“No sabemos porqué vienen a tirotearnos a nosotros. Somos laburantes. No nos dejaron un cartel, una amenaza, nada. No sabemos que es lo que quieren. Solo pasa la moto y disparan sin importarles nada. No les importa si hay criaturas o viejos. Pasan y tirotean”. Brenda vive hace 25 años en José Ignacio Maradona al 800 bis, entre Franklin y José Ingenieros, en el barrio Stella Marís. Su testimonio es el de alguien que no entiende lo que pasa y por qué pasa. Contó que en la última semana al menos cinco casas en 100 metros fueron blanco de ataques a balazos. Entre ellas está su casa y la de su padre, quien hace una semana recibió dos balazos en pelvis y pierna izquierda. Este martes una vivienda ubicada a 80 metros fue el último eslabón de una saga de disparos a mansalva. “Nadie sabe por qué. Pensamos que es porque quieren la casa. Pero nosotros remamos mucho para construir esta casa y no nos vamos a ir”, explicó esta mujer de 27 años mientras llora lágrimas de indignación. “Tengo miedo por mis hijos y por mi papá”, dijo.
Brenda vive sobre calle Maradona. No la calle del “D10S” Diego Armando. Tampoco por del médico rural Esteban Laureano Maradona. Sino por José Ignacio Maradona, miembro de la Junta Grande de gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata en representación del cabildo de San Juan. Este Maradona está inmerso en lo más pauperizado de barrio Stella Marís, a pocos metros del arroyo Ludueña. Esta mujer convive en el mismo terreno que su padre en viviendas construidos con mucho esfuerzo. Daniel, su padre, y su concubino trabajan como albañiles.
Si bien Brenda no dio mayores detalles de lo que sucede en la barriada, el territorio donde ocurrió la seguidilla de ataques es un lugar picante en el mapa de violencia rosarino. Un campo donde se levantan los barrios 7 de septiembre, Stella Marís, La Bombacha, Emaús, Fisherton Norte y Hostal del Sol. Un trozo de tierra en el que hace más de una década está inmerso en una disputa territorial por el control de las calles y manipulado, según las últimas investigaciones provinciales y federales, por gente allegada a la banda de Los Monos liderada por Ariel Máximo “Guille” Cantero, su ladero Leandro Alberto “Gordo” Vilches y su concubina Gisela Vanesa “La Gi” Boccutti. Dentro de esa estructura hay otros pesos pesados de la zona noroeste como son Tania Rostro, su marido Daniel “Pato” Orellana y Gustavo “Toro” Martinotti. Y como telón de fondo, la narcocriminalidad.
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Perforada. Las marcas de las balas rompieron los vidrios de la ventana de la casa de Brenda.
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
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Los vecinos coinciden en que el último mez el territorio se embraveció. Una muestra de lo que contaron sucedió dos semanas atrás a unas ocho cuadras de Maradona al 800 bis. La tarde del 10 de marzo último una canchita de fútbol 5 de Juan B. Justo al 8400 se vio conmocionada por el ataque a balazos de dos tiratiros ingresaron al predio, se posicionaron y dispararon contra media docena de jóvenes de Stella Marís quienes disputaban un picadito. Pero el ataque no era para ellos sino para otro equipo de fútbol, del barrio Hostal del Sol, que estaba por entrar a jugar.
Maradona corre paralela a Acevedo. A la altura del 800 bis, por Franklin y José Ingenieros se encuentran el jardín de infantes Rosario Vera Peñaloza y la escuela 299 Ceferino Namuncurá. La presencialidad de niños jugando en calles y veredas es parte de la habitualidad. Sobre Maradona puede verse una casa con el cartel de “Vecinal Stella Marís”. El miércoles al atardecer Daniel, de 56 años y padre de Brenda, tomaba unos mates en la puerta de su casa. Fue entonces que dos motos tipo enduro, una de ellas color blanca y la otra negra y naranja (una sería una Yamaha XTZ 125), pasaron por frente al hombre y comenzaron a disparar hacia un pasillo contiguo.
Daniel se asustó y corrió hacia el interior de su casa y los tiradores jugaron a dar en el blanco. El hombre recibió al menos dos heridas, en la pelvis y la pierna izquierda. En la escena encontraron al menos 15 vainas servidas. “Ahora a mi papá lo tienen que operar porque la bala «le camina»”, explicó Brenda. Desde esa balacera hasta este martes otras tres viviendas de la cuadra fueron atacadas. La casa de Brenda, en dos oportunidades.
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Desde la calle disparan contra las viviendas sin importan quién está adentro y las consecuencias que pueden causar.
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
El lunes pasado, alrededor de las 19, la escena volvió a repetirse. Pero esta vez con un tinte de mayor dramatismo. Los nietos de Daniel regresaban de hacer unos mandados cuando la Yamaha XTZ 125 volvió a pasar. En la moto circulaban dos hombres. Uno con casco. Otro con casco y barbijo. “Cuando mi viejo los vio, me dijo: «Son los mismos del otro día. Nos van a tirotear». Yo corrí a buscar a mis hijos y avisarle a la vecina que metiera a los chicos que jugaban en la calle. La moto pasó, giró y volvió a pasar por el frente de mi casa. Pero disparando. Alcancé a entrar. Los disparos me pasaron rozando. Yo estaba con mi hijo de dos años”, relató Brenda. En la escena del crimen recolectaron entre 22 y 25 vainas servidas calibre 9 milímetros.
Mensaje encubierto
“Pasan y tiran. No dicen nada. No gritan. No dejan carteles. No sabemos que es lo que quieren”, comentó Brenda. Los proyectiles perforaron vidrios, puertas y los ladrillos huecos con los que está construida la casa. Una pared con ocho fotos encuadradas de niños quedó cubierta por la metralla de esquirlas y proyectiles. Una imagen digna de un ataque en una batalla en conflictos de Medio Oriente. Fuentes judiciales indicaron que durante 2019 la vivienda en cuestión tuvo al menos dos incidencias de ataques a balazos. “Nosotros lo que queremos es que pongan un milico que nos cuide y que se fije como son las cosas”, indicó Brenda.
Pero la cosa no terminó ahí. El martes a la tarde una casa ubicada en las inmediaciones de Franklin y Maradona también fue atacada a balazos. “Cuando el lunes llamamos a la policía tardó una barbaridad. Y cuando llegaron, se pusieron a levantar las vainas del piso mientras entre ellos charlaban diciéndose: «Dale, levanta que con esto no va a pasar nada». Al vecino lo balearon el martes y la policía llegó al toque. ¿Cómo funciona ésto? La misma moto desde nos dispararon el lunes fue la que atacó la casa de los vecinos el martes”, dijo indignada Brenda. Una vecina que dijo ser ex presidenta de la vecinal de Stella Marís ofreció una serie de denuncias formalizadas durante 2018 y 2019 “sobre las que cosas que pasaban en el barrio”. Las últimas balaceras fueron trabajadas en primera instancia por la Unidad Fiscal de Flagrancia, desde donde serán reorientadas en las próximas horas.