Entrevista Exclusiva

Nadia Podoroska: "Rosario siempre es mi cable a tierra"

De paso por su ciudad, la tenista sensación del circuito profesional y de andar histórico en Roland Garros repasó su año brillante en exclusiva con La Capital.

Viernes 27 de Noviembre de 2020

Nadia Podoroska quiere mantener una vida normal, pero no puede. Quiere pasar desapercibida, pero le cuesta. Por eso, mientras cruza el pequeño parquecito del bar Al Volo, en la zona de Fisherton, un grupo de mujeres la reconoce y la empieza a aplaudir desde una mesa de manera intempestiva. Si pudiera, Nadia se acurrucaría atrás del barbijo que lleva puesto. Pero no puede. Entonces levanta la mano, ríe, agradece, mientras le gritan "¡genia!" y "¡felicitaciones!". Apura el paso, se incomoda.

Nadia Podoroska quiere mantener una vida normal, pero no puede. Es que ella sola se puso ahí adelante. El tenis excepcional que desplegó este año en el circuito profesional la llevó a ganar títulos pero también a ser una de las grandes protagonistas de Roland Garros, uno de los cuatro torneos más importantes del mundo y al que paradójicamente había ingresado por primera vez. Concretó, por lejos, la mejor temporada de su carrera. Y después de batallar por años y años logró tildar el casillero de uno de sus sueños, meterse en la élite mundial. A los 23, la Rusa rosarina cerró el 2020 como 47 del ránking. Lo empezó como 255°. Así que, pese a la pandemia que condicionó todo, ella igual voló. Flotó en el aire agarrada de una raqueta y le mostró al mundo tenístico y deportivo quién era. Quién es. Por cierto, ninguna Cenicienta, como supieron llamarla en París por su ascenso meteórico. Todo lo contrario. Una mujer fuerte llena de convicciones que no sólo aplica en la forma de ver el tenis.

Desde hace dos años la Rusa vive en Alicante, España, donde se radicó para darle impulso a su carrera profesional. Pero ahora que tiene un rato, está en Rosario, en su casa, en su ciudad. Pincha la burbuja en la que viven los tenistas y se baja. Lo quiere así. Con los pies en el llano, respirando raíces y el afecto de siempre. "Rosario es mi cable a tierra, son mis inicios, es mi familia", dice muy tranquila en el mano a mano exclusivo que mantiene con La Capital (cabe aclarar que la entrevista se realizó antes de la muerte de Diego Maradona) en la primera nota concedida en Argentina desde su llegada. Y repasa con mesura su año excepcional: "Con el tiempo voy tratando de sacar esas expectativas, no son tan buenas, trato de centrarme más en lo que estoy haciendo y ver cómo se van dando las cosas. Sin dudas que no me imaginaba que iba a ser semifinalista (de Roland Garros)". Y agrega más adelante refiriéndose a lo que está generando en su deporte: "No me considero líder, simplemente trato de ser como soy".

Entrevista a Nadia Podoroska

Nadia Podoroska quiere mantener una vida normal, pero no puede. Es lógico.

— Un poco un broma y un poco en serio, ¿vas a ser a ser una de la pocas personas que diga que el 2020, el año de la pandemia, fue de los mejores de su vida?

— Sí, sin dudas voy a ser de las pocas personas para las que este año fue muy positivo, en mi carrera profesional ¿no? Obviamente que en el contexto de la pandemia y del virus es un año terrible para todos.

— ¿Cómo explicas que este haya sido el año de tu explosión? ¿Qué cosas fueron claves para este despegue?

— Creo que es el resultado de un proceso que vengo haciendo hace un par de años. Cambié mi equipo de trabajo, me mudé a Alicante (Tenis Positivo). Me llevó un tiempo adaptarme, incorporar esas propuestas que tenía de parte del nuevo equipo para ser una jugadora de tenis y me parece que este año ya estaba mucho mejor físicamente, más ordenada y más tranquila y eso fue lo que posibilitó los resultados.

— Arrancaste el año muy bien, parecía el mejor inicio de año y de pronto vino la pandemia, se paró todo. ¿Cómo fue ese proceso tuyo que te tuvo incluso en una parte viviéndolo en Rosario y cómo hiciste para no perder la energía? Porque en la vuelta de la competencia pareció que no te había afectado.

— Sí, ahora mirándolo en retrospectiva creo que no me afectó emocionalmente el parate. En ese mismo momento entendí que no era algo que estaba bajo mi control, era algo que nos afectaba a todos. Es más, daba gracias de que al menos mis padres podían seguir trabajando, estaba en mi casa, sana. Me parece que dentro de lo malo había varias cosas positivas y lo que fue muy bueno para mí fue que encontré la manera de seguir entrenando sin una cancha de tenis. El tiempo que estuve acá en Rosario pude seguir haciendo físico, hablando con mi entrenador mental (Pedro Merani), entonces pude seguir entrenando desde otro lado que no era el común. Y eso fue importante porque me parece que fueron pocos los jugadores o las jugadoras que en ese tiempo siguieron igual de comprometidos.

— ¿Temiste que la interrupción afectase el envión que traías?

— (Piensa) No sabía lo que iba a pasar, la verdad. Porque fueron varios meses sin competir, así que cuando tuve que volver a hacerlo decía "bueno, a ver qué pasa", pero sí confiaba en todo el trabajo que venía haciendo en Rosario. Después me fui a Alicante a entrenar con mi equipo, hicimos un trabajo de dos meses como pretemporada, trabajando muchísimo y en eso sí que confiaba. Aunque la realidad es que cuando salís a competir no sabés cómo vas a responder.

— ¿Y cómo te fuiste encontrando? ¿Sabías que hiciste historia porque tu primer partido (WTA de Palermo) fue el primero en el circuito profesional en la reanudación en pandemia?

— (Risas) No, no lo sabía. Pero sí me acuerdo que fue un partido en el que estaba bastante nerviosa pero a la vez me encontraba jugando en un alto nivel de tenis, así que por otro lado también estaba tranquila.

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— ¿Llegaste a Roland Garros con tantas expectativas?

— ¡No! (Risas) No. Con el tiempo voy tratando de sacar esas expectativas, no son tan buenas, trato de centrarme más en lo que estoy haciendo y ver cómo se van dando las cosas. Sin dudas que no me imaginaba que iba a ser semifinalista.

— ¿Ahora que ya terminó, podés contar si espiaste el cuadro? (Venían por ese mismo lado Serena Williams y Victoria Azarenka).

— No, no. Eso no lo espío nunca. Sé contra quién tengo que jugar al día siguiente para saber la estrategia y planificar cosas pero no espío el cuadro.

— ¿Te ibas enterando lo que iba pasando afuera con lo que vos estabas haciendo en París? ¿Cómo lo procesabas?

— Sí, sabía que el impacto estaba siendo fuerte por la cantidad de mensajes que recibía y por lo que iba escuchando. Pero pienso que una de las mejores cosas que hicimos con mi equipo fue tratar de abstraerme un poco de todo eso, de concentrarme solo en con quién tenía que jugar, hacer mis rutinas y no estar tan pendiente de lo que pasaba afuera. En ese sentido creo que estuve bien contenida esas tres semanas en París, que fueron largas.

— De pronto mucha gente se levantaba muy temprano para verte y preguntaba cuándo jugabas, algo que con el tenis femenino no pasaba desde hacía muchos años. Incluso en Buenos Aires hubo transmisión de radio de uno de los partidos como en épocas de Gabriela Sabatini. ¿Qué te genera?

— Es muy loco eso. A mí me alegra realmente que se vuelva a hablar de tenis femenino argentino. Cuando yo era chiquita no era común que se hablara, incluso para empezar a jugar. Cuando tenía cuatro años y quise arrancar, no había escuelita. Entonces, me gusta que se vaya haciendo más conocido el deporte, que más nenas y chicas se animen a jugar.

— Hace unos días, en Londres, Horacio Zeballos cerró un partido con un smash y contó que en ese momento, mientras le pegaba a la bola, se le vino el recuerdo de él, en Mar del Plata, haciendo canastos y canastos de smash. ¿Hubo algún momento de esos días especiales tuyos en París, o en el año, en el que hayas vuelto a pensar algo así?

— Sí, muchísimos. Tuve varios momentos así. Trataba de dejar el teléfono, las pantallas y estar tranquila, dando lugar a pensar, a recordar, y sí, me acordaba de muchos momentos: de cuando empecé a jugar en el club Fisherton, cuando estaba en las canchitas de Charly (Carlos Rampello, su entrenador durante 11 años) acá en Rosario y es muy emocionante la verdad. O momentos de lesiones también, que estuve varios meses sin poder caminar y seguía entrenando. Creo que en esos momentos de satisfacción o de gloria, por decirlo de alguna manera, está bueno verse para atrás, cuando por ahí las cosas no iban tan bien.

— En aquellos días se habló mucho de Nadia chiquitita. Los que te vieron en esos años decían que ya eras una prodigio o que le pegabas de tal manera. ¿Qué conservás de esa Nadia chiquitita?

— Lo que conservo son las ganas y la ilusión de llegar a ser o llegar a tal torneo. Eso se mantiene intacto y me parece que con estos logros se va a potenciar.

— ¿Qué partido te gustó más de todos los que ganaste? Elina Svitolina quedó marcado por el ránking (es la 5ª del mundo), su favoritismo y demás, pero hubo otros muy duros y muy luchados.

— El partido del que me siento más orgullosa o que más satisfacción me generó fue el que le gané a Barbora Krejcikova en cuartos de final, porque era un partido en el que las condiciones eran muy malas, había viento, hacía frío, cuando miraba para arriba me encandilaba el sol, estaba incómoda con el juego de ella, no me salían las cosas, estaba nerviosa. Todo, muchas cosas adversas y nunca dejé de pensar en positivo, de buscar la solución, trataba de activarme. Creo que simplemente por eso gané, no por nivel tenístico sino porque mi cabeza siempre estuvo ahí tratando de buscar la solución, por eso es el que más me gusta. Con Svitolina fue un gran partido pero me salió todo. Yo estaba jugando muy bien, ella no tanto, su juego no me afectaba en ese momento y creo que fue más sencillo.

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— ¿El tenis que proponés se ve poco en el circuito?

— (Piensa) Creo que se ve menos, ¿no? Por ahí en el tenis femenino se ven más jugadoras que tienen mucho mejor revés, que basan su juego en el revés o en el saque más potente, yo por las condiciones físicas que tengo eso claramente no lo puedo hacer, pero también hay otras jugadoras más chicas que están subiendo y que están empezando a jugar al tenis de otra manera, me parece que de a poco va a ir cambiando eso.

— Casi un mes después de Roland Garros pudiste cerrar el año jugando el torneo de Linz, el primero como Top 50. ¿Sentís que llegaste con otra presión o con muchas miradas alrededor?

— Para mí fue importante jugar Linz, un torneo más después de lo que había sido Roland Garros y antes de que termine el año porque había muchas cosas que asimilar, cambiar de superficie también (cemento indoor), así que tenía muchas ganas de jugar ese torneo y por suerte lo pude hacer y creo que de una buena manera (llegó a cuartos de final). Por ahí me quedé no triste, pero desilusionada con el último partido (ante la rusa Ekaterina Alexandrova) porque realmente no jugué bien. Pero ya tengo un torneo de esos, tuve mi experiencia y fue importante haberlo vivido.

— Linz ratificó en un punto que lo anterior no fue casual. ¿Creés que el recorrido que tuviste antes por torneos menores te dio esa fortaleza? ¿Es más fácil jugar ahora estos torneos que aquellos?

— Son más las comodidades que te da el circuito grande que el otro. Dentro de la cancha es exactamente lo mismo, pero sí tenés más comodidades y eso lo facilita un poco. Tenés otra tranquilidad económica, otro calendario, desde los hoteles… Es todo mucho más cómodo.

— Ahora que ya jugaste tu primer torneo como Top 50, ¿en qué cosas pensás que estás en línea y cuáles te faltan para seguir afianzándote?

— Me falta afianzarme, seguir jugando torneos en este nivel y después tengo mucho que mejorar para seguir subiendo. Desde el aspecto físico, hasta golpes y estrategias para ampliar mi juego.

— En Linz también pasó que la organización te dio mucho protagonismo, estaban encantados con vos. ¿Por qué pensás que estaban tan impactados?

— Creo que fue un poco la sorpresa que fue el torneo de París, de venir de la qualy y llegar a semifinales, o el salto de mi ránking, empezar el año fuera de las 200 y terminarlo 47. ¡O mi inglés, capaz, los cautivó mi inglés! (Risas)

— Aprovechando tanta repercusión, una y otra vez dijiste que ojalá lo tuyo genere posibilidades en las chicas que vienen atrás y te comprometiste reclamando torneos. ¿Te ves en algún momento representando esta pelea por igualdad y derechos de las chicas?

— Es un trabajo muy difícil, que requiere mucho tiempo, energía y responsabilidad. Me parece que es algo necesario pero entiendo que la carrera de por sí de la jugadora profesional demanda mucha energía, siento que hoy en día no tengo esa energía o ese tiempo disponible para hacer ese trabajo que en realidad realmente requiere mucho. Si en algún momento lo hago me gustaría hacerlo bien. Entonces, lo que trato de hacer desde la llegada que tengo a los medios, desde la difusión, es resaltar eso, esa carencia. Aunque estaría bueno que no dependiera de mí y que fuera un trabajo que lo puedan ir haciendo cada vez más chicas o dirigentes y que sea en conjunto, no sé si lo podría hacer yo.

— Hablando de compromiso, tras el triunfo ante Svitolina, en la cancha central de Roland Garros, hablaste de la situación difícil que estaba viviendo tu país. ¿Lo tenías pensado o te salió ahí?

— La verdad es que las palabras que dije ahí me salieron en ese momento, no tenía nada pensado. Por suerte me dejaron hablar en español y eso fue importante, no hubo traducción porque hablé mucho, pero fue algo que me salió en ese momento. Fue por lo que recibí. A pesar de todo el contexto y de todo lo que estaba pasando acá en Argentina estaba recibiendo mucho cariño, la gente estaba siguiendo los partidos, eso fue algo lindo para mí.

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— Mercedes Paz, capitana del equipo argentino de la Billie Jean King Cup (ex Fed Cup), hablaba de tu liderazgo y de cómo enseguida te configurás como tal. ¿Vos te sentís líder?

— No. Hoy no me considero líder, no sé, simplemente trato de ser como soy, no es algo que busque sinceramente.

— Para el año que viene tenés asegurado el ingreso a los torneos grandes y los Juegos Olímpicos. ¿Cómo no irse hacia adelante o no sufrirlo en el medio de esta situación de tanta incertidumbre que provoca la pandemia?

— La manera en la que manejo eso es estando en el presente lo más que puedo, en lo que podemos controlar. La verdad es que no sabemos cuál va a ser el primer torneo del año, así que ya pensar para julio (mes de los Juegos) es algo muy incierto. Ojalá que se puedan realizar, que encuentren la manera de poder hacerlos. Hoy es una situación difícil.

— Ahora que tuviste unos días libres te viniste a Rosario a pasar tus vacaciones, ¿qué te sigue tirando de la ciudad?

— Rosario siempre es mi cable a tierra, son los inicios, es mi familia. Siempre me gusta volver, me trae a tierra. En el circuito, la vida que tenemos los tenistas va un poco por fuera de la realidad de cualquier persona, vamos a hoteles, a restaurantes, viajamos por todos lados. Y a mí volver a Rosario, ver a mis papás que se levantan todos los días para ir a trabajar, me trae un poco a lo que es lo más cerca de una vida normal.

— ¿Cuál es el deseo a corto plazo?

— Para mí sigue siendo mejorar como tenista y como persona, por ahí están mis ganas. Por ahí no tanto en un ránking o en un resultado, sino en el día a día, en la manera en la que me tomo las cosas, en los entrenamientos. Me gusta hacer más foco en eso que en un resultado, que termina siendo consecuencia.

— ¿Esta Nadia de 23 años sueña como la Nadia de 14 (edad en que ingresó al ránking WTA) en llegar a ser la Nº 1 del mundo?

— Sí, sí. Sigue soñando.

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