Ovación

Súper vergüenza

Boca y River jugaron sólo 45' porque los violentos se superaron arrojando gas pimienta a los jugadores millonarios cuando salían a jugar el segundo tiempo.

Viernes 15 de Mayo de 2015

El 14 de mayo es celebrado en Argentina como el Día del Futbolista, por aquel gol de Grillo a los ingleses (ver página 16). Pero el de ayer, el del 2015, será recordado por siempre por una tragedia, accidental (ver páginas 2 y 3), y otra que por suerte no fue pero que bordeó todo el tiempo, en un escenario de locura que, en vista de todo lo que pasó, habrá que agradecer que no fue peor. Boca y River terminaron el superclásico que acaparó la atención del país (y el mundo) de la forma más bochornosa, suspendido como no ocurría desde hacía 84 años. La pimienta que tenía el partido decisivo por los 8º de final de la Copa Libertadores se transformó en algo más real que nunca cuando a los jugadores millonarios, hinchas xeneizes emboscados detrás de la manga le tiraron gas en la cara cuando salían a jugar el segundo tiempo. Luego de una hora de interminables conciliábulos, el árbitro dio por suspendido el encuentro con el resultado hasta el momento: 0-0, pero al vestuario se fueron recién más de una hora después. ¿Qué pasará ahora? ¿Proseguirá? ¿Se le dará ganado al equipo de Gallardo? Parece mentira que quedó como lo menos importante.
El primer tiempo terminó a pedir de River (ver aparte) pero la llave estaba abierta para Boca. Nada estaba dicho como para generar semejante intimidación de los intolerantes que demostraron saber superarse en ingenio. Uno o más hinchas xeneizes ubicados detrás de la manga de salida del vestuario de River, logró "colar" el gas pimienta y una parte del equipo millonario quedó seriamente afectado en los ojos y la piel: Leonardo Ponzio el peor, Ramiro Funes Mori, Leonel Vangioni, Matías Kranevitter y Sebastián Driussi. Pero debieron pasar 72', donde se vieron varios personajes extraños (¡hasta el presidente de River Rodolfo D'Onofrio entró al césped!), donde los futbolistas fueron revisados por los médicos del control antidóping, para que finalmente la voz del estadio anunciara que por decisión de la Conmebol el partido se suspendía. Y una hora más para que los jugadores de River pudieran irse al vestuario, en la segunda parte del bochorno.
Ese final fue casi tan traumático que lo anterior. Porque luego de un primer intento fallido de la delegación millonaria de irse por el camarín del árbitro, los técnicos acordaron retirar a los jugadores juntos. Pero mientras a Marcelo Gallardo lo siguieron los suyos, sólo el Vasco acompañó el trayecto hasta que pasó el último por la manga, mientras esperaba adentro el presidente xeneize Daniel Angelici. Sus futbolistas se quedaron atrás y, a instancias de Agustín Orion, levantaron los brazos hacia la Doce, en una actitud repudiable contraria a la grandeza que el momento exigía.
La sensatez increíblemente la dio la mayoría del público que se fue retirando de La Bombonera mucho antes del anuncio de la suspensión. Pero una minoría se quedó hasta el final amenazando y arrojando proyectiles, con total libertad porque los encargados del operativo de seguridad eligieron no reprimir. Los protagonistas de River, que fueron los únicos que hablaron, fueron muy medidos en sus declaraciones y no le echaron leña al fuego. Inclusive, el más afectado, Ponzio, hasta deslizó: “quizás somos todos un poco culpables”. Al cierre de esta edición la delegación millonaria no había salido del estadio. El partido más lindo del mundo terminó en una súper vergüenza.

Berni conminó al veedor para que tome una decisión

El secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, fue el reesponsable de que se tomara una decisión sobre el superclásico. “Convoqué al veedor de la Conmebol porque estaba actuando con impericia y le di 5’ para que tome una decisión”, contó el funcionario nacional.
  “Era una incertidumbre lamentable”, subrayó Berni sobre los motivos que lo llevaron a interceder ante el veedor de la Conmebol.
  A su vez, Berni responsabilizó a Boca por los hechos violentos ocurridos en la Bombonera.
   “La responsabilidad es únicamente de Boca, es indiscutible eso. Hubo negligencia por parte del club a la hora de generar la seguridad interna”, declaró al programa televisivo Animales Sueltos de América.
   No obstante, al respecto de cómo ingresó el gas pimienta al estadio, Berni aseveró sobre el operativo de seguridad que “un cacheo es exactamente eso: un cacheo, no es garantía de nada”.
   En ese sentido, el funcionario avisó que realizarán una investigación sobre este hecho y que para tal fin pidió que se secuestre “al menos una camiseta para hacer análisis químico”.
   Y sobre la suspensión del encuentro, expresó: “Cualquier persona con sentido común sabe que cuando es alcanzado por gas pimienta pierde capacidad visual, respiratoria, genera broncoespamo".

La anterior suspensión por violencia fue en 1931

Tuvieron que pasar 84 años para que un superclásico se vuelva a suspender por incidentes. Aquel primer antecedente, del 20 de septiembre de 1931, ocurrió en la cancha de Boca, y el partido debió interrumpirse por la agresión de jugadores de River hacia el árbitro cuando igualaban 1-1. Se le dio ganado al xeneize por 1 a 0.
  River ganaba 1 a 0 con gol de Carlos Peucelle cuando sancionaron un penal a favor de Boca. Francisco Varallo lo pateó y luego de que el arquero Jorge Irribarren tapó el remate y también el rebote, no pudo detener el tercer intento del ejecutante de la pena máxima.
  Entonces jugadores de River se abalanzaron sobre el árbitro Enrique Escola reclamando falta sobre el golero. El desenlace fue la expulsión de Lago, Bonelli y Benavides.
Los expulsados se negaron a retirarse del campo de juego, mientras que el juez se retiró al vestuario porque adujo que fue agredido a puntapiés por los tres. El partido se suspendió antes del final del primer tiempo
  Hasta ayer, nunca más un superclásico había terminado antes de tiempo.

Hace 8 años se suspendió otro partido en La Bombonera

El último antecedente de suspensión de un partido por Copa Libertadores también involucra a Boca. Fue el 30 de abril de 2008, cuando un proyectil lanzado desde la tribuna impactó contra un línea en el choque con Cruzeiro, por los octavos de final del certamen continental. El asistente uruguayo Pablo Fandiño fue alcanzado en la cabeza por un hielo y el árbitro, su compatriota Jorge Larrionda, suspendió el encuentro un minuto antes de cumplirse el tiempo añadido en La Bombonera. Por el incidente, la Conmebol decidió “dar por concluido el partido con el resultado registrado al momento de la suspensión” que fue un 2-1 en favor del equipo argentino.

Poco fútbol y mucha fricción en los minutos disputados

Lo que sucedió dentro del campo de juego hoy quedó en un segundo o tercer plano. Pero no la suspensión no alcanza para soslayar que se jugó un tiempo. Aunque de fútbol hubo poco en los 45' que terminaron igualados sin goles.
Como todo partido donde hay mucho en juego, el comienzo estuvo marcado por los nervios y la fricción. La pelota volaba de un lado al otro, ya que ambos equipos abusaron del pelotazo.
A medida que avanzó el partido fue River el que le empezó a encontrar la vuelta al trámite. Con una férrea presión logró cortar los circuitos de juego del elenco local. Así controló el desarrollo, pero careció de poder ofensivo.
La primera chance del millonario llegó a los 9'. El volante Sánchez recuperó la pelota y habilitó al delantero Driussi, que eganchó dentro de área y remató por arriba del travesaño.
Una de las claves en el desarrollo fue que el volante Gago quedaba muy retrasado y el conjunto local perdía presencia en el mediocampo.
Gago, que debía manejar los hilos de su equipo no se encontraba con la pelota y estaba obligado a pensar más en el arco propio que en el ajeno.
La supremacía del millonario de a poco se fue diluyendo. Principalmente porque ya no estaba tan cómodo a la hora de manejar la pelota. Entonces, fue la imagen de Boca la que empezó a crecer.
Así, a los 24', el loca logró su primer acercamiento con una muy buena combinación en ataque que finalizó con un potente remate del delantero  Osvaldo a las manos del arquero Barovero. El ex Huracán volvió a fallar sobre los 36', cuando no pudo acomodarse en el área y definir.
Sobre el cierre de la primera parte la fricción llegó a su máxima expresión. Los jugadores comenzaron a buscar la pelota con una vehemencia injustificable, y si no hubo expulsado fue gracias a que el árbitro Darío Herrera prefirió calmar las aguas con un par de amarillas. Esa fue la última imagen del superclásico.

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