Hace 30 años, cuando decidi partir a Estados Unidos, en mi casa comíamos asado todos los domingos, más otro asadito entre semana con los pibes amigos. Y recuerdo cuando llegué al país del norte contar orgulloso que en mi país teníamos dos vacas por persona, más o menos. El mate no sólo era algo tradicional sino lo único que teníamos en común ricos y pobres. Esperaba el colectivo a la una o dos de la mañana, solo en una esquina, en un barrio que para ese entonces no era el más lindo pero donde hoy, por ejemplo, no iría a pararme en ese lugar ni a las 10 de la mañana porque seguramente me darían vuelta como a una media para robarme. En Boca jugaba Maradona, en River Mario Kempes, y pensar que River podría llegar a descender de categoría era simplemente imposible. Caminábamos tranquilos por las calles, nadie molestaba, nadie robaba. ¿Qué te podían robar si no existían los celulares, ni las tarjetas de crédito, ni computadoras portátiles? Nada, no tenían nada para afanarte. La droga siempre existió pero eran muy pocos los que andaban dados vuelta, daban más lástima que otra cosa. Hoy, el que no fuma, toma merca, el que no se da con pastillas se pica, y ni hablar de las ratas de la calle que se dan con cualquier cosa. Si no andabas en nada raro y llevabas siempre los documentos no tenías problemas. O al menos yo no los tuve, y andaba por todos lados a cualquier hora. El nivel de enseñanza era óptimo, la escuela servía para mejorarnos. Se aprendían hasta los buenos modales, a las personas mayores se las respetaba y se las escuchaba. Hoy cualquier mocoso te manda al carajo. La cumbia, la cual en su debida medida me gusta, se escuchaba sólo al final de los casamientos o de algún cumpleaños de 15. Hoy estoy obligado a escucharla las 24 horas. Los ídolos de la música eran profesionales de alto calibre, hoy cualquier tipo que sale de la cárcel se junta con dos o tres como él, forman un grupo y seguramente van a ser un suceso. Y de última, si no se les da con la música, con el mismo grupo podés ir a cualquier esquina del país, quemar dos o tres gomas y pedir cualquier cosa; o te anotás para ir a tocar el bombo a algún acto político y te tiran unos mangos. Los domingos al mediodía se murieron. ¿Se acuerdan de los Campanelli? A esa hora todavía están en el boliche, muchos empastillados hasta las muelas porque es de la única forma que pueden bancarse semejante maratón. Salen a la hora que nosotros volvíamos y, "ma qué ravioles, ni asado. A mí dejame dormir". Hace 30 años, los pibes jugaban en la calle, hoy no sólo es un peligro sino que no hay nadie porque están todos sentados con la compu adentro de casa. Y si están en la esquina, ni se miran a los ojos y ni se enteran de que acaba de pasar esa vecina que "raja la tierra" porque ellos están mandando o recibiendo mensajitos de texto. ¡Están idiotizados! Hace 30 años a mi novia le decía los jueves "nos encontramos en tal lugar a tal hora", y no se hablaba más. Y el sábado estábamos ahí, los dos, a la hora señalada. Hoy te llaman 14 veces para lo mismo y encima cuando están llegando te llaman para decirte que están a una cuadra. ¡No! Yo les pregunto a todos en general, jovenes y viejos, ¿no nos fuimos un cachito a la banquina? Si hoy en lugar de un asado comemos soja, si en lugar del mate tomamos te, si la cumbia en lugar de mermar se escucha hasta en el colectivo, si los grandes se van a la B, si las criaturas no respetan, si en la escuela no se aprende, si no paran de drogarse, si los domingos al mediodía ya no existen, y si no se puede vivir sin computadora y sin celular. Es tristísimo.



































