POLICIALES

Se escaparon, los atraparon y ahora suman una nueva causa en sus prontuarios

Acusaron a tres de los evadidos del penal de Piñero. También imputaron a dos personas que colaboraron una vez que huyeron de la prisión

Jueves 01 de Julio de 2021

El carácter de inesperado y sorpresivo del ataque a la cárcel de Piñero que el domingo derivó en la fuga de ocho presos quedó de manifiesto ayer a la tarde tras la audiencia en la que Antonio Alejandro Schmittlein, Sergio Martín Cañete y Joel Isaías Rojas —tres de los cuatro recapturados al cierre de esta edición— fueron imputados de evasión agravada por el uso de armas.

Es que entre la evidencia conocida hay testimonios sobre la falta de preparación de los guardias para responder ante una situación como esa, ya que todo el dispositivo parece haber estado siempre orientado a prevenir fugas internas. “Es la primera vez que me disparan. Sentí dos zumbidos cerca de la cara, una sensación que nunca antes viví no sé como explicarlo”, relató un centinela sobre esos diez minutos pavorosos que jamás olvidará.

Además de los recapturados quedaron con prisión preventiva por plazo de ley una mujer y un hombre que iban en el auto en cuyo baúl fueron apresados con tres armas Cañete y Rojas. Se trata de Elisabet A. y Rodrigo G. fueron imputados de encubrimiento y también por la portación ilegal de las armas de guerra que también achacaron a los dos evadidos.

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Momentos antes de la audiencia ya se había entregado Ezequiel Romero, de 20 años, luego de que allanaran su casa y no lo encontraran (ver aparte). Así, anoche seguían prófugos Claudio Javier “Morocho” Mansilla, presunto ideólogo de la fuga, Alejandro Andrés Candía, Daniel Piscione y Martín Cartelli.

Detalles

El fiscal Franco Carbone imputó a los recapturados de haberse fugado como parte de “un plan común organizado con el apoyo externo”. En tal sentido reseñó lo ocurrido el domingo desde las 17.10 cuando “al menos cuatro personas” llegaron hasta el complejo penitenciario en un Peugeot 3008 negro que estacionaron en un camino rural que bordea el predio. Uno se quedó al volante “con las puertas y el baúl abiertos” y los otros tres —Walter Ezequiel Soraire y dos aún no identificados— bajaron vistiendo pasamontañas, capuchas y una máscara de goma.

Con una amoladora Dowen Pagio hicieron un hueco en el alambrado e ingresaron corriendo por el espacio denominado “camino patrulla” que separa el cerco exterior de los alambrados que circundan los pabellones. Los intrusos portaban al menos cinco armas de fuego: un revólver, una “metra” FMK3 de 9 milímetros, una pistola calibre 380 y otra 11.25 con las que dispararon contra los centinelas de las garitas de seguridad. Así corrieron unos 200 metros y tras sobrepasar cuatro garitas se apostaron debajo de la garita 5 del Módulo D. Y mientras dos seguían disparando a los centinelas, Soraire cortó otros dos cercos de alambre separados por tres metros entre sí.

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Mientras tanto, los presos que se aprestaban a fugarse lanzaban elementos contundentes desde el patio externo del pabellón 14 donde estaban al centinela de la garita 5. Pudieron romper el alambrado del patio y se unieron a los intrusos que se tiroteaban con los guardias. En ese marco Soraire recibió un balazo mortal en la cabeza y uno de los presos tomó su arma. Al menos otro evadido recibió un arma de los intrusos y así los delincuentes reforzaron su poder de fuego.

A los tiros, nueve presos y los dos cómplices sobrevivientes atravesaron el camino patrulla hasta salir del penal y llegar al Peugeot donde entraron solo diez más el chofer que los aguardaba. Maximiliano Jesús Giménez no tuvo lugar en el vehículo y tampoco pudo ir muy lejos porque minutos después fue detenido por personal penitenciario en las inmediaciones del penal. En tanto, otros seis reclusos que intentaron participar de la fuga fueron atrapados antes de poder salir del patio.

Entre la evidencia contra los evadidos conocida ayer se encuentran testimonios de algunos guardias que dieron a entender lo inédito de la situación, al punto que no tenían previsto un protocolo para responder ante un ataque armado con un poder de fuego superior. Alguno indicó que están preparados para fuga internas pero no externas, otro que a pesar de sus años de servicio jamás habían participado de un enfrentamiento armado, se refirió la falta de comunicación entre los centinelas y, en definitiva, la desigualdad de condiciones entre los guardias y sus atacantes.

Con persecución

Sobre las recapturas se especificó que Smischmittlein cayó a las 14.30 del lunes. Iba como acopañante en una camioneta Volkswagen Amarok blanca conducida por José Omar G. en un camino rural entre Venado Tuerto y Carmen. Pero sobre Rojas y Cañete, atrapados con armas en el baúl de un auto luego de una persecución, la imputación brindó más detalles.

Casi ocho horas después de la fuga personal policial intentó interceptar un Honda Civic azul oscuro en el kilómetro 3 de la ruta 14, a la altura del pasaje Ayacucho de Soldini. Pero la conductora del vehículo, Elisabet A., no acató la orden y así se originó una extensa persecución.

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Los sospechosos siguieron por la 14 hacia el norte, cruzaron la ruta 33 y tomaron por el bulevar Belgrano —paralela a dicha ruta— para entrar a la ciudad de Pérez, donde fueron hasta Sarmiento, doblaron hacia el este y tomaron la diagonal Las Campanillas en dirección a Rosario. Mientras se sumaban móviles del Comando Radioeléctrico los ocupantes del Honda intentaron seguir el escape por distintas calles del barrio Cabin 9, alejado del casco urbano perecino y separado de Rosario por una avenida.

Finalmente, sobre las 0.50 del lunes —ocho horas después de la fuga— Elisabet detuvo la marcha en El Aguaribay al 100 de Cabín 9 luego de escuchar un disparo de arma de fuego de quienes la perseguían. Personal del Comando identificó a la mujer y a quien iba como acompañante, Rodrigo Leonel R., para luego requisar el auto.

Así, en el baúl del Honda, fueron hallados escondidos Cañete y Rojas. En poder de ambos se secuestraron “tres armas de guerra, todas en condiciones de inmediato uso”, con sus numeraciones adulteradas pero bien cargadas de municiones: un revólver calibre 38 marrón y dos pistolas 9 milímetros, una Taurus negra y la otra una Bersa Thunder que al parecer fue robada a la policía bonaerense.

El secuestro de la armas sumó imputaciones a los dos evadidos, que además fueron acusados de portación de armas de guerra agravada por contar ambos con condenas previas por delitos contra las personas a mano armada. La misma imputación —sin agravantes— les correspondió a Elisabet A. y Rodrigo G. que además de ser acusados de ayudar a los prófugos a escapar fueron imputados de portar esas armas “desde un momento indeterminado hasta que los evadidos ingresaron al baúl del auto”.

La mujer también fue imputada de resistencia a la autoridad por haber intentado huir del control policial. Y por si faltara algo, el hallazgo de la armas sumó para los cuatro una imputación más por encubrimiento por tratarse de armas que provenían de un ilícito como la adulteración de la numeración.

La jueza Paula Alvarez dictó para todos la prisión preventiva por el plazo de ley de hasta dos años.

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