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Asesinó de un cuchillazo a su ex pareja y madre de su pequeño hijo

"Si vos me denuncias yo te mato". Natalia María del Luján Aranda escuchó tantas veces esa amenaza en boca de Jonathan A., el padre de su hijo de un año y medio, que quizás nunca llegó a...

Jueves 21 de Febrero de 2013

"Si vos me denuncias yo te mato". Natalia María del Luján Aranda escuchó tantas veces esa amenaza en boca de Jonathan A., el padre de su hijo de un año y medio, que quizás nunca llegó a creerla. Sin embargo, la joven denunció varias veces a su ex pareja. Lo hacía ante la Justicia cada vez que era víctima de los violentos golpes que él le propinaba. Ayer, a pesar del feriado, era el día fijado para que los dos se vieran las caras en una audiencia en los Tribunales provinciales. Pero no pudo ser. El martes a la medianoche, en las inmediaciones de Pasaje 6 y San Nicolás, en la vecina ciudad de Villa Gobernador Gálvez, Natalia y Jonathan sostuvieron su última discusión. Fue a la vista del pequeño hijo de ambos. En el final de la pelea ella recibió un puntazo sobre el costado izquierdo del tórax que la mató. Y él fue apresado por los efectivos de la comisaría 26ª que llegaron al lugar. El arma, un cuchillo de mesa, no fue hallada.

"La verdad es que no sabemos que pasó. Esto nos destruyó", dijo ahogada por las lágrimas Carmen, la madre de Natalia Aranda, mientras la ambulancia de la funeraria ingresaba llevando el cuerpo de su hija a la Cochería Sur de Villa Gobernador Gálvez. Luis, su marido, no podía sostenerse en pie. Estaba derrumbado. El asesinato de su hija fue un golpe insoportable, de nocaut. Entre las personas que peregrinaron por el velatorio había un detalle como moneda común: "El celular de Natalia no aparece y Jonathan le había mandado un mensaje de texto para verla. Sino no se entiende de que esta piba fuera con la criatura, caminando siete cuadras, para verlo en la casa de él", relató un allegado a la familia. Sin embargo, fuentes allegadas a la pesquisa en manos del juez de Instrucción Hernán Postma, confiaron en que el celular de Natalia fue secuestrado y remitido la sección Criminalística para que sea peritado.

Devastados. A las 11.50 de ayer la ambulancia con el cuerpo de Natalia Aranda llegó a la cochería. Carmen y Luis, sus padres, habían arribado cinco minutos antes. No podía articular palabras. Lo único que se les entendía claramente es que no sabían qué había sucedido. Una constante entre los familiares de la piba asesinada. A partir del diálogo con otros familiares, amigos y vecinos de la chica se pudo acceder al perfil de su mundo.

Natalia tenía 19 años y era la segunda, en orden decreciente, de seis hermanas. Vivió en pareja con Jonathan Nahuel A., de 25 años, en una vivienda de Pasaje 6 al 2000, en Villa Gobernador Gálvez. Tuvieron un hijo que hoy tiene un año y medio pero hace ocho meses la relación se rompió y Natalia volvió a la casa de sus padres, detrás del polideportivo Gomara, en el barrio que se conoce como Coronel Aguirre. Con el correr de los meses, en la casa de Pasaje 6 al 2000 Jonathan comenzó a vivir en concubinato con Natalí, una piba de 17 años.

Los amigos y vecinos de Natalia comentaron que para Natalia la relación fue "un calvario". "El tipo la cagaba a palos, le pegaba mal. Por eso la piba fue y lo denunció muchas veces. Los padres de Natalia le dijeron mil veces que no lo viera más, pero cuando hay una criatura en el medio todo se hace más complicado. Hoy (por ayer) tenían una audiencia en Tribunales por ese tema. Ahí iban a aclarar los tantos, porque a él lo citaron varias veces y nunca había ido, se la daba de guapo", relató un viejo vecino de la familia Aranda.

"Tenían problemas con la mantención del nene. El no le compraba ni un yogur al pibe y iba a verlo a la casa de Natalia cuando quería. Eso generaba discusiones ásperas, violentas. El quería ser padre pero no poner una moneda", relató una doña del barrio. "La propia hermana de Jonathan llamaba a la familia de Natalia para que la fueran a buscar a la casa cuando el loco la fajaba. Dos o tres veces le pegó mal", indicó otro vecino que supo ver las escenas de violencia que muchas veces terminaban en la vereda de la vivienda.

La última noche. Y así se llegó a la noche del martes. Entre amenazas de muerte, golpes y escenas de violencia. Para los allegados a Natalia todo comenzó con un mensaje de texto que Jonathan le envió a la chica para encontrarse en la esquina de su casa, en Pasaje 6 y San Nicolás. Si fue así ese mensaje está guardado en las entrañas del celular de la víctima y serán los peritos los que lo rescaten como prueba para la investigación judicial. Natalia fue con su pequeño hijo al lugar del encuentro, ubicado a unas siete cuadras de su casa paterna. Cuando salió su familia no imaginó que iba a encontrarse con su ex. Pensaron que se iba a la casa de una vecina. Cuando a la medianoche recibieron el llamado telefónico desde la guardia del hospital Anselmo Gamen con la peor de las noticias, su vida cambió para siempre.

A partir de los testimonios recolectados en la escena del crimen los pesquisas de la comisaría 26ª y la sección Homicidios trataban de concatenar los hechos. Se sabe que Natalia con su hijo llegaron hasta las inmediaciones de la casa de Jonathan. Que hubo una fuerte discusión y que se originó una gresca de la que habría participado Natalí, la actual concubina de Jonathan. Que en medio de esa disputa Natalia recibió un puntazo en el tórax, sobre su seno izquierdo y con trayectoria descendente. La escena del crimen se fue ampliando a medida de que Jonathan deambulaba con el cuerpo de Natalia agonizante. Un reguero de sangre quedó desde la esquina hasta la casa del muchacho, a unos 25 metros, y luego se pierde dentro del domicilio. Una imagen que brinda el indicio de que después de que Natalia recibiera la mortal puñalada, su ex pareja trató de auxiliarla. De hecho fue él quien la llevó hasta el hospital Gamen, donde finalmente fue detenido por la policía.

Cuando el cuerpo de Natalia Aranda yacía en una camilla del Instituto Médico Legal, un familiar de Jonathan llamó por teléfono a Luis, el padre de la piba muerta, para entregarle a su nieto que había quedado en la escena del crimen.

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