El sector textil en Argentina se encuentra en una encrucijada. Por un lado, la caída del consumo, que se acentuó en los últimos meses, no hizo más que perjudicar y dejar al límite los márgenes de ganancias de muchos fabricantes de indumentaria.

Tras un verano flojo en ventas, fabricantes achican estructura y revalúan costos para la temporada de frío. La capacidad productiva oscila entre el 25% y el 50%
Toda la cadena textil viene atravesando meses difíciles por la retracción económico y un escenario de incertidumbre hacia adelante.
El sector textil en Argentina se encuentra en una encrucijada. Por un lado, la caída del consumo, que se acentuó en los últimos meses, no hizo más que perjudicar y dejar al límite los márgenes de ganancias de muchos fabricantes de indumentaria.
Por otro lado, la industria le reclama al Gobierno nacional condiciones de competencia justa contra la mercadería que ingresa del exterior, principalmente desde China. Señalan medidas que benefician la importación de ropa, a la vez que las fábricas enfrentan alta carga tributaria, falta de financiamiento y costos crecientes que complican la actividad.
Según datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la crisis del sector se profundizó en el último año: la actividad registró un descenso interanual del 25,7% y acumuló una contracción del 7,8% en 2025, en contraste con el leve crecimiento del resto de la industria. El deterioro también impacta en el empleo, con más de 19.000 puestos de trabajo perdidos desde fines de 2023. En paralelo, las fábricas operan con niveles de utilización muy bajos, en torno al 35% de su capacidad instalada, reflejando la fuerte caída de la producción y la demanda.
Frente a este escenario, los jugadores locales ven cada vez más desafiante la continuidad de sus negocios y ya analizan estrategias para sostener la operatoria, desde recortes de estructura y cambios en los esquemas de producción hasta una mayor apuesta por la importación, el canal mayorista y las ventas online. Las estrategias son varias, pero el pronóstico frente a la temporada otoño/invierno es el mismo entre los entrevistados por Negocios: pocas ventas y márgenes al límite.
Un punto más: está terminando la liquidación de verano, por lo cual algunos empresarios ven con atención lo que pueda pasar desde abril en adelante. Porque la indumentaria de verano se vendió con muchas promociones y ahora se viene el momento de ver si el bolsillo sostiene precios más reales y con valor agregado.
“A nivel comercial la situación se puede sostener, pero el impacto sobre el empleo es fuerte y nos obliga a achicar la estructura. De trabajar con 40 talleres tercerizados, seguramente vamos a pasar a operar con solo siete”. Estas palabras pertenecen a Agustín Yonico, al frente, junto a su hermano Alfonso y su socio Lucas Ormaza, de la marca de indumentaria Hardway, nacida en el año 2015 y con siete locales de venta al público en la ciudad, además de un e-commerce con llegada a todo el país y un canal de ventas mayorista que abastece principalmente a tiendas del interior de Santa Fe.
En este contexto desfavorable, la marca proyecta una caída de ventas del 15% en el canal minorista para la temporada de frío y los socios ya diagramaron un plan de acción para atenuar el golpe. “Queremos compensarlo con un fuerte impulso a la venta mayorista y al canal online. Al mismo tiempo, estamos atravesando un proceso de reconversión de nuestra estructura productiva. Pasamos de un esquema con 80% de producción propia y 20% importado, a uno con 40% de producción propia, 20% tercerizada, a través de otras marcas, y 40% importado”, señaló Yonico.
Este cambio, que prioriza la compra de prendas terminadas en el exterior por sobre la fabricación local, responde a cuestiones de costos, financiamiento y a las nuevas condiciones económicas. Un dato clave que explica esta decisión es que la ropa proveniente de China cuenta con subsidios estatales de origen. A esto se suman las diferencias impositivas en Argentina entre importadores y fabricantes, lo que genera una brecha de precios con la producción local que dificulta competir y termina inclinando la balanza a favor del gigante oriental.
Para David Bargut, representante de la firma Sólido Inc y Route 66, no hay perspectivas de que el año vaya a mejorar en ventas: “el Gobierno nacional dejó muy claro el rumbo de su modelo económico, y si bien la gestión provincial y municipal hizo algunos intentos por ayudarnos, tienen menos herramientas. Creemos que, si 2026 es como 2025, muchas empresas van a cerrar”, advirtió el referente textil, que además ocupa el cargo de presidente de la Cámara de Productores de Indumentaria de la Provincia de Santa Fe.
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Bargut explicó que, en términos sectoriales, nueve de cada diez empresas atraviesan una situación crítica. En ese marco, señaló que están avanzando en gestiones para alinear a Santa Fe con la Cámara Industrial Argentina de Indumentaria (CIAI) y trabajar en acciones conjuntas, al considerar que es la entidad que debe contener y representar al sector a nivel nacional. “Creo que no vamos a vender mejor. A la gente le alcanza menos la plata, hay cada vez más morosidad y la ropa no es un producto de primera necesidad. Incluso quienes logran ahorrar algo prefieren gastarlo en experiencias antes que en indumentaria”, sostuvo Bargut.
La discusión por los precios de la indumentaria también quedó en el centro del debate público en los últimos meses. En febrero, el ministro de Economía, Luis Caputo, cuestionó con dureza al rubro al afirmar que en Argentina “la ropa es cara” y que “hay quienes se aprovechan”, en referencia a los fabricantes locales. Sus declaraciones generaron fuerte rechazo en la industria, que sostiene que los valores responden a una estructura de costos elevada, con presión impositiva, insumos caros y falta de financiamiento. Lejos de márgenes extraordinarios, muchos fabricantes parecen estar frente a la misma disyuntiva: cerrar locales o resistir hasta donde se pueda.
“A nosotros nos perjudica mucho la falta de consumo, la gente no tiene plata para comprar y lo poco que se vende es porque algunos todavía tienen algún ahorro”, aseguró Orlando García, histórico empresario del sector que estuvo al frente de marcas locales como Americano, Laundry y, actualmente, Japón. Según precisó, el año pasado la caída se acentuó con fuerza y los últimos seis meses fueron los peores en desempeño, salvo diciembre donde registraron ventas, pero a fuerza de liquidaciones. “Hoy existen empresas que quieren cerrar, crecen las convocatorias de acreedores en el sector y aumentan los cheques rechazados”, aseguró el empresario.
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Con Japón, García tiene cuatro locales en funcionamiento, dos en el microcentro, uno en el shopping Portal Rosario y un cuarto que se está estrenando en Mitre y Córdoba. Si bien podría pensarse que esta apertura responde a un crecimiento en el modelo de negocios, la realidad es otra: “abro esta sucursal porque la conseguí muy barata y porque estoy cerrando otra que tenía en calle San Luis al 1400 y no me quiero quedar con una caja menos, porque eso me genera problemas. Cerrar implica afrontar costos muy altos por despidos y dejar gente sin trabajo, por el momento quiero tratar de mantener la estructura”, explicó el fabricante.
El costo de alquiler de los locales es una dificultad señalada por los tres entrevistados ya que es de los gastos que más se incrementan y donde se sienten más debilitados para negociar. Igualmente, todos aseguraron tener subas mensuales en el costo de la materia prima para fabricar y la dificultad para conseguir oferta debido a que la crisis afecta a toda una cadena que incluye, desde talleres de costura hasta hilanderías y grandes firmas de trayectoria en el país. A su vez, se suma la inversión en logística, que sigue siendo muy alta por los reiterados aumentos en el valor del combustible.
Por ejemplo, la compañía textil TN & Platex cerró por tiempo indefinido su planta de Los Gutiérrez, en la provincia de Tucumán, mientras que la textil Emilio Alal avanza en su concurso preventivo de acreedores y Textilana, dueña de la marca de tejidos Mauro Sergio, encaró un proceso de reconversión con la intención de reincorporar trabajadores suspendidos.
También aparece el caso de marcas de Buenos Aires con fuerte proyección nacional que, según Bargut, apuntan a un segmento de consumidores de mayor poder adquisitivo. En algunos casos utilizan mejores materiales, aunque no siempre es así y parte del precio elevado que se paga responde a la inversión en publicidad. “Tener presencia en lugares como Unicenter o Palermo es, en sí mismo, una forma de promocionarse. Además, tienen otro tipo de acuerdos con los bancos. Hay marcas de Buenos Aires que venden en 12 cuotas con un 30% de descuento, algo que para nosotros es muy difícil de sostener. La única forma de explicarlo es que parten de precios más inflados, algo que las marcas del interior no podemos hacer”, señaló.
En medio de este escenario adverso, las marcas apuestan a ganar eficiencia para sostenerse, desde cerrar segmentos no rentables hasta concentrar esfuerzos en los canales y productos que mejor funcionan. Sin embargo, aun con estos planes de contingencia, en el sector reconocen que mientras no se recupere el ingreso de los consumidores, la rentabilidad seguirá bajo presión. “Más allá de que nos reconvirtamos, por la caída del consumo la gente va a comprar menos y va a aumentar el desempleo. En la última temporada primavera-verano tuvimos un buen diciembre, pero en la comparación interanual igual hubo una caída”, advirtió Yonico.
La planta de Hardway funciona en el complejo de La Gallega, en la zona de Carballo y Alberdi, y emplea a más de 40 personas, aunque el proceso de reestructuración en marcha impactará en la cantidad de personal. En ese marco, la estrategia apunta a sostener las ventas con una estructura más chica: “los productos de algodón siguen siendo competitivos en Argentina, pero en otras categorías, como las camperas de abrigo o prendas con menor contenido de algodón, conviene importar”, explicó Yonico.
Por otra parte, el empresario destacó que van a apostar fuerte por el canal online, aunque reconoció que implica menores márgenes por los costos en logística, la venta digital les permite llegar a todo el país y mejorar un segmento que antes no habían llegado a desarrollar del todo.
García sostuvo que el arrastre de producción del verano todavía le permite sostener ingresos de cara al otoño: “Aún hace calor y seguimos vendiendo remeras accesibles, a 12 mil pesos, en todos los colores y jeans desde 35 mil pesos. También lanzamos buzos en promoción, tanto de rústico como de friza, donde se nota la diferencia en la calidad, con muy buenas terminaciones”. El empresario explicó que toda la fabricación de su taller en San Juan y San Martín abastece exclusivamente a sus locales y que, para el invierno, esperan mejorar un poco las ganancias al vender prendas con mayor valor agregado, aunque las expectativas no son altas.
Por su parte, Bargut está enfocando su estrategia en mejorar la eficiencia interna de la fábrica, lo que implica analizar cada unidad de negocio en particular e identificar dónde los resultados son positivos y dónde no, para eventualmente cerrar aquellos puntos que no funcionan. “A veces uno sostiene locales por una cuestión de apego al rubro, pero también porque no es fácil bajar la persiana: implica desvincular personal, desarmar una estructura y asumir costos que no son menores”.
A pesar de las trabas que se ven a futuro, en términos de estrategia comercial se advierte una tendencia clara: las marcas están apostando a nichos específicos y a la diversificación de su oferta para ampliar su llegada a distintos perfiles de clientes. No es una fórmula garantizada, pero sí un riesgo calculado que asumen quienes buscan sostenerse y adaptarse en un contexto cada vez más desafiante.




Por Azul Martínez Lo Re