El cantautor santafesino Jorge Fandermole y el pianista y compositor entrerriano Carlos “Negro” Aguirre, autores clave dentro de la música popular y de raíz folclórica contemporánea, regresan a escena en formato de dúo con el espectáculo “Todo este tiempo”. Fandermole y Aguirre, quienes periódicamente comparten el escenario y sus composiciones desde hace 35 años, adelantaron que la reunión tendrá “las múltiples connotaciones que conlleva lo compartido, el lapso transcurrido entre los encuentros, los viejos y nuevos temas y las circunstancias históricas que nos tocan, con las ideas que compartimos”. La cita será mañana, a las 20.30, en el Galpón 11 (Estévez Boero 980). Las entradas están a la venta en www.planetaentrada.com.
¿Cómo surge la idea de este nuevo encuentro? ¿Cuál es el concepto de “Todo este tiempo”?
Jorge Fandermole: La idea surge luego de tocar juntos, gracias a una invitación de Carlos, en la última edición de la Fiesta Nacional del Mate en Paraná. Pensamos entonces en ampliar el repertorio y volver a compartir un concierto con canciones de ambos. “Todo este tiempo” es un título que hace referencia a las tres décadas en las que hemos venido interactuando, no sólo en los escenarios sino también en la producción de discos y en el intercambio creativo. Al mismo tiempo, el título hace referencia al tiempo histórico que como contemporáneos nos ha tocado vivir.
Carlos Aguirre: Es fundamentalmente celebrar la amistad que nos une en todos estos años. Desde que nos conocimos han pasado varios repertorios y discos en donde colaboramos ambos, muchas charlas y viajes compartidos. Eso quisimos celebrar en definitiva.
Comenzaron a compartir el trabajo en 1985, apenas recuperada la democracia. ¿Cuáles fueron los puntos en común que impulsaron ese encuentro artístico?
JF: Nos conocimos en 1985 en una de las versiones de los Talleres Latinoamericanos de Música Popular, pero comenzamos a tocar juntos a mediados de los 90. Creo que fueron coincidencias estéticas, influencias comunes que fuimos recibiendo de los géneros populares con los que nos formamos, y tal vez la cercanía emergente de nuestra condición de litoraleños y fluviales fue lo que nos convocó.
CA: En principio la inclinación hacia la composición de canciones en sus múltiples abordajes, a veces como un juego, sin expectativas de algo más profundo, otras indagando en temáticas que nos preocupan. Lógicamente ahí aparecen los devenires políticos que va enfrentando el país y el planeta, y sobre todo la crisis ambiental que han generado las sucesivas prácticas industriales absolutamente desconectadas de la naturaleza y las gestiones de turno que las han avalado.
¿Qué cambió desde aquel momento hasta la actualidad? ¿Siguen vigentes esos puntos en común?
JF: El mundo se ha transformado dramáticamente y es de suponer que nosotros también. Los vínculos se sostienen porque las coincidencias principales respecto de valores y prioridades se mantienen.
CA: Siento que más bien se han ido afianzando y constituyen motores de la composición. Lo que te contaba de lo ambiental es una preocupación constante y cada vez más intensa.
¿De qué manera se transformó el trabajo?
JF: No sé si soy capaz o me interesa analizar nuestro trabajo de músico por fuera de las condiciones del trabajo como factor económico dentro del sistema global. Tenemos las mismas dificultades que cualquier trabajador del mundo con las particularidades de nuestra disciplina artística. Sufrimos las tensiones de adaptación que imponen mercados, tendencias, nuevos formatos, nuevos soportes y la migración del interés a las plataformas digitales, entre otros.
CA: Fander para mí ha sido una influencia muy fuerte. Es alguien a quien admiro desde que nos conocimos. Y, lógicamente, siempre intento entender sus formas de trabajo, sus caminos creativos, y en cada encuentro regreso muy movilizado pensando en otras maneras que podría abordar a la hora de sentarme a componer. Es siempre una experiencia transformadora.
Mencionan “los viejos y nuevos temas”. ¿Cómo cambiaron los intereses o los objetivos a lo largo de casi 30 años?
JF: Lo viejo y lo nuevo depende no sólo de cuándo algo fue creado o editado sino también de qué generación es el público. Para quien no ha tenido oportunidad de escucharlo antes, lo viejo es nuevo. En lo que a mí respecta, el interés principal reside en cómo pueden responder los lenguajes artísticos a una situación de crisis, considerando que son también parte de un fenómeno comunicativo.
CA: No sé si podría referirme a alguna temática en particular más allá de lo que te expresaba más arriba. Pienso que además siempre hay un alimento que viene de los libros que cada uno esté leyendo. Ahí también se renuevan los intereses hacia algo particular. Pero en definitiva, la cosa es mantener el espíritu inquieto y profundizar en cada temática de la que uno quiera hablar.
¿Cómo ven su trabajo, las canciones que interpretan, en el contexto social actual?
JF: Somos contemporáneos de una época en la que hemos sufrido alternancias de proyectos progresistas y neoliberales, en nuestro país y el resto de la región; nos hemos endeudado, desendeudado y vueltos a endeudar con organismos financieros, vimos incrementarse las pretensiones imperiales y coloniales, se ha incrementado la concentración del poder económico por un lado y la pobreza y la indigencia por otro; atravesamos actualmente una guerra con riesgo nuclear y varias decenas de conflictos armados en todo el mundo; en cuatro décadas llegamos a una situación de crisis ambiental y climática terminal y las elites de poder sostienen un sistema hegemónico del que la mayor parte de la humanidad está actual o potencialmente excluida. En este contexto el optimismo es una ingenuidad, pero la esperanza no. Las canciones pueden a veces ser un reflejo crítico de la realidad y otras simplemente buscar desde lo estético una emoción transformadora y tal vez esa sea su mayor, pero siempre humilde, virtud.
CA: Cuando estamos atentos a lo que nos rodea. todo puede ser un motivo de indagación, de investigar, de intentar una lectura, aunque en la canción no se exprese de una forma tan deliberada. Pero me refiero no solamente a las “noticias” que legitiman los medios masivos de difusión, sino a un acontecer más próximo también. A las reflexiones que nos damos el permiso de hacer sobre un momento político más global o a escenas de nuestro paisaje más próximo, con su belleza y con su problemática. El arte, desde mi humilde opinión, es otra forma de crónica, complementaria a la periodística. En el mejor de los casos ayudan a sensibilizarnos frente a tal o cual temática. O, también podríamos decir, acompañan procesos colectivos. No puedo decir más que “intentamos” que colaboren. Pero siempre es una intención, no tenemos la certeza de que así sea. Creo que la idea fundamental es tender a una vida más amorosa y en absoluta armonía con la naturaleza, de la cual somos parte. Todas las demás ideas se desprenden de ese tronco. Cómo imaginamos que debería ser la vida en el planeta, qué podemos hacer para tender a eso que imaginamos. Cada vez que nos hemos encontrado con Fander surge naturalmente el compartirse las fuentes de lo que cada uno está leyendo y luego nos comentamos qué nos pareció tal o cual escrito.