intensa y márgenes ajustados, Rosario volverá pronto a ser sede de la Fiesta Nacional del Helado Artesanal, que se realizará el fin de semana previo al 24 de marzo. El evento funcionará como una postal de un sector que sigue creciendo, aunque en un mercado cada vez más poblado y exigente.