Antes de la charla, y siguiendo en la galería, este fue el diálogo con dos periodistas de este diario:
-¿Cómo es eso de la resiliencia?
-Que los partidos políticos argentinos gobiernan mal y sobreviven. La cuestión entonces no es la sobrevivencia de los partidos sino la gobernabilidad. y sobre eso hay poco que se pueda decir. La radicalización es improbable porque si con el 54 por ciento no consiguieron ir por todo con el 30 mucho menos. Lo que no es improbable es una espiralización inflacionaria, es decir que el problema como siempre es la economía. La política es una solución que no funciona pero el problema argentino es económico.
-¿Usted ve que el domingo se define por una victoria de Juntos por el Cambio o no está tan claro el resultado?
-Es bastante probable que se repita el resultado de las Paso. Antecedentes de reversión hubo dos en el pasado, La Pampa y San Luis, hace cuatro años, y aunque se revierta una provincia el peronismo difícilmente mantendrá el quórum propio. Pero no lo precisa, porque hay senadores disponibles. La cuestión es lo que pasa en la calle, que la economía genere estallidos. No está en el Congreso el problema de gobernabilidad argentino.
-¿Está en la calle?
-Sí.
-Supongamos que Juntos por el Cambio gana, por mucho o por poco. ¿Cómo se reconfigura internamente esa coalición? ¿Va a haber un liderazgo del radicalismo, del macrismo o de Rodríguez Larreta, que se perfila como candidato a presidente?
-En un régimen presidencialista no existe el liderazgo de la oposición. Existe la candidatura presidencial de la oposición. Eso se va a resolver a mitad del 2023, hasta entonces vamos a tener disputas por la candidatura presidencial. No va a haber un liderazgo.
-¿No existirá uno que sea líder dentro esa coalición?
-No existe el liderazgo de la oposición. Existe en los regímenes parlamentarios, donde el líder de la oposición se sienta frente al primer ministro y le disputa poder. Si cae el primer ministro, gana la oposición, ese que estaba enfrente se transforma en primer ministro. Acá a los presidentes no los vemos venir. ¿O Alberto Fernández era el líder de la oposición antes de ser presidente?
-Hay un planteo recurrente respecto a una situación de aparente agotamiento del régimen político en el sentido de que Cambiemos se va muy mal del ejercicio de la presidencia, lo reemplaza el Frente de Todos que ahora a su vez es derrotado por Juntos por el Cambio; y esta reiteración hace pensar que la oferta política es pobre en la Argentina. ¿Qué valoración tiene al respecto?
-Te voy a empeorar la respuesta. Hay una alternancia con ciclos políticos cada vez más rápidos. Se está acelerando la degradación. El kirchnerismo duró doce años, el macrismo cuatro, el “fernandismo” está durando dos. Es un problema cuando un ciclo político dura menos que un mandato constitucional...
-Y también hay una especie de tentación o alegoría, a propósito de esta situación, de la comparación con el agotamiento que significó el declive de 2001. ¿Ve alguna semejanza?
-Hay semejanzas pero también hay diferencias.
-¿Cuáles serían esas diferencias?
-En 2001 el corte era horizontal, los de abajo contra los de arriba: "que se vayan todos". Ahora es vertical, es la grieta, es uno contra los otros. Y es la grieta la que favorece la estabilidad política y dificulta las reformas económicas... La grieta salva a la política y rompe la economía.
-¿Por qué salva a la política?
-La salva porque genera resistencia en los propios en contra de los ajenos. Así que la gente que vota a uno y si gana está contenta y estaría muy enojada si triunfa el de enfrente. Aquí no hay una deserción de la gente de la política. En 2001 se dio una elección con mucho voto en blanco, voto enojado. Acá la gente va a votar, y vota por los propios aunque les gusten más o menos, porque detesta al que está enfrente. La grieta estabiliza la política y paraliza la economía.
-Usted mencionó un "bipartidismo recargado". ¿Lo hay?
-En estas elecciones el Frente de Todos presenta candidatos y Juntos por el Cambio o Juntos o El Cambio o Cambiemos un poquito también se presenta. En la última elección presidencial ambos sacaron el 88 por ciento de los votos; el 88% es lo que sumaron Macri y Fernández en primera vuelta cuando en Perú, por ejemplo, los dos primeros postulantes sumaron 32%: Pedro Castillo obtuvo el 19% y Keiko Fujimori el 13%. Entonces, si no es bipartidismo lo nuestro se parece mucho. Hay dos conjuntos de cosas que sacan un montón de votos.
-¿En qué se diferencian esos dos "conjuntos"?
-¿Identidades? La identidad radical es un mito radical: existe la identidad peronista y la identidad que no es peronista, aunque ahora se está poniendo un poco propositiva. Sugiero cinco dimensiones para diferenciarlas. Primero, el origen social: clases medias contra sectores populares. Segundo, el valor fundamental, prioritario, pero no excluyente: la educación para los Cambiemitas, Sarmiento, y el trabajo para los peronistas. No significa que el otro no sea importante. No es "alpargatas sí y libros no" pero es más alpargatas o más libros. Tercero, la sociedad, qué es o que hacemos con la sociedad: en Juntos por el Cambio prevalece el ascenso, la aspiración al ascenso social. En el peronismo, la protección social, que me cuiden, donde estoy estoy bien. Cuarta dimensión, internacionalismo: cosmopolitismo en Cambiemos versus nacionalismo más malvinismo en el peronismo. Y finalmente, instituciones versus movimientismo. Y esto último es mentira. Porque Juntos por el Cambio es tan movimientista y trata de meter jueces por la ventana y hace la plaza del "sí" como el peronismo. Las otras son verdades, esta última no, pero es quizá la más importante en el discurso.
-Cristina, Macri, Alberto, Larreta... Las últimas elecciones y quizá las que vengan parece que estarán protagonizadas por figuras de las dos Buenos Aires, sin asomo de las del interior. ¿La reforma constitucional del 94 perjudicó y le restó poder político a las provincias y sus gobernadores?
-La Constitución del 94 creo que tuvo su importancia en la reconstitución nacional de partidos, pero que es menor la eliminación del colegio electoral a la creación de la autonomía porteña. El colegio electoral nunca jamás definió una elección en Argentina ni lo hubiera definido del 94 en adelante. En Estados Unidos sabemos que sí: candidato que gana en el voto popular pierde en el voto del electoral. La única vez en la República argentina que una provincia definió una elección fue Córdoba en 2015: la única circunstancia en la cual excluyendo a la provincia alteraba el resultado. Sin Córdoba, Scioli era presidente. Nunca antes, nunca después, nunca Buenos Aires. Buenos Aires no es una provincia que defina elecciones. La autonomía porteña, la autonomía de la CABA, por otra parte, lo que generó fue una vidriera impresionante para un líder electo. Porque hasta 1994 era intendente, delegado, comisionado del Presidente. A partir de entonces son líderes populares en una vidriera resplandeciente que irradia luz en el Conurbano. Que riega los helechos, y como en el Conurbano caminan en barro los envidian y los quieren votar. Y entonces al alterar la visibilidad del no peronismo altera la del peronismo también. Porque hasta entonces el Conurbano estaba garantizado. El peronismo siempre ganó en el Conurbano, tanto un santacruceño como un riojano no necesitaban esforzarse, tenían que hacer alianza con alguien del Conurbano, que era siempre Duhalde. A partir del momento que "irradia" la Capital, con un líder electo, no está más garantizado el Conurbano. Porque si se duerme el peronismo el Metrobus se los come. Y entonces tienen que mudarse. De Santa Cruz. Y venir a asegurarse el Conurbano. Con el cual no se gana, pero sin el Conurbano se pierde. Fue la autonomía porteña el elemento clave de la reestructuración del sistema partidario, no la eliminación del colegio electoral. Esa Constitución tuvo eso que fue bueno o malo y después tuvo tantas cosas malas como el Colegio de la Magistratura.
-Hay una profundización de la desigualdad social, tenemos un nivel de pobreza de casi el 50 por ciento... ¿Cómo opera sobre la oferta del sistema político?
-La pobreza es un problema, la desigualdad no. La desigualdad se produce en períodos de crecimiento, porque siempre se crece por partes. El problema es la exclusión, en todo caso. Son los que quedan afuera. Vamos a hablar de autos viejos: si alguien tiene un Fitito y otro tiene un Torino, son desiguales, pero los dos tienen auto y manejan. Si alguien tiene un Torino y el otro no tiene nada y vive en la villa miseria, ahí tenemos exclusión, no desigualdad.
-¿Y frente a esto?
-El problema es la falta de crecimiento económico. Hay exclusión porque hay falta de crecimiento. En otros países de América latina no: en Chile hay exclusión porque hay clasismo: los de arriba miran a los de abajo despectivamente. En Argentina hay plebeyismo, cualquiera se le anima a cualquiera, lo que falta es plata.
-¿Por qué el “albertismo” duró tan poco? Usted mencionó que está agotado a los dos años...
-Porque la economía como está no puede resistir mucho tiempo más sin degradación. Y en Argentina, como estamos acostumbrados a vivir mejor, nos irritamos cuando la degradación es permanente. Y además, porque él es un inútil.