Ante todo gracias estimado lector por dedicarle sus irrepetibles cinco próximos minutos a esta nota. Espero no defraudarlo, es domingo.
Vamos por el primer año de esta peste mundial difícil de contener. Más de 52.000 vidas que vamos a seguir llorando, cuatro nuevos millones de desempleados, miles de empresas y emprendimientos que no soportaron y la lista desanima. La mala gestión tiene costos.
El mundo proyecta en 2021 una recuperación económica como en post crack 30. Claro que el retroceso también fue vertiginoso. Argentina, obviamente no estará entre los que vayan a crecer sino a duras penas recortar parte del enorme terreno perdido (+10% del PBI).
Al unísono los países adoptaron similares recetas: subsidios a empresas, planes de asistencia social, intervención del Estado, obra pública, emisión de dinero, aunque restringiendo movilidad jamás optaron disociar vasos comunicantes (salud o economía). Los resultados hablan por sí solos. En Argentina ni salud ni economía.
Ahora ¿Por qué ellos sí van a crecer y nosotros no?
Imaginemos por un momento que debemos ser intervenidos quirúrgicamente y nuestro futuro sanitario queda en manos de los cirujanos y su equipo.
En un acto quirúrgico para ser exitoso deberá conjugar: profesionales idóneos, instalaciones acorde, el historial sanitario del paciente y siempre una cuota de fortuna.
Vamos por parte.
- Personal idóneo. Para ser honestos, hace tiempo qué quienes nos gobiernan son funcionarios funcionales a la militancia. Ilustres apellidos de otros tiempos y de otra argentina que por herencia generacional siguen reptando en funciones, cargos y desafíos que largamente superan sus capacidades de gestión. Los desafíos de un país pobre, quebrado, dividido socialmente, inculto y sin rumbo no se corrige con más de la misma medicina, sino cambiando radicalmente el tratamiento. Cambiar el tratamiento implica reinventar la educación (adaptada a los nuevos desafíos), cargos públicos con profesionales de experiencia privada previa y formación comprobada, planes de trabajo enfocados en los problemas de los ciudadanos y evaluación de gestión peramente. Los cargos públicos no pueden seguir siendo una herencia, un premio a pintar paredes o una caja de ahorro sin vencimiento. Estos ensayos nos cuestan demasiado a los privados, perdimos décadas de oportunidades, espantamos inversiones y el Estado asfixia la iniciativa de emprender.
- Las instalaciones. Digamos que la inversión directa viene en caída libre (-13% durante 2020). Esto quiere decir que la capacidad instalada pierde vigencia tecnología, empleos y futuro. Sin inversión no hay chances que una economía funcione. Quien invierte debe tener claro cuáles son las reglas de juego, el esquema tributario, la burocracia, el mercado. Expectativas positivas, digamos que hoy es un salto al vacío real que se vive en primera persona. Hoy, más de 190 impuestos a liquidar, un mercado internacional de oportunidades que decidimos despreciar, un sin fin de regulaciones y novedoso controles (Sipre) que tergiversan el faro de precios qué el consumidor decide pagar, hace que invertir en procesos productivos sea literalmente una quimera. Te invito a emprender y probar la medicina. Las inversiones son determinantes en la demanda global de una economía. El desarrollo de las mismas generan producción, empleo, oportunidades de consumos, impuestos y un efecto multiplicador que conlleva a todos una alternativa (a la dadiva del Estado), al desarrollo de habilidades personales para subirse al único tren por el que una nación y su gente avanza. Produciendo. El resto es analgesia de corto plazo, cara y letal. Lo estamos viendo.
- La historia clínica. Cómo cualquier enfermo qué no acredita su condición, sigue desafiando los límites como si estos no existieran. Está claro que los costos son cada vez más altos y desde hace un tiempo impagables (no producimos pero si gastamos lo que no tenemos). Ya no hay crédito para un paciente irreverente. Argentina decidió no afronta su peor enfermedad y quienes tienen responsabilidad de gestión (improvisando) hacen de esta patología letal apenas un diagnostico que lo maquillan cambiando metodologías de medición o atribuyendo la responsabilidad como siempre, a terceros. Ya no queda un país (salvo Venezuela) que siga atormentando y sometiendo a sus ciudadanos a este verdadero flagelo que multiplica pobres, elimina oportunidades de recuperación y condena a su economía al respirador artificial de la emisión monetaria. Nos estamos pisando la manguera del respirador automático. Ya sabemos lo que hay que hacer, el mundo lo hizo. No hay misterios, es matemática. Podríamos dejar de perder vidas y hacer lo que corresponde.
- La suerte en Economía no existe... así como mi abuela decía, sigo escuchando: “ya vendrán tiempos mejores”. En la práctica, nada menos útil pensar éste desaguisado social y económico se pueda encaminar sin un plan claro y muy estricto. Este famoso conjunto de “reformas estructurales” son impostergables. Cuando de lo único que se habla es de la reforma judicial, queda fuera de agenda las llaves que pueden transforman la “suerte” en oportunidades. Son aquellas que sabemos no podemos soslayar y seguimos pateándolas para adelante para que otro pague el “costo político”: reforma del Estado, escolar, laboral, gasto público, impositiva, monetaria y jubilatoria. La grieta y el egoísmo de la dirigencia lo paga el privado.
Cada paciente llega a su estado de situación con su historia a cuestas. Su buena conducta o sus excesos le van a marcar la cancha a la hora de entrar en el quirófano. Es cuestión de cómo cada país educa a sus sociedades, cómo ordenan sus Estados, cómo priorizan las reglas de juego y que ideal de nación soñaron sus fundadores.
Hoy tenemos fecha de cirugía, nuestra patología es realmente grave y cometimos casi todos los excesos posibles, por algo estamos así. Ahora, tenemos una oportunidad de crear optimismo (fundamental para las defensas físicas pre quirúrgicas), solo si tenemos por delante un proyecto de vida (y de país) radicalmente opuesto al que nos trajo al quirófano.
Este es el desafío de los próximos dirigentes o quienes sigan gobernando. Hasta ahora no estuvieron a la altura de los desafíos. La multiplicación del Estado sumó pobres, desempleados, femicidios, indigentes, cierre de fábricas, endeudamiento y sobre todo enfermo a su sociedad. Esta receta, no va más.