Con 58 homicidios registrados al 30 de junio pasado, el departamento Rosario atraviesa una abrupta disminución de los asesinatos que muestran a simple vista grandes modificaciones en variables que aparecían como patrones en los últimos años. Entre ellas las que más se destacan son, tal lo revelado días atrás por el Observatorio de Seguridad Pública (OSP) de la provincia, un importante descenso del empleo de armas de fuego: en comparación con el primer semestre de 2023, en el que se registraron 148 crímenes, en los primeros seis meses de este año los homicidios cometidos con armas de fuego se redujeron en más del 70%. Ese informe, elaborado por personal del Ministerio de Seguridad y de la Fiscalía, también verifica una merma en los hechos enmarcados en contextos de economías ilegales u organizaciones criminales, que en Rosario bajaron un 67% en comparación con el primer semestre de 2023.
Esos indicadores interanuales que van más allá de las conjeturas no estarían alcanzando para explicar el porqué de una merma cuya principal característica pareciera ser una ruptura de la lógica imperante durante los últimos años. Y aunque valga la pena destacar esta abrupta caída de los indicadores de violencia altamente lesiva, no deja de ser un período corto para entender estas notorias diferencias como resultado de cambios profundos.
Datos
Según la información colectada por este diario a partir de fuentes oficiales las cifras siguen siendo sorprendentes para una ciudad que se había acostumbrado a convivir con la violencia letal en los barrios más alejados del centro. De los 58 homicidios perpetrados al 30 de junio, 17 ocurrieron en enero, ocho en febrero, once en marzo, ocho en abril, nueve en mayo y cinco en junio. Casi todos los meses ofrecieron totales más bajos en los años precedentes contando a partir de 2014.
Entre las 52 víctimas hubo 47 hombres y 11 mujeres, diez menos que en el primer semestre de 2023. De esos once casos, hubo tres femicidios en contexto familiar o de pareja: una mujer asesinada por su hijo, que además mató a la pareja de ella, y otras dos ultimadas por sus concubinos. Pero también hay casos que la Justicia está empezando a considerar como femicidios más allá de no verificarse, como era al principio, un contexto de violencia de género anterior entre víctimas y victimarios.
Un ejemplo de ello fue la imputación por femicidio a los sospechosos de haber asesinado a dos chicas a tiros en mayo porque iban en la moto de otra joven a la que al parecer estaban buscando para matarla. Ese y otros casos, en principio ligados a la narcocriminalidad, parecen empezar a tener abordajes distintos en cuanto a la tipificación de esos delitos. Al respecto cabe acotar que además de ese doble crimen hubo otros dos casos en los que se presume que las víctimas estaban ligadas a la venta de drogas.
En cuanto a las edades, en el primer semestre del año fueron asesinados seis adolescentes de entre 15 y 19 años; nueve jóvenes de entre 20 y 24, y ocho que tenían entre 25 y 29 años. Entre las víctimas mayores, 16 tenían entre 30 y 39 años, nueve tenían entre 40 y 49, y otras nueve eran mayores de 50 años.
Las zonas donde se perpetraron los 58 homicidios del primer semestre también han variado respecto de los últimos años. En barrio Ludueña, cuyas calles fueron rehenes de sangrientas batallas entre gavillas por el control del polirrubro delictivo que disparó la tasa de homicidios, se registraron dos crímenes por cuestiones intrafamiliares. En Empalme Graneros y otros barrios que también supieron de violentas disputas similares, como Parque del Mercado, Parque Oeste, 7 de Septiembre y Nuevo Alberdi, se registró un asesinato en cada uno.
Hubo cuatro barrios con tres o más hechos, al parecer por cuestiones ajenas a móviles narco: Tablada, Villa Manuelita y Belgrano. Hay barrios donde se registraron casos inscriptos en esa circunstancia como Parque Casas, con cuatro asesinatos —tres en tres días y en la misma esquina— y barrio Alvear, con tres muertos en dos episodios.
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Asimismo, la merma de homicidios también se palpa en el resto del departamento Rosario. En Villa Gobernador Gálvez hubo hasta el 30 de junio dos crímenes, mientras que en Pérez y Granadero Baigorria fueron uno en cada una. Además fue asesinado un hombre en su casa de Carmen del Sauce y otro apareció muerto calcinado en un camino rural de Alvear.
Armas
En cuanto a los medios empleados para matar el dato más relevante en este nuevo mapa parece ser el uso de arma de fuego. En el primer semestre de este año hubo en Rosario 38 personas asesinadas a balazos, muchísimo menos que las 129 del primer semestre del año pasado, las 122 de 2022 e incluso las 72 del pandémico 2020. Para entender la magnitud de esa disminución puede decirse que las cifras más bajas en ese sentido se habían registrado en los primeros seis meses de 2017 y de 2019, cuando mataron a balazos a 67 y 68 personas respectivamente.
Esta disminución no obedece solo al azar que a veces define por milímetros la diferencia entre la vida y la muerte a balazos. También se verifica en un indicador determinante en este aspecto como los heridos por arma de fuego. El OSP también revela en ese sentido que en los primeros cinco meses de 2024 hubo 175 personas heridas de bala en Rosario; en el mismo período del año pasado fueron 441. Es evidente que hubo menos gatillazos.
La baja en el uso de armas de fuego a la hora de matar es más notable cuando se verifica que otros medios como las armas blancas o los golpes se mantienen en las mismas cifras que años anteriores. En los primeros seis meses de 2024 se cometieron once homicidios a puñaladas; en el primer semestre de 2023 fueron doce, en 2022 nueve, en 2021 siete y 15 en 2020. Lo mismo puede decirse de los crímenes perpetrados a golpes u otros medios, que en el período analizado fueron nueve.
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Esta variante respecto de las armas abre otra dimensión en cuanto a la violencia, que pareciera ser menos “organizada” y más enfocada en los tradicionalmente llamados “crímenes interpersonales”, que obedecen a conflictos entre sus protagonistas en los que no siempre se usan armas de fuego. Al menos cinco de los crímenes del primer semestre fueron intrafamiliares y siguen en investigación casos en los que no se establecieron los móviles pero no se descartan golpizas e incluso linchamientos.
Estos casos pueden tomar más relevancia en las cuentas a partir de la reducción de los hechos vinculados al crimen organizado. Sin embargo, en comparación con períodos anteriores se mantienen en los mismos niveles. En el primer semestre de este año hubo 14 homicidios por “conflictos interpersonales” y en el mismo período de 2023 fueron doce, según el informe del OSP que también nota una caída interanual del 82% en los homicidios en ocasión de robo.
El mismo trabajo destaca también que los homicidios vinculados con economías ilegales descendieron un 67% en comparación con el primer semestre del año pasado. También se detectaron disminuciones, según el OSP, en los crímenes “por encargo”, ejecutados en virtud de un mandato o pacto previo, que fueron menos de la mitad. Esto implica también una reducción del 66% respecto del primer semestre de 2023. Ambas disminuciones podrían explicar tanto la merma general como los motivos principales, ya que ese tipo de asesinatos sigue siendo el móvil en un 60% de los hechos.
Tiempo
Con esta información podría concluirse que en lo que va del año se han cometido muchos menos delitos disparando armas de fuego y que eso está vinculado con algún cambio en la dinámica de las organizaciones criminales que en la última década regaron de sangre la ciudad gatillando a diez manos. Sin embargo, más allá de considerarse prematuro o no hacer evaluaciones al respecto, nadie se animaría a afirmar que este panorama puede leerse como un cambio rotundo si no logra mantenerse en el tiempo.
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En principio, porque la violencia sigue manteniendo a los rosarinos en jaque, ya sea en forma de muerte o de miedo, tal la huella indeleble que dejaron los cuatro asesinatos al azar de trabajadores nocturnos durante la segunda semana de marzo. Una trama cuyo esclarecimiento parcial no termina hasta ahora de explicarla. Y que demuestra la fragilidad de una ciudad donde la perversidad es capaz, todavía, de poner a un pibe de 15 años en chancletas a la altura de un villano de película.