El sábado, pasadas las 19, una moto negra se desplazaba por Lavardén al 5500 (ex Olivé), en el corazón de Empalme Graneros. Se detuvo frente a una casa con tapial blanco y rejas negras, bajó un hombre y con sus manos llamó dos veces para que saliera alguien de la vivienda. La que atendió fue Natalí Macarena Blanca, de 17 años. El hombre no le dijo nada y le disparó no menos de tres veces. Dos tiros impactaron en el cuerpo de la adolescente: uno en el abdomen y otro en el muslo izquierdo. Su padre, al salir y verla en el piso desangrándose, la cargo en un auto y la llevó al Hospital de Emergencias donde llegó sin vida. La policía concurrió al lugar un rato después y debajo de las ramas taladas de un pino que está frente a la casa levantó dos vainas servidas calibre 9 milímetros.
Ayer a la tarde Marcelo Blanca, un albañil de 55 años, no podía creer que hubieran matado a su hija. “Nati era una nena rebuena, se habrán confundido. Eran como las 19 cuando se paró una moto en la puerta de mi casa, un tipo aplaudió para que saliera alguien y cuando la vieron le tiraron. Ella justo se iba la casa de un amiga a plancharse el pelo. No se más”, dijo con los ojos rojos de dolor.
Familiares de la chica contaron que Natalí iba a 2º año del colegio “Las Heras”, de Falucho y Clivetti, también en Empalme Graneros. “Decía que cuando se recibiera iba a estudiar para ser policía”, contó un pariente.
La adolescente era conocida por todos en el barrio. Algunos vecinos la tenían como “una nena buena, menudita y simpática”. Pero de lo ocurrido nadie sabía nada. “Hay droga en el barrio, eso se sabe, pero nosotras no vimos nada”, contó un grupo de mujeres que tomaban mates en la vereda sugiriendo una pista del por qué del hecho.
Recorriendo la manzana, otro vecino recordó que “la piba tiene un hermano, Maxi, que creo que está preso por venta de drogas. La casa la allanó la policía un par de veces y no es la primera vez que los balean. Dicen que los hermanos venden drogas y que por ahí ella pagó una deuda con su vida o bien pudo estar en el tema. No sé si el padre sabía”, contó el hombre.
Natalí vivió siempre en esa calle, todos la conocían y varios la llamaban “Camila”. También conocían a sus hermanos. “Ella no sé, pero creo que los hermanos vendían drogas”, dijo otra vecina. Dos versiones sobre las que trabajará el fiscal Gustavo Ferlazzo, a cargo de la investigación: una confusión o bien un tema vinculado al narcomenudeo en un barrio que del tema sabe mucho y ya ha tenido varias víctimas fatales.
Empalme Graneros es uno de los barrios en los que la muerte de niños y adolescentes por el narcomenudeo no son extrañas. El 9 de febrero de 2017 Kevin Aguirre, de 16 años, fue víctima de la batalla demencial por el territorio para venta de drogas. Tras el crimen, allegados y vecinos incendiaron el búnker de Magallanes al 300 bis como respuesta.
Revisando crónicas policiales anteriores, en junio de 2015 fue asesinado Rolando Mansilla, un chico de 12 años que custodiaba un búnker en Empalme Graneros en la que se comercializaban drogas y estaba regenteado, según la Justicia, por una banda liderada por una familia de apellido Albornoz.
Las condiciones en las que vivían Rolando y su hermano de 10 años eran terribles. El adolescente fue baleado cuando llevaba un brasero para calentarse y su hermanito, dijo la Justicia, era quien entregaba desde el interior del búnker las dosis a los compradores de cocaína que llegaban al barrio. Como custodio sólo tenía un perro Rottweiler, pero no podía salir y debía hacer sus necesidades en botellas.
El fiscal Ferlazzo ordenó ayer a los agentes de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) que recogieran testimonios en el lugar y relevaran las cámaras de vigilancia públicas y privadas que pudiera haber en la zona y avenidas aledañas además de ordenar la autopsia del cuerpo en el Instituto Médico Legal.