Claude Lelouch se sienta en el hall del Hotel Provincial y pide un café bien caliente y un vaso de jugo de naranja. Relojea la ventana que tiene detrás suyo y el reflejo del sol en el mar le dispara una sonrisa. La misma sonrisa que le generó Jorge Donn cuando bailó sólo para él "El bolero de Ravel" y en ese mismo instante decidió que el bailarín argentino sería la estrella principal de "Los unos y los otros", una película que sigue en el imaginario colectivo. "El azar es el responsable de haber inventado mi vida" dirá convencido en su visita al 32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.
Lelouch, con 80 años y más de 50 películas en su haber, es uno de los mitos vivientes del cine francés que se atrevió a desafiar las críticas feroces de la prensa especializada, como el caso de Cahiers du Cinema, y siguió su pulso sensible sin traicionarse jamás.
"Estamos en un mundo de mentirosos y de traidores, si nosotros logramos filmar pequeños trazos de la verdad, las personas prestan atención. La gente sabe y todos están acostumbrados a que vivimos en ese mundo de traidores y de mentira, y cuando alguien es un poco menos asqueroso que los otros, ahí se despierta el interés. Mis personajes no son perfectos, tienen muchos defectos, pero respetan el amor", dirá Lelouch en entrevista con Escenario y volverá sobre un tema sobre el que se explayó ampliamente en la concurrida charla pública ofrecida minutos antes en el salón Dauphine del Gran Hotel Provincial.
"La inteligencia es temerosa, el azar es irracional, por eso en las películas combino lo racional con lo irracional, pero es lo irracional lo que nos acerca a los corazones y a la inteligencia de la gente", dijo con tanta soltura como si estuviese jugando las palabras.
El realizador de "La aventura es la aventura" y "Los miserables" ganó el primer premio internacional de su vida cuando apenas tenía 28 años y fue justamente el Festival de Cine de Mar del Plata que lo distinguió como mejor director por "Una chica y dos fusiles" (1965). Dicha película se presenta en una muestra retrospectiva de la filmografía del realizador, junto con "Un hombre y una mujer", "Los unos y los otros" y su más reciente filme "Chacun sa vie" (foto), en donde, como no podía ser de otra manera, vuelve a meter las narices en el amor.
La película, protagonizada por Jean Dujardin, Johnny Hallyday y Antoine Dulery, relata las complicaciones románticas de un grupo de personajes que se encuentran en un festival que se realiza cada año en la ciudad francesa de Beaune.
"Amo a todo y a todos, y me encantan también los boludos, porque con ellos pude hacer mis mejores películas", dijo Lelouch en la Charla con Maestros.
Menos explosivo y efectista pero más íntimo y relajado, Lelouch se animó a profundizar sobre temas existenciales en el diálogo con La Capital. "El amor es un momento privilegiado porque le da sentido a la vida. Es solamente cuando estamos enamorados de algo o de alguien que aceptamos el resto. Si no hay amor, la vida es un sacrificio, es un calvario. Por eso me gustan mucho los sobrevivientes, porque para ellos la vida es un regalo, en cambio para las personas normales la vida es un sacrificio,un contratiempo".
Tras tomar un sorbo de su café que ya estaba tibio, y luego de apuntar algo que jamás se podrá saber en su libretita, Lelouch tomó aire y prosiguió: "Las personas más felices que he conocido son las que no murieron, pero que sufrieron mucho. El sufrimiento es la verdadera moneda que se usa en la vida, es con sufrimiento psicológico que pagamos por las cosas, es la moneda que usamos. Con el dinero sólo compramos lujo, con el sufrimiento compramos lo esencial".
Lelouch vuelve a tomar café y mira el mar una vez más. Dice que su próxima película se llamará "Sí y no" porque fueron las palabras que hicieron que toda su vida en el cine tuviera sentido. Quizá en esa cuidada libretita de anotaciones que ahora reposa al lado del café frío esté la idea principal de esa futura producción, donde seguramente el amor meterá la cola. "Uno elige una película como cuando elige a una mujer, decidiendo tomar riesgos", dirá Lelouch, como haciendo equilibrio en una soga que quizá esté en lo más alto, pero nunca se va a cortar.