Felipe Giménez es sobreviviente de una histórica guerra de su familia con Claudio “Morocho” Mansilla. Su cuñado, su hermano y su madre, en ese orden, murieron asesinados en ese enfrentamiento con el jefe de una violenta banda de narcomenudeo del barrio Santa Lucía cuyo rostro se volvió conocido cuando escapó a tiros de la cárcel de Piñero en junio de 2021. La disputa lo encontró a ambos lados de las balas: como destinatario pero también como uno de los tiradores que, en una represalia, regaron a tiros una casa de la zona noroeste y causaron la muerte de Sol Jazmín Delgado, de 21 años. Por ese crimen fue condenado a 15 años de prisión en un juicio abreviado.
A sus 30 años, es la segunda vez que Felipe Giménez recibe condena por atacar a un mismo grupo de soldaditos de Mansilla. Sol Delgado era la novia de uno de ellos, Alfredo Eduardo Salva Celis, hoy preso. La brutal balacera la sorprendió la noche del 5 de agosto de 2019 cuando estaban preparando la cena en una casa del pasaje Serén al 7700 donde se habían reunido dos familias con varios niños. De un auto bajaron dos atacantes que, según la condena, eran Giménez y su hermano Sergio, quien a su vez sería asesinado tres meses después en una cancha de fútbol.
“Felipe está bien blanquito porque recién salió de estar preso”, lo reconocieron las víctimas que lo vieron bajar junto a su hermano de un Chevrolet Corsa que conducía un tercer hombre aún no identificado, los dos con pistolas 9 milímetros. Dos semanas antes, en efecto, había salido de la cárcel tras cumplir a una condena a 5 años y 4 meses de prisión por un ataque a tiros de 2014 contra un hermano del novio de Sol. Además de la joven, en ese ataque hubo tres heridos, dos de ellos condenados como miembros de la banda de Morocho.
Uno tras otro
Según la investigación del fiscal Luis Schiappa Pietra, la saga comenzó el 27 de febrero de 2019. Ese día dos personas en moto tocaron a la puerta de una casa de 27 de Febrero al 7300, dispararon e hirieron a Rubén Sergio Giménez, el hermano de Felipe que finalmente fue asesinado en noviembre de ese año. Seis meses y tres días después de ese primer episodio, el 2 de agosto, la víctima fue la madre de los Giménez, Catalina Aquino.
Su hijo Felipe había salido de prisión un día antes y se presume que es a quien buscaban en ese ataque por motivos que mezclaban la disputa territorial por la venta de drogas con los viejos rencores. La mujer de entonces 60 años lavaba la ropa en su casa de Misiones al 2100 cuando escuchó los tiros que partían desde un Peugeot 206 gris. Salió a cerrar el portón y la alcanzó un balazo en la zona abdominal que la dejó gravemente herida y del que pudo recuperarse, aunque también sería asesinada tres años más tarde.
Con el tiempo, “Edu” Salva Céliz, sería condenado a 7 años de prisión por ese ataque del que también fue acusado Maximiliano “Menor” González, ambos considerados alfiles de Mansilla. Tres días después de la balacera a Catalina llegó la represalia. El blanco fue la casa del pasaje Serén donde estaban reunidos Salva Céliz, su novia Sol Delgado y su hermano Carlos Saúl “Carita” Gómez con su familia, entre otras personas.
Relatos
A las 20.30 de aquel lunes comenzaron los disparos. Gómez, luego condenado como sicario a órdenes de Morocho, contó que a esa hora estaban preparando la cena y con su cuñado decidieron salir a comprar pan y gaseosas. Estaban por subir a su auto cuando en la vereda frenó el auto del que bajaron los hermanos con dos pistolas 9 milímetros y abrieron fuego sin decir nada. “Me dan un disparo en el pecho. Ahí me caigo Me arrastro para adelante del auto y veo a mi hija y mi sobrina. Con la mano las empujé y las metí para adentro de la casa”, relató Carita, herido además en una pierna y un tobillo.
“Estábamos cara a cara. Cuando vi las armas agarré a los chicos y corrí para adentro”, dijo su cuñado, herido en el pie derecho, quien vio bajar a uno de los atacantes del lado del acompañante y a otro de atrás del conductor: “Se bajaron los dos juntos. Se ve que ya venían con la puerta medio abierta y chau”.
Según los testimonios, Sergio tiraba arrodillado al lado del auto y luego se acercó a la casa. Salva Céliz —también herido en el ataque— estaba adentro y lo vio asomarse a la puerta que su hermano había dejado abierta al salir: “Entró y disparó hacia el lado nuestro un montón de veces. Sol salió corriendo para atrás, para la pieza, y no llegó”. Murió por una hemorragia masiva de tórax.
>>Leer más: Piden doce años de prisión para "Morocho" Mansilla por liderar una organización de narcomenudeo
“Vi a un herido en la vereda y me acordé que había criaturas adentro. Me metí. Era un chiquero de sangre. Pasé por delante de la piba agonizante. Me pidió ayuda y le pedí perdón. Saqué a los chicos, era desgarrador escucharlos llorar”, contó un vecino a este diario el día después.
En el barrio dijeron que los tiros habían sido de ida y vuelta y, de haber sido así, eso explicaría por qué estaba astillado un vidrio trasero del auto rojo que horas después la policía encontró abandonado en Donado y pasaje Kanner, con ocho vainas 9 milímetros diseminadas por el piso y otra caída en el asfalto. Lo habían robado en Arroyo Seco.
Como parte de la evidencia se contemplaron además intervenciones telefónicas a familiares de Felipe en las que hablaban de una “bronca” contra él y decían que al salir de prisión “lo quisieron boletear”. Con la muerte de Sol, la sed de venganza del bando rival a Giménez no hizo más que crecer. El 19 de noviembre, su cuñado Sergio Birri fue asesinado en Estudiante Aguilar al 7750. Carlos Saúl Gómez y Ezequiel Romero fueron acusados por el crimen.
Cinco días después, el domingo 24, cuando pesaba sobre él un pedido de captura por el crimen de Sol, Sergio Rubén Giménez fue asesinado con un tiro en la nuca y a la vista de varios vecinos al costado de una canchita de Pujato al 8000; un crimen por el que fueron acusados el propio Mansilla y Emanuel Olmedo. La madre, Catalina Aquino, finalmente fue asesinada a los 63 años el 17 de agosto de 2022 en una nueva balacera a su casa de Misiones al 2100.
La disputa
El trasfondo de esa saga de ataques apareció en una serie de allanamientos de diciembre de 2019 contra la banda del Morocho. Se secuestraron casi cinco kilos de marihuana, un auto robado y dos celulares. De los aparatos se recuperaron mensajes enviados desde prisión por Mansilla. Tras haber estado preso 17 años por robo y una causa federal, Morocho había recuperado la libertad en 2018. A fines del año siguiente estaba otra vez preso por el doble crimen de dos jóvenes que le valió una condena a 25 años de prisión.
>>Leer más: Condenan a prisión perpetua a "Morocho" Mansilla por instigar crímenes desde la cárcel
“Ellos cuando estaban con el apoyo de Los Cantero se la creían y mandaban a matar gente. Esa es la guerra que tengo yo”, dijo Mansilla en un mensaje enviado desde la prisión de la que escaparía junto a otros siete presos en junio de 2021, para ser recapturado un año más tarde, en una fuga de película por la que es sometido a juicio oral en estos días.
“El loco estaba por hacer matar a mi mamá. No lo hicieron porque no encontraron la casa. Tienen fama de andar haciendo matar mujeres. Yo les hice matar el hermano y el cuñado y le quiero hacer matar al suegro”, dijo en otro audio que, para los investigadores, evidencia que buscaba acorralar a los Giménez para expulsarlos del barrio y despejar la zona.
Mansilla fue condenado en noviembre del año pasado a prisión perpetua como el jefe de una asociación ilícita e instigador de dos homicidios desde la cárcel. Su nombre resonó el mes pasado como quien podría estar detrás de alguno de los asesinatos a trabajadores —dos taxistas, un colectivero y el playero de una estación de servicios— ejecutados en Rosario a mediados de marzo.
Felipe Giménez, en tanto, aceptó condena el viernes en un acuerdo abreviado entre el fiscal Schiappa Pietra y su defensa. Los jueces Eleonora Verón, Rodrigo Santana y Gustavo Pérez de Urrechu avalaron la condena a 15 años de prisión efectiva como coautor de un homicidio y otros tres en tentativa, además de la portación ilegal de un arma.