Los Stones inventaron todo y también se adaptaron, y en ese proceso hace meses que todas las semanas surgía una novedad sobre la banda. Primero aparecieron como los The Cockroaches –un viejo nombre que usaron en los 70, para presentarse de sorpresa en el bar Mocambo, de Toronto, Canadá- haciendo “Rough and Twisted", editado en formato vinilo sólo en algunos países con muy pocas copias, y que tardó en aparecer en plataformas digitales. Después se sucedieron campañas de piezas gráficas en diferentes capitales del mundo, con el por entonces supuesto en ese momento nombre del disco. También se fue revelando, por partes, el “polémico” arte de tapa, obra del artista Nathaniel Mary Quinn.
Luego apareció el rumor de invitados, después más singles, cuchicheos de posible gira, reels, entrevistas, futuras ediciones vinculadas al mundial de fútbol y hasta una alianza con Marvel, posicionando a los Stones como los superhéroes de la expectativa y la exposición. Incluso apenas unas horas antes de que se publique “Foreign Tongues” completo, se anunció que los Rolling Stones llegaban a la plataforma Roblox, con un juego que recorre sus 60 años de historia. Un despliegue monumental en la industria del entretenimiento, que los tiene como protagonistas una vez más, aun siendo octogenarios y tocando rock and roll.
¿Y la música? La música está cuidada. Sin buenas canciones, todo lo demás no se puede sostener en el tiempo. Y “Foreign Tongues” tiene buenas canciones. Además, a contramano de la tendencia de consumo efímero, es un disco que invita a escucharlo una y otra vez, y las sensaciones van cambiando. Absolutamente superior a “Hackney Diamonds”, su antecesor, también este disco tal vez sea el más “negro” de los Stones desde el lado b de “Tattoo You” (1981): detrás de las capas de sonido hay mucho soul, R&B, góspel y original blues. Pero, cuidado: le pasaron una gamuza con cera para cubrir imperfecciones y arañazos en el piso de madera.
Este rol en teoría lo ocupa Andrew Watt, el productor, que no es una figura que solamente acompaña. Aparece como autor junto a Jagger y Richards de dos canciones, y toca en trece de catorce. Pero digo en teoría porque Watt también es productor de “The Boys of Dungeon Lane”, el reciente disco nuevo de Paul McCartney, que no suena lustrado. Entonces, o es decisión de los Stones, o el bueno de Andrew sabe perfectamente qué sacarle a cada artista que produce para que funcione bien.
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“Foreign Tongues” funciona bien. La voz de Jagger suena increíble y muy versátil, a punto de cumplir 83 años (el próximo 26 de julio). Entre todos los invitados se destaca Steve Winwood, miembro de la vieja guardia londinense de los 60 y 70 (Spencer Davis Group, Traffic, y Blind Faith), que aparece casi como un miembro estable, participando en todas nueve de las catorce canciones.
El nuevo disco de los Rolling Stones, canción por canción
"Rough And Twisted": tiene el piano de Ben Waters, músico que fue cercano a Ian 'Stu' Stewart, parte fundacional de la banda, el sexto Stone durante muchísimo tiempo, fallecido en el año 1985. Waters ayuda a imprimir en esta canción el espíritu primario de los Rolling. Acá se escuchan esos nenes que amaban a Robert Johnson y a Chuck Berry. Es una canción genuina, de pureza rockera en el plano del blues.
"In The Stars": tiene órgano de Bentmon Tench, histórico músico de Tom Petty y los Heartbreakers. Fue uno de los adelantos, con un riff efectivo y pegadizo, marca registrada de la dupla Richards/Wood.
"Jealous Lover": emociona escuchar las variantes vocales de Mick Jagger. Ese falsete oriundo de canciones como "Worried About you" y "Tops" (de “Tattoo You”) o "Emotional Rescue" (del disco homónimo) resultaría imposible de imaginar en el año 2026. A eso hay que sumarle el cambio a los graves, que hacen temblar las paredes. Es una pieza de los Stones negros, amantes del soul y el R&B, con un estribillo sensacional. Una de las joyitas del disco, con un Darryl Jones imbatible en bajo, dejando huella propia. Tiene video, con actuación de la argentina Anya Taylor-Joy.
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“Mr Charm”: Este es rockanrolear, así, a lo argentino. Algo como la “She’s So Cold” del siglo XXI. La voz de apoyo que banca a Jagger es de Naarai Jacobs, que cuando se publicó el disco tenía solo 3000 seguidores en Instagram y casi no aparecía en Google.
"Divine Intervention": Robert Smith en guitarra eléctrica. El audio de la bata de Steve Jordan muestra su marca registrada. No tan ortodoxo –sobre todo, por el estribillo- como la canción que abre el disco ni como “Mr Charm”, pero en sintonía con los Stones más rockanroleros. El final, con los vientos y las guitarras al palo, recuerdan a la etapa entre “Exile on Main Street” y “Goats Head Soup”, pero intervenida con las vocales de “Voodoo Lounge” y “Bridges to Babylon”. Temazo.
“Ringing Hollow”: es donde más se siente el acompañamiento vocal de Keith Richards. Una pieza de folk/country rock bien al estilo Stones, en sintonía con “Dead Flowers”, “Far Away Eyes” e “Indian Girl”.
“Never Wanna Lose You”: la más y la menos olvidable a la vez, para bailar hasta el cansancio. Tiene algo que la destaca y que a la vez no es nada de otro mundo. La voz de Jagger rabioso y enojado, otro punto alto. Disco dancing, con Robert Smith (en coros y sintetizadores) y Bruno Mars (en cencerro) como invitados.
“Hit Me In The Head”: tiene la batería de Charlie Watts. Acá están los cuatro guerreros del apocalipsis juntos otra vez. Una canción densa, un rock oscuro con tintes punks.
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“You Know I'm No Good” (cover de Amy Winehouse): una joya sin dudas. La banda que construyó, hizo, relató, graficó, escribió, estereotipó y sostuvo la historia de la cultura pop contemporánea, interpretando a una de las últimas artistas populares que dio el Reino Unido para el mundo. Chapeau, Stones, haciendo esta bellísima versión de una hermosa canción de Winehouse. Y allí van los barcos sobre el Rin o el Mississippi o el Paraná. También se curten los campos de algodón y de soja. Y se caminan las urbes de edificios y bares rancios del mundo. Esta versión, como la canción, es tan urbana como rural y le escupe a la cara a los conservatorios advenedizos de marcos teóricos (también a bandas de covers) sobre cómo se debe hacer temblar el alma y sentir la música.
“Some Of Us”: la primera con Keith Richards en la voz principal. Estremece el modo de comunicar, con tono de crápula y pirata. Queda autorizado a entrar en el gran salón de los baladistas absolutos. Richards canta, o dice, muy lindo. También aparece otra vez Benmont Tench y además, hay un solo de guitarra breve pero bellísimo. Es una canción épica.
“Covered In You”: Paul McCartney vuelve al bajo y se nota más su participación que en “Bite my Head Off”, su anterior colaboración con la banda. Matt Clifford –tecladista estable desde hace más de tres décadas- aparece como compositor. Es una canción destacada.
“Side Effects”: las guitarras y los coros en esta canción funcionan a la perfección. La música es como para acompañar a una revuelta callejera o salir a la ruta a todo lo que da. Adrenalina pura.
“Back in Your Life”: parece una canción más, solamente una balada linda, hasta aproximadamente a los tres minutos aparecen los coros de Naarai Jacobs y Porcha Clay, y a los cuatro un “Come on, Ronnie”. Una arenga de Jagger sobre un solo de Wood, que después se convierte en una guitarra triunfal que dura hasta el final del tema. Estremecedor, con Jagger cantando entre vientos souleros. Otro temazo.
“Beautiful Delilah”: canción de Chuck Berry que los Stones la tocaban en los 60. Hay un registro oficial hermoso en el disco “On Air”, que recopila grabaciones en vivo y de estudio de la banda transmitidas por la BBC en 1963-1965. Acá está grabada en estudio a dos voces y dos guitarras (Jagger y Richards), y la percusión la toca Chad Smith (Red Hot Chili Peppers).
“Bad Luck Hideaway” (Bonus Track): en principio, solo disponible en iTunes. Parte de esta canción se grabó en el British Grove, estudio propiedad de Mark Knopfler (Dire Straits), en la época en la que los Stones grabaron sesiones de su disco “Blue & Lonesome” (2016). Por eso acá también toca Charlie Watts. Es un tema con aura, ya que varios de los equipos que se utilizan para grabar en ese estudio pertenecieron a George Harrison. Jagger y Richards se reparten las estrofas a cantar y resulta hermoso.