Ciro sale a escena con un saco verde agua y mira El Círculo colmado, desde las plateas hasta el último piso del “gallinero”, como él mismo llamó al sector de populares ubicado en el cuarto piso del teatro.

Por Pedro Squillaci
Marcelo Bustamante/La Capital
Ciro y Palmo Addario, un talento local que brilló en sus solos de guitarra eléctrica.
Ciro sale a escena con un saco verde agua y mira El Círculo colmado, desde las plateas hasta el último piso del “gallinero”, como él mismo llamó al sector de populares ubicado en el cuarto piso del teatro.
El pibe que hacía rock barrial en los 90 con Los Piojos ya es un rockero de más de 50 que agota localidades en todos lados, como seguramente ocurrirá en el show eléctrico de este sábado en el Anfiteatro. Pero no sale de su asombro mientras relojea la gente que está sentada en las cómodas butacas a la espera de algo distinto, entre algunas banderas de Los Quirquinchos y otras de algún club de fan rosarino.
A su lado, todos Los Persas están empilchados, para estar a tono con la ocasión. Es jueves a la noche y es también la primera vez que Ciro y Los Persas se presenta en Rosario con un show sinfónico y con una orquesta bautizada La Filarmónica de Rosario, con más de cuarenta músicos y músicas de la ciudad, a las órdenes del director y arreglador mendocino Joaquín Guevara.
Un, dos, tres, va. Y el rock orquestado comenzó a sonar con “Barón rojo”. Lo que vino después fueron dos horas y media de música y disfrute. Sentimiento compartido entre quienes pagaron la entrada y los que tocaron arriba del escenario, tanto los rockeros sinfónicos como los sinfónicos rockeros.
Hubo hits piojosos, con picos de emoción en “Ando ganas” y “Verano del 92”, y los de la carrera solista de Ciro, con “Antes y después”, “Vas a bailar” y “Pacífico”. El guiño acústico y sin orquesta tuvo joyitas como “Tan solo”, "El farolito" y la fiestera "Insisto".
Chorreaba rosarinidad el escenario, no sólo por el talento de los artistas de la orquesta, sino porque el encargado de armar esa Filarmónica no es otro que Ezequiel Diz, músico y compositor local que coordinó todo para este show. Y la frutilla del postre es el guitarrista invitado, nada menos que Palmo Addario, quien tocó en el show del jueves y también estará en el de mañana en el Anfiteatro en reemplazo de Juan Gigena Abalos, quien fue papá el lunes y se ausentó por unos días de Los Persas.
El final, a toda orquesta, arribó con “Pensar en nada”, con la impronta de ese riff inolvidable de León Gieco pero potenciado con la sutileza sonora de la Filarmónica, y “Astros”, como para que nadie se quede con las ganas de levantarse de la butaca a cantar.
Ciro disfrutó como nunca. Bajó del escenario a cantar con la gente en las plateas, contó anécdotas risueñas que parecían esos chistes malos sin remate que hacen reír igual justamente por la falta de impacto al final, y parecía que, como quienes estuvimos allí, no quería que el show se terminara nunca.
Como el sello de todos sus shows, cerró con el Himno Nacional Argentino, con armónica. La gente coreó como si estuviese en la final de Argentina-Francia. En El Círculo no estaba Messi ni hubo ningún gol para gritar. Pero la fiesta, con ropa de gala o campera de cuero, sigue girando gracias a esas canciones sin fecha de vencimiento.


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