Durante los días iniciales de incertidumbre Sandro Zenkluzen, el novio de Alejandra Cugno, no se
separó de los policías que la buscaban en su intento de aportar ayuda, aunque fuera lo mínimo, que
pusiera a todos más cerca de novedades que ya se palpitaban desalentadoras.
Conocido el triste desenlace, se pudo ver por primera vez públicamente a
Sandro Zenkluzen en el funeral de la directora de la escuela de Cañada Rosquín, en San Martín de
las Escobas, su pueblo natal. Estaba muy apesadumbrado, con los ojos contínuamente húmedos y
hablando con voz apagada.
“La amé y la voy a seguir amando durante toda mi vida. Lo mejor
que me puede pasar es compartir el resto de mis días con la mamá y con Mateo”, dijo Sandro.
Mateo es el hijo de 5 años de Alejandra, a quien también se pudo ver en la ceremonia de entierro,
en compañía de su abuela y otros familiares.
La familia Zenkluzen se dedica a la lechería y es propietaria de tambos
de la zona de Villa San José, la población donde residen, una pequeña colonia suizo-alemana de poco
más de 200 habitantes, distante 20 kilómetros al suroeste de Rafaela.
Sandro había comenzado una relación de noviazgo hace unos 10 meses con
Alejandra. Según doña Belkis, la mamá de Alejandra, mantuvo una relación muy armoniosa con su hija.
“Ella me decía que por fin había encontrado al hombre de sus sueños. Se sentía muy
feliz”, contó la madre de la víctima.
Al finalizar el sepelio Sandro Zenkluzen y sus hermanas Patricia y
Bibiana contaron a La Capitall que siempre fueron muy unidos ante la adversidad que durante
la historia familiar “nos siguió de cerca”, afirmaron. “Ahora nos mantendremos en
la lucha para contener a Sandro y a Mateo”, dijo Patricia.
“Realmente no siento piedad por lo que hizo este hombre. Me
gustaría que le hicieran lo que él hizo”, sollozaba Patricia, sosteniendo a su hermano.






























