Después de más de medio siglo de actividad, el histórico restaurante El Gran Yuseppe entró en una etapa decisiva. Sus dueños decidieron poner en venta el inmueble donde funciona el tradicional bodegón de Granadero Baigorria, mientras aparecen proyectos para transformar el predio en un desarrollo inmobiliario.
Ubicado sobre San Martín 1452, una de las principales arterias de la ciudad, el terreno comenzó a ofrecerse en los últimos días como una “oportunidad estratégica” para desarrolladores, por su potencial constructivo para levantar un edificio de hasta 12 pisos.
Sin embargo, detrás de la operación inmobiliaria también aparece una historia marcada por décadas de trabajo, identidad gastronómica y apego emocional al lugar.
Según trascendió, están agotados del ritmo que impone la gastronomía. Jornadas extensas, que empiezna muy temprano y terminan de madrugada, marcaron el pulso de la decisión.
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Aunque el inmueble lleva cerca de tres años en venta, recientemente comenzaron movimientos más concretos vinculados al interés inmobiliario sobre el terreno. Aun así, los dueños mantienen la esperanza de que el restaurante continúe funcionando bajo otra administración.
Un clásico de la región
El Gran Yuseppe nació como un pequeño local de pastas caseras impulsado por dos socios, ambos ex trabajadores del histórico restaurante Los Gladiolos.
“Primero se llamaba Don Giuseppe. Después nos mudamos al lado, fuimos creciendo y compramos primero una mitad del inmueble y después la otra”, recordaron en diálogo con la prensa.
Con el tiempo, el restaurante se convirtió en uno de los bodegones más reconocidos del cordón norte del Gran Rosario, con capacidad para unos 180 cubiertos y fuerte presencia los fines de semana.
La crisis y la gastronomía
Aunque el local sigue funcionando y mantiene una clientela estable, los dueños reconocen el impacto de la caída del consumo sobre el sector gastronómico. “Tuvimos ganancias del 100% y ahora estamos en 72% o 73%. Tuvimos que achicar márgenes para seguir compitiendo”, explicaron.
Actualmente, el restaurante emplea a 16 personas y sus propietarios esperan que una eventual continuidad del negocio permita conservar esas fuentes laborales.