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Newell's ganaba pero se cayó y casi lo pierde

Parece mentira que ese Newell’s decidido, casi arrollador, seguro, que debió irse al descanso en el primer tiempo con una ventaja superior a la conseguida, terminó envuelto en dudas, sin convicción para volver a buscar y que casi termina por el piso ante un Godoy Cruz que, con mucho empeño y pocas ideas, a punto estuvo de llevarse todo. Fue empate, de esos que inevitablemente siembran dudas, porque así como invitó a ilusionarse como en las últimas fechas, no pudo dar ese salto de calidad

Jueves 08 de Octubre de 2009

Parece mentira que ese Newell’s decidido, casi arrollador, seguro, que debió irse al descanso en el primer tiempo con una ventaja superior a la conseguida, terminó envuelto en dudas, sin convicción para volver a buscar y que casi termina por el piso ante un Godoy Cruz que, con mucho empeño y pocas ideas, a punto estuvo de llevarse todo. Fue empate, de esos que inevitablemente siembran dudas, porque así como invitó a ilusionarse como en las últimas fechas, no pudo dar ese salto de calidad que dan los buenos resultados, producto de rendimientos acordes. Cuando hay dos equipos, sí o sí hay que preguntarse a cuál logrará parecerse en el futuro. De ahí que el valor del punto es sólo numérico.
  Encima tuvo que ser justo Leandro Torres el que lo amargó y el que a punto estuvo de hacerlo aún más en el final, cuando armó una gran jugada que Higuaín no pudo coronar. Habrá que preguntarse si en la cláusula de préstamo no debió impedírsele jugar (ver página 3), pero eso es harina de otro costal. Newell’s pasó de jugar bárbaro, de treparse a la punta, a ser impotente para mantener su presencia en el campo. Raro, sobre todo porque nunca pudo revertir el golpe del empate y jamás volvió a dominar, como sí lo hizo en el primer tiempo.
  Pero, ¿dónde estuvo la clave para entender este bajón? No sólo en el efecto psicológico de esa conquista cuando mejor jugaba, sino en la debacle táctica que tuvo por las bandas, que se acentuó cuando Godoy Cruz infló su confianza. Y es que para jugar con este sistema, el que más le gusta a Sensini, es necesario que los carrileros hagan el desgaste. Cuando no cubren los espacios, cuando dejan huecos a sus espaldas, los que lo sufren son los del fondo.
  Mientras Dolci y Vangioni tuvieron combustible fueron siempre, actuaron de rueda de auxilio de Sánchez Prette para alimentar a los delanteros y al tener mucho la pelota, sobre todo porque Bernardi les hacía bien el aguante, Roselli y Fideleff, los externos de la línea de tres, no tuvieron mucho trabajo. En cambio, cuando el Piri descargó las pilas la zaga sufrió horrores y Godoy Cruz halló los caminos a Peratta.
  Una pena. Porque en esa primera etapa, con todo el mundo encendido, Newell’s estaba para más que el 1-0. Bernardi era un imán para recuperar y el resto para jugar, sumiendo en la confusión al rival. Pero la peor cuña fue la del mismo palo, Torres les hizo perder la vertical y, aunque repartieron situaciones, la sensación final que siempre es la última que queda, dejó en claro que Godoy Cruz pudo llevarse el partido.
  Para entonces, Sánchez Prette tuvo una y en la siguiente asistió bien a Núñez, que cabeceó a cualquier lado. Pero lo cierto es que las situaciones no decantaron como las de la primera mitad, el juego leproso se deshilachó y pudo pasar cualquier cosa. Si hasta Peratta fue un símbolo de la sinuosidad, alternando muy buenas como en el tiro libre de Higuaín con rebotes fáciles, como en la que le sacó Bernardi a Jara.
  Venía escalando la cordillera de la confiabilidad, pero el empate debe entenderse como un resbalón, no pronunciado, pero resbalón al fin. Y para ilusionarse con ser banca en este torneo hace falta ser más consistente. Lo contrario es quedar como anoche: en puntos suspensivos. l

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