No, no la conocía ni la había visto. Mirá, el proyecto surge cuando hicimos “Re loca” (2018), en la que actuaba junto a Fernán y ahí hacíamos de marido y mujer. Lo conozco a Fernán desde hace un montón y es un actor increíble y un gran compañero, tiene un sentido del humor muy especial y es muy dulce, es un actor muy tierno y versátil; pero en ese momento acababa de salir su ópera prima que se llama “El peso de la ley” (2017) y a mí me impactó esa película. Ahí dirigió y escribió, y yo dije “si es tan buen actor, tan buen compañero y encima es buen director, yo quiero trabajar con él como actriz. Fue así que le dije que en la próxima peli que hiciera como director que me tuviera en cuenta para cualquier personaje.
Hasta que un día te llamó.
Claro, un día me llamó y me dijo que estaba en este proyecto y me mandó el guión, yo lo leí sin saber que era una remake y lo pusimos en marcha. Pero la peli no tiene nada que ver con “Bypass”, le fue muy bien en España, tuvo 14 nominaciones al Goya, y esta es una versión absolutamente libre a la idiosincrasia argentina. Es una comedia de situaciones, de mucho ritmo, un humor negro, muy ácido, y aquí se ríe de lo inevitable, como la muerte, se ríe del miedo que le tenemos a la muerte y de lo que nos autoimponemos con eso de qué pasaría si hacemos esto o aquello. En realidad es un espejo a partir de la pregunta sobre qué haríamos si nos quedara solo un mes de vida.
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La mirada de Natalia. La actriz da vida a María, en “Casi muerta”, una persona que sabe que le queda un mes de vida. Una trama reflexiva y de humor negro.
Hiciste de Evita, de Gilda, de vos en “Nasha Natasha” y ahora de una casi muerta. ¿Es más complejo o más placentero hacer personajes tan disímiles?
A ver, yo un poco voy a hablar por mí, pero me parece que debe ser lo que le pasa al resto de las actrices y los actores. Lo que más nos divierte es hacer diferentes personajes, porque si todos los personajes se parecieran sería muy aburrido para nosotros y para el público. Justamente lo que yo busco son personajes que se alejen mucho de mi personalidad. Cuando interpretás a un personaje histórico ya tenés el riesgo y el desafío enorme de componerlo, porque al menos yo nunca intento hacer una imitación, sí que tenga la misma energía del personaje y que tenga ciertas características que al público le hagan olvidarse de mí y creerse que soy, en ese caso Eva o Gilda cuando me tocó. Pero son personajes que tienen mucho riesgo, porque la gente los tiene muy presentes y además y una lo quiere hacer con un respeto y rigor histórico mucho más grande, lo que no quiere decir que cuando hacés un personaje que no sea más conocido no trabajes con la misma intensidad. En ese sentido yo me zambullo en la experiencia de la construcción desde el detalle más pequeño hasta el más obvio, siempre intentando hacer un nuevo personaje que puede tener características o similitudes con Natalia, porque en definitiva soy yo quien los está haciendo, pero siempre tratando de no reconocerme en los roles y que no sean parecidos entre sí.
¿Y puntualmente qué te pasó con el personaje de María, en “Casi muerta”?
El personaje de María no tiene nada que ver conmigo, pero sin embargo puedo reconocerme en ciertas actitudes. Cuando lo vi dije, es otro personaje, realmente, y eso es mérito del director, que es el que propone y una va moldeándose a lo que el director necesita. Yo soy de las actrices que me gusta ensayar mucho y proponer, y siempre tengo una idea de lo que me gustaría hacer. Pero los años me han enseñado a escuchar y a ser muy abierta a lo que quiere y necesita o propone el otro, porque en general yo me equivoco cuando tengo una idea, jajajaja, y siempre el otro te ofrece una idea que yo no había pensado. En el caso de Fernán, en “Casi muerta”, dado que es actor además de ser director, siempre pide las cosas desde lo que se imaginaba él al actuar y yo durante la filmación me tiré sin red justamente por eso, porque él sabía que me lo estaba pidiendo desde un lugar de interpretación que yo podía llegar, o al menos podría intentar. Y jugar,porque hacer una película es jugar, es un poco continuar con eso que hacíamos de chicos cuando no sabíamos qué íbamos a ser de grandes.
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Casi muerta”, en una escena de humor negro con Ariel Staltari, Natalia Oreiro, Paola Barrientos y Diego Velázquez.
Hace 25 años debutabas en cine con “Un argentino en Nueva York”, de Juan José Jusid, en un coprotagónico con Guillermo Francella, nada menos. ¿Cómo ves a esa actriz veinteañera a la distancia?
Esencialmente siento que soy la misma, no sólo la de “Un argentino en Nueva York”, soy la misma que hizo su primera publicidad en Uruguay, la que se disfrazaba en el galpón de la abuela Hilda en el Cerro (N de la R: se refiere a la localidad uruguaya Villa del Cerro, donde nació). Soy la misma porque tengo la misma motivación, la misma inquietud, me asombran las mismas cosas, después sí, lo que siento es que fue un crecimiento importante, un poco por la edad natural porque todos estamos teniendo más experiencia de vida y eso nos hace, en el mejor de los casos, mejores personas, mejores intérpretes, al menos esa es mi búsqueda. Después hay mucho puesto de mi lado, de tenacidad, de intentarlo, estudiar, preocuparme, mejorar, elegir bien, leer mucho y tener también una gran suerte de trabajar con grandes actores, actrices, directores que han confiado en mí y he aprendido un montón.
¿Por ejemplo?
Mirá, por ejemplo en “Un argentino en Nueva York” aprendí mucho, pero en mi segunda película que fue “Cleopatra”, con Eduardo Mignogna, un día me dijo: “confiá en tu mirada”. Y eso para mí fue una llave, porque yo no había prestado atención en relación a confiar, siempre era “lo tengo que hacer bien y me tengo que controlar”. Yo era muy chica y tenía mucha energía y la tevé me pedía una cosa más espontánea, mucho más rápido, menos tiempo de composición y de realización que el cine. Y cuando Eduardo me dijo “confiá en tu mirada” fue decir “ah, ok, es escuchar lo que tengo que hacer, es mirar con verdad”, es todo a partir de ahí. Después viene imaginar el mundo del personaje, o sea, los ojos son el espejo del alma y de ahí es encontrarle la energía a esa almita que estoy interpretando.
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Elencazo: Diego Velázquez, Oreiro, Fernán Mirás (director), Paola Barrientos, Violeta Urtizberea, Ariel Staltari y Alberto Ajaka.
¿La experiencia te sirvió para mejorar tu trabajo aun a esta altura de tu carrera, o te pasó como decía Bonavena, que la experiencia es un peine que te da la vida cuando te quedaste pelado?
Ah, jajaja, noooo, a mí me sirvió la experiencia, no sólo la experiencia, sino a tener paciencia. En un mundo que va a la velocidad de la ansiedad, donde todo es ya, pareciera que todo tiene que ser en el momento y por la rapidez se olvida el objetivo, ya sea de la noticia o de la satisfacción, todo es así. Aprender a decir que no en el momento a mí me ha ayudado a poder elegir mejor mis personajes, y que la vida me diera la posibilidad de volver a elegirlos y tener esa capacidad que hace diez años no tenía. Me pasó con Evita, hace diez años tuve la posibilidad de interpretarla en el cine y yo sentí que no era el momento porque no tenía las herramientas para hacerla. Diez años después me dieron otra oportunidad y ahí sí pude hacerla. No sé qué habría pasado si la hubiera hecho en aquel momento. Sin duda hubiera trabajado mucho para poder acercarme, pero sin dudas no hubiera sido lo mismo que pude hacer hoy diez años después (N de la R: se refiere a “Santa Evita”, serie disponible en Star +).
¿Cuando hiciste el personaje de “Iosi, el espía arrepentido” componías a una mujer muy cruel y también te vimos en un personaje disparatado en “Re loca”. ¿Con qué roles te sentís más cómoda?
Mirá, ahora se estrena en septiembre la segunda temporada de “Iosi, el espía arrepentido” y mi personaje no tiene nada que ver conmigo y nada que ver con lo que había hecho, además de tener mucho más desarrollo que en la primera. Son esos personajes que una se pregunta “¿cómo acepté hacerlo?”, porque hago una nazi y me costó mucho. Aparte, digamos, hay una parte mía sensible que chocaba todo el tiempo con las escenas y terminaba llorando muchas veces, y el director me decía “pero sos actriz” y yo decía “no está bien”. Son esos momentos de angustia, de quiebre y de inseguridades que nos agarra a todos, pero es eso, es crecer en el sentido de que estoy actuando y estoy aportando contar parte de la historia, no importa si mi personaje es el peor en relación a su ideología: es necesario que yo cuente ese personaje para que esa historia se pueda contar. A mí nadie me obliga a hacer un personaje, por suerte yo tengo la posibilidad de decir que no o decir que sí. Por eso yo valoro esta profesión, porque además de ser mi pasión y mi vocación, me da de comer. Pero esto lo elegí y creo que los personajes hablan por la historia no por la persona, y fue un gran desafío bucear en la oscuridad para tratar de ponerle verdad a un personaje con el cual yo jamás querría sentarme a tomar un café. E incluso en la segunda temporada, que es igual de sorete (risas), hace cosas tremendas con algunos personajes, y a pesar de todo eso traté de encontrarle su corazón, o sea, un corazón atravesado por todo ese dolor y toda esa maldad, además de su ideología. Pero intenté que se le vea un sentimiento.