Turismo

Valle Nevado ofrece un paisaje de ensueño para disfrutar del vértigo y la nieve

 A una hora y media de Santiago de Chile está el centro de esquí de Valle Nevado. Con pistas elogiadas por los deportistas alrededor del mundo, es un paraíso para los amantes de los deportes de invierno. 

Domingo 15 de Julio de 2012

El ascenso es bravo, aún para los baqueanos, que lo conocen palmo a palmo y, aunque la neblina se empecine en esconder el camino, saben qué hay adelante, dónde está cada curva, por qué hay que aminorar la marcha. Lo saben tan bien que cuando lo hacen, cuando bajan la velocidad a paso de hombre, justo en ese momento es cuando cruzan con andar cansino, despreocupado, justo enfrente de las narices ese par de vacas flacas que andan como perdidas pero no lo están.

No hay nada qué hacer, salvo esperar. El chofer, que se detuvo a un costado del camino, se toma su tiempo, espera que los animales decidan qué hacer y recién entonces, cuando está seguro de que pasó el peligro, vuelve a poner en marcha la combi, una Mercedes 4x4, doble tracción, que ronronea cada vez que encara una pendiente. "Le puse un poco menos aire a los neumáticos, se agarran mejor", comenta como al pasar, al ver las caras de preocupación de los pasajeros.

El hombre es un experto. No sólo sabe como encarar cada una de las 317 curvas que separan la base del cerro y la cima, a 3000 metros de altura, donde espera con la certeza de que seguirá ahí, pase lo que pase, el centro de esquí de Valle Nevado, sino también como transmitir calma en medio del camino sinuoso, la niebla espesa y la ventisca que, desde que empezó a soplar con fuerza, dispara copos de nieve que se estrellan contra el parabrisas, como si estuvieran empeñados en quebrarlo.

"Arriba vamos a tener sol", confía el chofer, sin que nadie le pregunte, con esa tonada cantarina que tiene los chilenos al hablar y que, con la barranca de fondo hundiéndose en las nubes grises, el viento silbando en los oídos y la nieve repiqueteando contra la ventanilla, no hace gracia ni mucho menos. Nadie le cree, y así y todo, nadie abre la boca, nadie en su sano juicio se atrevería a contradecirlo, menos en ese momento, que es de máxima tensión para todos menos para él, que sonríe, seguro de sí mismo.

La combi da una vuelta más y otra y cuando la trompa emerge de las nubes, ahí está el sol. Brillante, con una intensidad que enceguece. El valle, bajo sus rayos impiadosos, late con una claridad incandescente. El chofer no dice nada, conduce con calma, con suficiencia, como lo hizo cuando era difícil, cuando parecía que era de vida o muerte y, en realidad, no lo era, ni por asomo, porque para él, y todos los que como él suben a diario el cerro para disfrutar de la nieve que de lejos luce como una masa compacta y cuando se la pisa es un polvo inmaculado, alcanzar la cima es moneda corriente.

Valle Nevado queda en la ladera del cerro El Plomo, un pico de 5.430 metros de altura, que los Incas escalaban para hacer sus rituales sagrados. Fue ahí, en lo más alto de la montaña, donde, a mediados de los años 50, un grupo de arrieros halló la momia del Niño del Plomo que hoy descansa en el Museo de Ciencia Natural de Chile. En posición fetal, envuelto en una manta tejida con hilos multicolores, el pequeño murió de frío, luego de ser sometido al ritual de Capac Cocha, un ritual ancestral dedicado al dios Sol.

En la ladera de El Plomo y de los otros tres picos que rodean al complejo están las 41 pistas de esquí que han erigido al Valle Nevado Ski Resort Chile en la meca de los amantes de los deportes de invierno que buscan confort y nuevos desafíos. El centro fue fundado a fines de los 80 por un grupo francés siguiendo el estilo de los exclusivos centros de esquí de los Alpes y que diez años más tarde pasó a manos de un consorcio de inversionistas chilenos. Desde entonces no para de crecer, tanto es así que tiene un proyecto de expansión que incluye la construcción de dos edificios de departamentos por año.

Ni bien uno pone un pie en el cerro, y hay que hacerlo con cuidado porque el suelo helado es traicionero, se siente la vibración de la aventura. No hay que perder tiempo, hay que aprestar el equipo, abrigarse con celo y salir en busca de la nieve, que los expertos consideran una de las mejores del mundo y solo verla emociona. De hecho, el periódico norteamericano The New York Post destacó a Valle Nevado como uno de los ocho mejores centros de esquí para visitar durante el verano boreal.

Ponerse las botas es una tortura, aún para los esquiadores avezados, que son capaces de calzarlas y ajustar sus fijaciones en segundos, pero el esfuerzo vale la pena. Una vez que uno se calza las tablas y baja primero lentamente y después a máxima velocidad la sensación es única. Vértigo, excitación y una cierta inquietud acompañan el descenso por la ladera de la montaña, rodeado de la inmensidad blanca, con el viento frío como un dulce azote en las mejillas, bajo el cielo protector.

Es fácil, aún para los principiantes, hallar un lugar donde disfrutar el deslizamiento, con esquíes o una tabla de snowboard. Hay pistas para todos los gustos, y todos los temperamentos, los prudentes gozarán de recorridos serenos desde los que poder disfrutar de asombrosas vistas de la cordillera de los Andes y los salvajes, que sólo se excitan al borde de la cornisa, encontrarán descensos tan extremos que le pondrían los pelos de punta al Guasón de Heath Ledger.

Y lo mejor, el silencio, el aire fresco y limpio, el contacto cara a cara con la naturaleza. Porque, si bien en los últimos años Valle Nevado creció al punto de convertirse en un encantador "pueblos de montaña", sus dominios son tan extensos que, aún en temporada alta, cuando la invasión de turistas es incontenible -hay un momento en el que los brasileños se apropian del lugar-, hay lugar de sobra para encontrarse con la tranquilidad, el sosiego y las nieves vírgenes, que solamente pueden hallarse en las montañas, donde se respira libertad y belleza sin tiempo.

Al cabo de un día la montaña, cuando las energías flaquean, no hay nada mejor que abandonarse a las comodidades que ofrecen los hoteles del complejo -son tres, Valle Nevado, Puerta del Sol y Tres Puntas, cada uno con su personalidad y con su estilo-, el spa y gimnasio, donde las manos mágicas de las masajistas son capaces de devolver a la vida a un muerto, y la piscina al aire libre, que al atardecer suma a sus aguas tibias un DJ y una barra de tragos que, más que una tentación, es un antídoto contra todos los males del mundo.

Después, una buena cena, en el Lounge Bar, donde se puede apurar un tentempié mientras los guantes se secan junto al hogar, o, si lo que se quiere es un encuentro más íntimo, en el coqueto restó de estilo francés LaFouchette, que tiene una carta tan exquisita y completa que sería la envidia del mismísimo Luis XV. La noche en el cerro, en la nieve, más si hay Luna llena, se ilumina con una claridad tenue que insinúa el relieve, los filos, las pendientes que al día siguiente serán la alfombra roja que abrirá la antesala del gran show de la nieve.

Datos útiles:

Cómo llegar: de Buenos Aires a Santiago de Chile, por LAN, hay diez salidas diarias, tres de Aeroparque y siete de Ezeiza. Tarifa premium economy: U$A 968. Economy: U$A 218. Más información: www.lan.com

Ubicación: El Valle Nevado Ski Resort Chile queda a una hora y media del aeropuerto de Santiago (35 km de Santiago y 60 km desde el aeropuerto) y a 3.025 metros de altura, en la Cordillera de Los Andes.

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