Sobre el escenario, Luciano Cáceres es René, un hombre que fue abandonado a los diez años y quedó subjetivamente estancado en esa infancia. En un pueblo remoto y rural, enfrenta sin maldad las violencias de sus vecinos y de su propia historia. “Muerde”, el primer unipersonal del actor, vuelve a Rosario este viernes 28 de marzo, con una única función a las 20.30, en Plataforma Lavardén (Mendoza 1085).
Escrita y dirigida por Francisco Lumerman, la obra se estrenó en 2023 en el Teatro Moscú, en el circuito independiente porteño. Después, hizo una exitosa temporada en Mar del Plata que culminó con el Premio Estrella de Mar a Mejor Unipersonal. Más adelante, recibió también el Premio ACE a Mejor Actuación en obra de un solo personaje.
“Muerde” es “un thriller en solitario, casi policial”, en el que René “intentará averiguar de dónde vienen sus heridas”. A lo largo de casi una hora, Cáceres le pone el cuerpo a ese niño adulto, desanda silencios espesos y dolorosos, y navega las turbulencias de una vida marcada por la marginación y el desamparo.
“A mí me interesó mucho el material, poder contar la historia de René, la historia de un hombre bueno, de un distinto. Es un chico al que primero abandona su madre al nacer y después su padre a los diez años en un taller de carpintería de ataúdes en un pueblo rural de la Argentina profunda. Se cría solo, tiene todo su desarrollo físico y se convierte en un hombre pero su cabeza se queda en esos diez años. Ve todo sin maldad, con inocencia, todo por primera vez. En el correr de 55 minutos de obra el público va a conocer su relación con el amor, con la sexualidad, con la gente del pueblo”, contó Luciano en diálogo con La Capital, en ocasión de su primera visita a la ciudad.
“En estos tiempos, creo que vale la pena hablar de un hombre bueno en el sentido de la humanidad entera, no del hombre en tanto masculinidad. Lo interesante del enfoque es que es una obra muy potente y oscura, pero con el contraste de la luminosidad de la mirada de un nene de diez años, que no tiene maldad, que no ve las cosas con el prejuicio o el juicio de lo que está bien o lo que está mal”, detalló Cáceres.
Ante la frecuencia de los destratos de sus vecinos, René comprende que no debe salir de su casa durante el día y restringe sus expediciones exteriores a la nocturnidad De esta forma, desarrolla el don de ver sin luz, el cual rápidamente es descubierto y aprovechado por los habitantes del pueblo para pedirle que se involucre en “cosas no muy santas como apropiarse de lo ajeno”. Todas estas secuencias van llevando al personaje a descubrir un límite, y en ese filo se construye el thriller.
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Sobre el proceso que lo llevó a protagonizar la obra, el actor aseguró que hace “mucho tiempo” que quería trabajar con Lumerman. “Nos conocemos hace más de veinte años. Él se formó en la misma escuela que yo, en Andamio 90. Venía viendo sus trabajos y él los míos y teníamos muchas ganas. Me mandó el texto cuando yo estaba filmando una película en Madrid, lo leí en un tirón y le dije que cuando volviera a Buenos Aires nos poníamos a ensayar. Y así fue”, repasó.
A su vez, Cáceres adelantó que si bien la historia se cuenta desde el punto de vista excepcional de una otredad, apuntala temáticas universales como “el poder de los unos sobre los otros”. “El motor de la obra nace de una nota periodística donde a un pibe por robar un celular lo matan entre treinta, entonces tiene muchas lecturas: el abandono, la violencia naturalizada, la tendencia a ir en contra de un distinto, y también el amor y la ilusión”, detalló.
Finalmente, Luciano habló de la importancia de contar las historias propias, en un contexto de desfinanciamiento de instituciones culturales y de avasallamiento simbólico del trabajo e los artistas por parte del gobierno nacional.
“Yo confío en que el trabajo que uno hace, cuando es esencial, particular, autóctono, nuestro, se puede volver más universal porque tiene algo más verdadero. Hay un deseo genuino de contar eso, de no pensar en los números antes que en la artística. En ese sentido hablo a favor de la cultura en general, porque hay una tendencia a estandarizar, a contar de las mismas maneras. Y no porque algo funcionó en Nueva York tiene que funcionar acá. Creo que al potenciar nuestras historias, nuestros personajes, se logran mejores resultados”, apuntó Cáceres.