Mafia es un concepto polisémico. Es decir que tiene más de un significado. Dentro de una modalidad de crimen organizado podemos verlo como una industria que promueve todo tipo de tropelías, desde la protección privada hasta la venta de drogas pasando por la usurpación de bienes y la extorsión. En muchos barrios de la ciudad “la mafia” puede ser la empresa a la que siempre se le debe, a la que siempre hay que tributar. Una especie de la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos) de la calle. En los monoblocks de Monte Flores al 7100, en barrio Francetti, “la mafia” ganó otra vez. Una familia con sus hijos de 11, 9 y 5 años se fueron del barrio por temor a ser asesinados. Entre el sábado y el lunes a la tarde su departamento, ubicado en el primer piso del consorcio 2, escalera 5, fue atacado con 18 balazos calibre 9 milímetros en dos oportunidades. “Tengo que agradecer que no me mataron a ninguno de mis hijos. Ellos veían una sombra frente a la puerta y abrían el postigo. ¿Y si me mataban a uno de los chicos? Me moría con ellos”, explicó Angela, de 30 años, la mujer que el sábado armó un par de bolsos y se fue de los monoblocks.
Hace tres semanas, el jueves 17 de junio, Rubén Ramón Rendil, de 54 años, fue ejecutado a balazos en el pasillo donde vivía en Monte Flores al 7100, entre Guatemala y México, zona oeste. Rendil recibió varios impactos de calibre 9 milímetros y en la escena se hallaron ocho vainas servidas y dos impactos en un Peugeot 306 estacionado. Los agresores eran dos sicarios que llegaron en una moto. La víctima vivía con su pareja y sus hijos en una casa que tiene un portón que da a un patio interno. El 15 de abril pasado, en un hecho de similares características, dos hombres en moto estacionaron frente Rendil cuando estaba en la puerta de su casa con una criatura en brazos y el acompañante comenzó a dispararle. Las balas lo alcanzaron en el cuello, la espalda, un brazo y el glúteo. Fue atendido en el Hospital de Emergencias y pudo sortear la muerte.
Rendil era tío de la pareja de Angela, hermano de la madre de hombre. “Nosotros no tenemos nada que ver con el hombre que mataron enfrente. Yo no me meto en la vida de nadie. Vivo, vivía en mi casa. A mi no me importa que es lo que hacían ellos. Lo que sí se es que esto tiene que estar relacionado con eso. Primero mataron al hombre y ahora atacaron la casa de la hermana. Porque esta casa es de mi suegra y de mi marido”, indicó conmocionada Angela.
Aquel ataque se contextualizó en una disputa territorial en una zona en la que la venta de droga estaría bajo el mando de Ariel Maximiliano "Chanchón" Cantero y Alexis Claudio "Tartita" Schneider, ambos hijos de Ariel Máximo "El Viejo" Cantero. En barrio Francetti nadie se anima siquiera a mencionar el apellido Cantero.
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Dieciocho balazos en dos secuencias recibió la fachada de un departamento de Monte Flores al 7100.
La mafia
En los últimos años “la mafia” se impuso en Rosario como una marca, como un sello, como una marca de agua. Primero fue en el marco de los ataques contra edificios públicos e instituciones. Tiempos de “con la mafia no se jode”. Luego fue el turno de los homicidios, bajo el mismo tenor. En noviembre de 2018 el prestamista Lucio Maldonado quedó al costado del camino con tres disparos en su cuerpo y el dejaron mensaje de "Con la mafia no se jode". Y luego quedó como firma en innumerables balaceras, intimidaciones públicas y extorsiones. La escena que le tocó vivir a Ángela y los suyos tienen los lugares comunes de los ataques para intimidar a la víctima para que lo deje todo y se vaya del lugar en el que vive.
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Rubén Ramón Rendil, de 54 años, fue asesinado el 17 de junio pasado frente a los monoblocks de barrio Francetti.
El ataque sobre esta familia tuvo dos secuencias. Una, la más traumática y la que originó que la mujer armara el bolso y se llevara a sus hijos de los monoblocks, ocurrió el sábado. Al menos un tiratiros subió hasta el primer piso del monoblock donde vivia la mujer con sus hijos y dejó pegada en la pared una nota que rezaba “en 24 horas me dejan la casa o ya saben. La mafia!!” y acto seguido comenzó a disparar contra la puerta de chapa de ingreso al departamento: fueron al menos 9 balazos. Del otro lado tres nenes de 11, 9 y 5 años miraban televisión. “Este mueble se comió todos los impactos y fue lo que salvó a mis hijos, que se tiraron al piso. Por eso no me los mataron”, contó la mujer.
El otro hecho, con una mecánica similar, ocurrió este lunes pasadas las 19. Otros nueve balazos dieron contra la fachada del departamento. Para ese momento Ángela y su familia ya no estaban en la casa. Detrás de la puerta habían colocado una heladera para que absorbiera el plomo intimidante. “Nosotros ya no estamos acá. Me avisaron los vecinos por el grupo de WhatsApp del Fonavi”, contó la mujer.
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“La verdad es que no sabemos que es lo que quieren. Si es el departamento, se los regalo. Yo me voy a la mierda. Pero no puedo vivir exponiendo a mis tres hijos. ¿Qué pasa si me los matan? Ellos no pueden andar por la calle. Esta tarde yo andaba por la calle cuando atacaron la casa. ¿Y si me agarran por la calle y me los matan? ¿Qué hago?”, relató.
La mujer tiene turno hoy por la mañana en la comisaría 32ª para realizar la denuncia por el ataque del sábado pasado. “A nosotros nos cuida el Señor. Fui a la Fiscalía el domingo y no me atendieron porque era domingo. En la seccional 32ª lo mismo. Ahora tengo turno para el miércoles porque no había quien me tomara la denuncia. ¿Cómo quieren que siga?”, reflexionó la víctima de un nuevo hecho de abuso de armas donde la que ganó fue la mafia. El caso quedó en manos de la fiscal de la Unidad de Flagrancia María de los Ángeles Granato.