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El príncipe Harry, de Las Vegas a Afganistán

Adiós a la fiesta. Después del reciente escándalo por unas fotos en las que aparecía desnudo en Las Vegas, el príncipe Harry de Inglaterra pasará cuatro meses de servicio en Afganistán, con el uniforme verde oliva del tercer...

Sábado 08 de Septiembre de 2012

Londres. — Adiós a la fiesta. Después del reciente escándalo por unas fotos en las que aparecía desnudo en Las Vegas, el príncipe Harry de Inglaterra pasará cuatro meses de servicio en Afganistán, con el uniforme verde oliva del tercer regimiento de las Fuerzas Aéreas británicas como piloto de helicóptero Apache. Aunque los expertos consideran moderado el riesgo al que se enfrenta el "captain Wales", nombre oficial del nieto de Isabel II en el ejército, y hasta ahora ningún helicóptero Apache fue blanco de los talibanes, será una labor difícil y ambiciosa.

La Royal Army se esfuerza por no tratar de manera distinta al hijo menor del príncipe de Gales: Harry vivirá junto con el resto de sus compañeros de escuadrón en un sitio donde no obstante hay bar y billar.

Para Harry, de 27 años, no es su primer viaje al Hindukush. Ya estuvo allí en 2008, aunque en aquel entonces la misión era secreta. Hasta que la prensa lo destapó, y poco después el príncipe regresó al Reino Unido. "Demasiado peligroso", explicó el Ministerio de Defensa. Se temía que los talibanes intentaran atacar al joven Windsor con fines propagandísticos. Harry repitió una y otra vez su decepción y dejó en claro que quería volver a Afganistán. Varios miembros de la monarquía participaron en misiones de combate. El abuelo de Harry, el príncipe Felipe, participó como cadete en la Segunda Guerra Mundial. Felipe, duque de Edimburgo, marcó con un faro piloto los objetivos contra la marina italiana. También el tío de Harry, el príncipe Andrés, tripuló helicópteros a los 22 años durante la Guerra de Malvinas. Y el padre de Harry, Carlos, e incluso la reina, hicieron "carrera militar", aunque todos ellos, igual que su hermano el príncipe William, lejos del frente.

Harry, en cambio, es más atrevido, con y sin uniforme de combate. Cuando a fin de agosto fue fotografiado rodeado de atractivas jóvenes en la piscina de un lujoso hotel de Las Vegas, y después totalmente desnudo en su suite, jugando al strip-billar, muchos británicos recordaron los convulsos años 90. En aquella época, los Windsor protagonizaban un escándalo tras otro, un rosario de amantes extramatrimoniales que ni siquiera la prensa del corazón daba abasto a contar. En 1997, con el accidente mortal de la madre de Harry, la princesa Diana, y Dodi Al Fayed en París, la monarquía vivió su momento más trágico.

Por eso, la misión de Harry en Afganistán se adecúa a la nueva estrategia pública de la casa real: los Windsor no quieren tener fama de vividores a costa de la sociedad. Se requiere sentido del deber. Tal es así que el príncipe William y Kate viven en una casa de campo, no en un palacio. La reina se esfuerza por acercarse al pueblo y hace de chica Bond para las Olimpíadas, y su hijo, el príncipe de Gales, informa del tiempo en la BBC. Ahora es el turno de Harry, y el mensaje pretende ser claro: la familia real es un eslabón clave en la sociedad, y no está por encima de ella.

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