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Tal como el año pasado, la mayor cantidad de homicidios se perpetró en enero, con veinte casos. En febrero fueron doce, en marzo siete, en abril nueve. En mayo, el segundo mes más violento del año, fueron 16 crímenes. Luego hubo una merma de cuatro meses con siete hechos en junio y en agosto, seis en julio y tres en septiembre. Las cifras escalaron hacia fin de año con nueve en octubre, ocho en noviembre y once en diciembre.
Una de las variables que más explicaciones puede ofrecer el registro sobre la violencia letal es el medio empleado por los homicidas. La gran disminución observada en 2024 fue acompañada por una abrupta reducción de los asesinatos cometidos con armas de fuego que ese año fueron 62, un 68% ampliamente inferior al 85% del período anterior. En el repunte del año pasado también se observó un aumento en el uso de pistolas: al menos 87 homicidios se perpetraron gatillando, un porcentaje del 75%. Un incremento significativo que, sin embargo, sigue por debajo de los números de la década más violenta.
Los medios utilizados para matar también ofrecen datos sobre los tipos de violencia que se ejercen. Mientras no hubo cambios en la cantidad de hechos con armas blancas _14 el año pasado contra 13 el año anterior_ se redujeron los casos de gente asesinada por golpes, incendios o asfixia, que en 2024 fueron 16 y el año pasado seis.
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En cuanto al uso de arma de fuego siempre conviene agregar a las cuentas los hechos que terminan con heridos. Según información del OSP, fueron 363 en el departamento Rosario hasta noviembre del año pasado (33 más que los registrados en los primeros once meses de 2024). Una dinámica que no siempre coincide con la letalidad de los hechos, pero que verifica las cifras más altas en enero, agosto, septiembre, octubre y noviembre. También en este aspecto las cifras no alcanzan la mitad del promedio de 800 personas baleadas que llegaron a contarse en los primeros años de esta década.
Escenas violentas
Otro aspecto que puede hablar sobre la violencia que se ejerce en las calles rosarinas tiene que ver con la cantidad de hechos en los que matan a más de una persona. En líneas generales, en los últimos años solía tratarse de balaceras al voleo perpetradas como “mensajes” en el marco de conflictos territoriales entre grupos criminales antagónicos.
En ese sentido cabe recordar que en 2024 se produjeron siete dobles homicidios, cifra que el año pasado se redondeó en seis hechos con más de una víctima: dos casos con tres personas asesinadas y cuatro con dos. En aparentes conflictos por venta barrial de drogas, fueron asesinadas dos mujeres en enero en Esmeralda al 2400, escena similar a las registradas en un triple crimen de Villa Banana en febrero y dos más recientes: uno en barrio Las Flores, donde acribillaron a tres personas que estaban en torno a un puesto de venta de drogas, y un doble crimen con cuatro heridos en La Lagunita.
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Ese tipo de violencia usualmente asociado a las economías delictivas a veces tiene otros motivos, como en el doble asesinato de una mujer y un hombre a manos de la expareja de ella ocurrido en abril en una pensión del barrio Triángulo y Moderno. Hechos en los cuales el ataque contra una persona puede tener como resultado la muerte de otra más que eventualmente la acompañaba, como también sucedió en el barrio 7 de Septiembre con el doble asesinato de dos hombres que estaban en un auto.
Sube y baja
La violencia en las escenas mucha veces —no siempre— puede explicarse a partir del contexto que envuelve los casos. Una primera mirada sobre los homicidios de 2025 en el departamento Rosario permite ver un descenso de aquellos vinculados con economías ilegales y conflictos entre pandillas que se dirimen a tiros en las calles, y también de lo que se podrían denominar crímenes por encargo. Durante 2024, la abrupta disminución de los hechos no se verificó en cuanto a los casos vinculados con organizaciones criminales, que fueron seis de cada diez. El año pasado, según el OSP, el porcentaje de los crímenes de ese tipo se redujo un poco y orilló el 57%, al menos según la información proporcionada hasta noviembre.
En 2024 se habían reducido aún más los hechos perpetrados a partir de un pacto previo o encargo, que estuvieron en el orden del 40%. Ese porcentaje volvió a bajar el año pasado, según las cifras publicadas hasta noviembre por el OSP, hasta un 30%. Esas disminuciones tienen correlato en el aumento de los casos motivados por conflictos interpersonales, que suelen ser más espontáneos y no siempre planificados. En 2025 esa cifra comenzó a subir hasta un 25% de los hechos y superó el 21% registrado en 2024. El año pasado también se redujeron los homicidios en ocasión de robo: un 3,8% contra un 9% del año anterior.
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Los crímenes originados en conflictos barriales, violencia de género, viejas broncas personales o directamente arranques de locura que terminan en tragedia ofrecen otras lecturas, tal vez más de índole cualitativa, sobre la violencia en Rosario. Por ejemplo los cometidos en el marco de conflictos intrafamiliares, que en 2024 fueron siete y el año pasado al menos once: cinco mujeres asesinadas por sus parejas _en uno de los casos el hecho incluyó el homicidio de un hombre que estaba con la víctima_ y cuatro hombres asesinados por sus hermanos. Además un hombre de 78 años fue asesinado en su departamento de la República en un hecho en el cual fue imputada su esposa y otra mujer vinculada con ella, a quienes se les atribuyó un plan para quedarse con dinero de la víctima.
En ese sentido otros casos que llamaron la atención fueron el crimen de un hombre de 67 años que estaba jugando un picado de fútbol y fue asesinado a golpes por un rival en Villa Gobernador Gálvez y la muerte de un hombre en un departamento del macrocentro cuya investigación todavía se debate entre establecer si lo asesinó su novia o si, como dice la acusada, se trató de un suicidio. Incluso hubo un crimen en el que no apareció el cuerpo: el de un hombre desaparecido desde el 3 de enero en un hecho que tiene imputados a quienes la fiscalía acusó de haber calcinado el cadáver.
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En este aspecto del análisis empiezan a surgir datos que en su momento no estuvieron claros y que no podrán ser corroborados en esta mirada inicial, ya que las investigaciones no lograron avanzar lo suficiente. Entre estos están los restos no identificados aparecidos en marzo en un contenedor de residuos en 3 de Febrero y Maipú, el caso de un hombre de 42 años cuyo cadáver fue hallado en el río Paraná con un golpe en la cabeza que no se estableció si hubo intervención de terceros y el cuerpo en avanzado estado de descomposición encontrado en el canal Ybarlucea el 14 de octubre.
En ese marco, desde la Fiscalía Regional 2 confirmaron que la persona encontrada el 3 de septiembre ahorcada en un contenedor de residuos ubicado en Moreno y Ocampo se suicidó.
Otro dato a tener en cuenta sobre el impacto de los homicidios en la población: más allá del significativo aumento de los casos, no se registraron en 2025 hechos que causaran la conmoción pública observada en 2024 con los cuatro asesinatos al azar de trabajadores de servicios nocturnos o el doble crimen del jefe de la barra de Central Andrés “Pillín” Bracamonte y su ladero Daniel “Rana” Attardo. Si bien ocurrieron hechos vinculados a reordenamientos en las barras bravas de Newell's y Central, no llegaron a tener un gran impacto público.
Mujeres y edades
En cuanto al género de las víctimas, en 2025 mataron a 16 mujeres y a una persona no binaria. Si bien fueron tres más que en 2024, la cifra sigue siendo más baja que los 20 casos anuales que se registraban en Rosario antes del desborde de 2022, cuando fueron 62.
Según establecieron las investigaciones hasta el momento, cinco de las víctimas fueron asesinadas por sus parejas, dos fueron ultimadas en la calle y en presencia de sus hijos, como la joven asesinada con su bebé en brazos cuando bajaba de un remís en barrio Godoy y la peluquera acribillada por error en un hecho en el que también fue herido un hijo adolescente.
Al menos nueve mujeres fueron asesinadas en el marco de conflictos narco a los que podían incluso ser totalmente ajenas y las pesquisas deberán establecer en cuáles hechos los responsables podrían ser imputados por femicidio.
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Contrastando alzas y bajas entre períodos recientes, en cuanto a las edades surge a primera vista una disminución de las víctimas más jóvenes. Hubo dos chicos de menos de 14 años asesinados con armas de fuego y fueron diez los adolescentes asesinados de entre 15 y 19 años, menos que los trece registrados en 2024.
A medida que las víctimas son más grandes aumenta la cantidad de casos. Una de las franjas etarias que suelen acumular la mayoría de las víctimas es la que va de 20 a 24 años, que el año pasado registró catorce hechos. Pero los casos fueron más, 19, entre los de 25 y 29 años. Quince de las víctimas tenían entre 30 y 34 años; diecisiete tenían entre 35 y 39. Las que tenían entre 40 y 49 años fueron 22 y catorce tenían más de 50.
En el mapa
De los al menos 116 homicidios cometidos en el departamento Rosario en 2025, en esta ciudad se perpetraron 94. Así como se incrementaron los números en el principal municipio también pasó en otras ciudades, aunque la diferencia más notoria fue en Villa Gobernador Gálvez donde los crímenes se dispararon de cuatro en 2024 a trece el año pasado. En Pérez se registraron cuatro _uno en el barrio Cabín 9, fronterizo con el rosarino barrio Godoy_ y en Granadero Baigorria volvieron a producirse dos.
En jurisdicción de Alvear se contó el homicidio de un chico de 15 años asesinado por un presunto robo de caballos y en Pueblo Esther mataron a un hombre sobre la ruta 21. Asimismo, se registró un crimen en la cárcel de Piñero.
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Respecto de las zonas y los barrios rosarinos, la mayoría de los homicidios se concentró _al igual que en 2024_ en el sur de la ciudad. En la llamada zona sur, desplegada entre el río Paraná, Ovidio Lagos y el arroyo Saladillo, fueron al menos 27 hechos, con cinco casos en barrio Hospitales, otros cinco en Tablada, cuatro en Las Flores y la República de la Sexta, dos en Las Flores Este, dos en Saladillo y siete se repartieron en los barrios Plata, La Guardia, Puente Gallego y San Martín Sur.
En la zona sudoeste hubo 26 y ahí están los barrios donde más homicidios se perpetraron durante 2025: siete fueron en los sectores que se conocen como Triángulo y Moderno, seis en barrio Godoy (tres de ellos en la zona de 27 de Febrero al 7800), cuatro fueron en Villa Banana, tres en barrio Alvear, otro tanto en La Lagunita y dos en el barrio Toba de esa zona.
En las barriadas de la zona norte se contaron 18 asesinatos, cinco de los cuales fueron en Ludueña, tres en Nuevo Alberdi y seis entre Empalme Graneros, Larrea y el Industrial. En la zona oeste se constataron doce hechos entre los barrios Belgrano, Bella Vista, 7 de Septiembre, Gráfico y Parque Oeste.
Más allá de los números
La dinámica de los homicidios en Rosario no puede atribuirse a un solo factor. Si bien durante más de diez años obedecieron a los dictados de las economías delictivas, caracterizadas por bandas polirrubro gerenciadas desde cárceles para cometer todo tipo de delitos violentos en torno a la venta minorista de drogas en los barrios, esa no es la única expresión de violencia en la zona. En tal sentido, el aumento de los crímenes interpersonales ofrece datos para lecturas que vayan más allá de los vaivenes de la actividad delictiva.
Y los números observados en el departamento Rosario durante 2025, con aumentos y disminuciones según qué se decida comparar, también ofrecen un cúmulo de lecturas que no deberían soslayar aquello que los números no alcanzan a reflejar en su verdadera dimensión: el año 2025 terminó en Rosario con más de 100 familias destrozadas con la irremediable pérdida de alguno de sus miembros. Vecinos que se suman a esa lista creciente de miles de rosarinos que, en los últimos 15 años, incorporaron a sus vidas cotidianas un dolor que no se puede inscribir en ninguna lista y escapa a cualquier análisis que se intente al respecto.