Todos los que atravesamos los años 90, los memoriosos y hasta los más distraídos, recordamos que a fines de esa década estalló un escándalo llamado “sexgate” o “Clinton-Lewinsky”. La relación clandestina entre el entonces presidente de Estados Unidos Bill Clinton, de 49 años, y la becaria de la Casa Blanca Monica Lewinsky, de 22, tuvo un rebote mediático tan masivo como furioso. Las referencias burlonas a la joven becaria y los chistes misóginos sobre el caso (que en aquella época eran chistes a secas) inundaban los medios de EEUU y de todo el mundo. El escándalo propiamente dicho explotó en 1998, cuando el abogado Kenneth Starr (demócrata, del mismo partido de Clinton) presentó al Congreso una investigación de 445 páginas sobre las “conductas sexuales inapropiadas” del presidente, un informe repleto de detalles íntimos que llevó al mandatario a enfrentar un impeachment (juicio político).






























