"Antes por lo menos había un código, las balaceras eran a la noche o de madrugada. Ahora es a cualquier hora del día y los que quedan expuestos son los chicos". Así describió una vecina del barrio Ludueña la situación que se vive a diario. Tras una serie de tres homicidios y varias balaceras, que incluyeron una víctima de 8 años herida de gravedad, el barrio transcurrió días muy tensos. Puede hablarse de recrudecimiento de la violencia, pero también de la continuidad de una problemática que se mantiene vigente con el paso de los años y cada tanto tiene sus escaladas. En Ludueña durante 2021 hubo al menos diez homicidios e innumerables ataques a balazos, mientras que en lo que va de este año ya son cuatro las víctimas fatales.
El miércoles por la noche un niño de 8 años llamado Zamir resultó víctima de un ataque a balazos cuando salía de su casa de Tupac Amaru al 5400. La bala le entró por el pecho y le salió por la espalda, lo que implicó una herida de gravedad de la que de a poco se está recuperando. "Estoy bien ¿sabés?, mañana voy a jugar a la pelota", dijo el niño en un mensaje de audio que este viernes le mandó por WhatsApp a una vecina de Ludueña. Los deseos de pronta recuperación también van para Axel, un adolescente de la misma zona que fue herido en otro ataque.
Ante todo, entonces, lo que predomina entre los vecinos que hablaron con La Capital es el pedido firme de que no trasciendan nombres ni sugerencias de los lugares de los cuales salen los comentarios. Eso habla de un aspecto particular: los protagonistas de estas historias, que podrían catalogarse entre víctimas y victimarios, conviven en las mismas calles y pasillos. Cuando un mensaje trasciende el emisor puede ser identificado y eso conlleva la posibilidad de una represalia.
Nada nuevo en Ludueña
Además del ataque a balazos del que resultó herido Zamir se registraron otros hechos similares. Uno en Solís y Navarro, donde hirieron en el abdomen a un hombre de 36 años y a un adolescente de 17 que recibió un balazo que le atravesó el brazo izquierdo. En otro episodio, con las mismas características pero en la zona de Tupac Amaru y Larrea, un chico de 16 recibió un disparo en una pierna. También hubo otras balaceras, aunque sin heridos, en las zonas de Panambí al 200 bis y Felipe Moré al 100 bis.
Ante esta escalada se supone un recrudecimiento de la violencia en las calles de Ludueña. Sin embargo para los vecinos del barrio se trata de una problemática que toma estado público ante casos resonantes, pero que en realidad se sostiene en el tiempo. "Esto es de siempre, hace años. Nada más que ahora se ve peor. Antes por lo menos había un código, las balaceras era a la noche o de madrugada. Ahora es a cualquier hora del día y los que quedan expuestos son los chicos", dijo una mujer del barrio en diálogo con este diario.
El panorama de la vida cotidiana en estos sectores de Ludueña da cuenta que nada empieza ni termina con un niño herido, sino que es sobre todo una consecuencia tremenda. El relato de lo que sucede a diario sugiere posibles contextos. "Acá ves a los chicos que andan descalzos, que andan de noche. Si pasás por Eva Perón (la avenida, a pocas cuadras del barrio) vas a ver a todos los chicos pidiendo. Hay chicos que no comen ni al mediodía ni a la noche. Esa es la realidad que vivimos", contó la vecina. El lugar en donde ocurrieron los casos recientes habla por sí solo: las casas precarias encimadas sobre las vías y la ausencia total de recolección de residuos describen a un escenario sumido en el olvido.
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Lo que cuenta esta vecina sobre los pibitos descalzos o que piden en la avenida, que tiene como protagonistas sobre todo a niños o preadolescentes, se vuelve todavía más complejo cuando habla de los jóvenes que van creciendo. Entre los vecinos y referentes sociales del barrio coinciden en que hay pibes que alguna vez participaron de alguna actividad o taller y hoy andan por otros caminos. "Hay chicos acá en el barrio que ahora los ves en la esquina de la escuela con un arma. Los alumnos tienen que pagar como un peaje a estos pibes", dijo esta mujer.
"Ahora el que no tiene un arma es un gil", agregó para dar cuenta de otro aspecto que tiene que ver con aquello de las motivaciones que encuentran los jóvenes para sostener un grupo y construir una identidad a pesar de los peligros que implica. Entre la violencia y la precariedad que esta mujer describe pareciera haber una relación que ella resumió en una frase tan repetida como certera: "Acá no conseguís comida pero sí conseguís armas".
Otro aspecto sobre el cual llama la atención es la desconfianza a la comisaría 12ª, ubicada en Solís y Casilda. "Nunca vayas a la 12 porque ellos saben primero que vos lo que pasa y si denunciás también van a saber que fuiste vos", comentó la vecina como si se tratase de un axioma a tener en cuenta para entender la verdadera complejidad de los asuntos que trascienden cada tanto con un homicidio o un niño herido. "Los vecinos saben todo, pero quién va a querer hablar", agregó.
Movimientos
"No se si esto es un recrudecimiento o la continuidad de este plan sistemático de exterminio de pibes", sostuvo en diálogo con este diario un hombre con su vida recorrida en Ludueña y atravesada por la pérdida de muchos allegados asesinados en los últimos años. "Los medios de comunicación lograron su objetivo: que se piense que mientras se maten entre ellos está todo bien. Lamentablemente se logró la naturalización frente a cosas que vienen pasando no en Ludueña sino en todo Rosario", agregó.
"Esta cuestión viene de arriba. Se habla de sicariato o narcomenudeo, pero nunca se toca a nadie de arriba ni se mira a la complicidad policial o política", analizó. Si bien considera que se trata una problemática con varios años de historia, indicó que puntualmente en el inicio de la pandemia de Covid 19 se vio en Ludueña un verdadero recrudecimiento de todo lo que ya venía pasando. Las consecuencias de la ausencia de trabajo y otros derechos básicos se profundizaron tanto como se acentuó la violencia. "Hay liberación de zonas, la connivencia de la milicada es impresionante", sostuvo.
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Para este vecino en el último tiempo la dinámica de las bandas dedicadas a la venta de drogas u otros delitos se reconfiguró tras la llegada al barrio de actores de otras zonas. Eso implica que los hechos violentos no solo se deban a disputas por narcomenudeo de grupos del mismo barrio. "Viene gente del Cordón Industrial, de Las Flores, de Tablada, de Villa Banana, de Villa Gobernador Gálvez. Se van moviendo porque en sus lugares están quemados. Entonces se van a otros barrios, tratan de echar a la gente, las balean para ver si pueden quedarse con la casa", explicó.
En ese sentido los vecinos hablan de muchos hechos que no trascienden pero que ocurren casi a diario. Además de los homicidios o las balaceras aparecen los desalojos forzosos que concluyen en casas usurpadas. Así lo resumió la vecina que habló con este diario: "Acá a la vuelta le sacaron la casa a una chica que tiene 6 pibes, allá en la otra cuadra le sacaron la casa a otro hombre, allá a otra chica y al lado de la escuela a otra mujer. ¿Cómo se puede vivir así?".
Las víctimas fatales
Durante 2021 hubo al menos diez homicidios en las calles de Ludueña. Muchos de esos hechos fueron parte de las disputas entre bandas y algunos otros, según los vecinos, fueron consecuencia de ataques al voleo para instalar temor en las calles del barrio.
A fines de febrero del año pasado Hernán Jorge Almaraz, de 44 años y conocido como "Coqui", fue corrido por una persona hasta el interior de su casa de Gandhi al 6000, donde lo acribillaron delante de sus cuatro hijos. La víctima era tío de Franco "Milanesa" Almaraz, uno de los nombres que suelen trascender en Ludueña cuando se habla de las disputas por la venta minorista de drogas.
Misael Godoy, de 17 años, fue asesinado en otro contexto la noche del 2 de mayo en un pasillo de Humberto Primo y Camilo Aldao. El chico vivía en la zona sur pero esa tarde había ido a Ludueña a la casa de su novia para ayudarla a vender choripanes para recaudar fondos de cara a los festejos del cumpleaños número 15 de ella. Estaba parado en el pasillo cuando desde una moto arremetieron a balazos que, según los vecinos, iban dirigidos a una mujer que resultó herida pero sobrevivió.
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Entre estos dos tipos de hechos extremos se dieron los otros ocho homicidios registrados en la zona en 2021, todos mediante uso de armas de fuego. José Francisco Bret, de 41 años, en Esquiú y Felipe Moré. Sebastián Vallejos, de 17 años, en Barra y Bielsa. Gonzalo Godoy, de 19 años, en Ghandi al 5900. Rodrigo Javier González, de 21 años, en Einstein al 5600. Gerardo Gabriel Miqueo y Miguel Ángel Farías, de 43 y 23 años, en un mismo hecho en Teniente Agnetta y Ghandi. Sebastián Gregorio Fernández, de 26 años, en Tupac Amaru y Larrea. Vicenta Graciela Muñoz, de 46 años, en Garzón al 100.
En tanto en lo que va de 2022 ya fueron asesinadas cuatro personas en este barrio. El 25 de enero mataron en la puerta de su casa de Casilda al 5900 a Williams Agustín Rillos, de 17 años. El fin de semana pasado, en un mismo ataque a balazos en Vélez Sarsfield al 5500, asesinaron a Iván Nicolás Ferreto y Sebastián Eduardo Ibarra, de 23 y 39 años. Y un día después, en Vergara al 2200, los balazos mortales fueron para Brian Ortigoza, de 26 años.