Escalada: el deporte que trajo la montaña a la ciudad y hace cumbre en Rosario
Surgida en los Alpes, la escalada deportiva suma adeptos y tendrá por primera vez tres disciplinas con medallas en los próximos Juegos Olímpicos. En Rosario se enseña en el club Gram, una escuela con reconocimiento nacional y mundial
Un grupo de niños de la escuela Gram y de fondo el circuito de la escalda.
En Rosario no hay montañas pero sí escaladores. La naturaleza está presente, en forma ribereña, aunque si se trata de elevaciones, hay que moverse unos 400 kilómetros hasta las sierras cordobesas para encontrar altura. La inversión del refrán vale: si uno no va a la montaña, que la montaña venga hasta uno. La escalada deportiva lo hace posible.
Los Juegos Olímpicos Tokio 2020 presentaron un deporte moderno, veloz y atrapante: la escalada. En París 2024 se repitió y en Los Ángeles 2028 se sumarán nuevas categorías con más medallas en juego. La escalada llegó para quedarse y perdurar.
Ahora bien, ¿dónde practicar este deporte en Rosario? El club Gram (Central Argentino 2850) lo enseña, para niños y adultos. Esta escuelita es reconocida a nivel nacional e internacional por los especialistas de montaña. Calidad garantizada.
"Busco montañas que nunca fueron subidas"
Todas las personas consultadas sobre montañismo en Rosario nombraron a una sola persona a buscar para dar cátedra sobre el tema: Glauco Muratti. Por supuesto, ahondó en el mundo de la escalada, pero su historia también merece un espacio que permita entender la pasión por subir cumbres. “Podés subir el Aconcagua o el Fitz Roy como se hizo miles de veces. Yo busco montañas que nunca fueron subidas, que ni siquiera tienen nombre”, le contó a Ovación en una larga charla, en modo guía de montaña hablándole a un iniciante.
La escalada deportiva es una actividad relativamente moderna, ¿cómo surgió?
Hasta hace unos 30 años, la escalada, que es un deporte, no existía como tal. Era un desprendimiento del montañismo. La versión moderna se originó en los Alpes a fines del siglo XVIII, ya que allí hay mucha verticalidad en las montañas y rocas de muy buena calidad. No tiene que ver con llegar a una cumbre ni hacer cientos de metros. Lo que está en juego es la dificultad. Es un deporte federado que en nuestro país está regido por la Federación Argentina de Ski y Andinismo (FASA). Nuestro club es el único de la región que está afiliado a esta federación.
¿Cuántas modalidades hay dentro de la escalada?
En Gram hay una escuelita de escalada búlder para niños que tratamos de complementar con actividades de montaña. Algunas veces al año llevamos a los chicos a la montaña. En la escuela capacitamos además en escalada en hielo. Hay por lo menos diez tipos de hielos, nosotros nos enfocamos en hielo de cascada, que es agua congelada y tiene una consistencia distinta, por ejemplo, al hielo de glaciar, que se forma por nieve que se recristaliza y se va presionando con el tiempo. La escalada es una actividad que ha podido desarrollarse en lo urbano. Pasó de la montaña a la ciudad. Es posible reproducir la dificultad de la montaña en forma artificial, con paneles de fenólico y tomas de resina poliéster. Dentro de la escalada hay diferentes disciplinas. Una es el búlder, que es una actividad de fuerza y gran equilibrio con pendientes negativas, por lo que se escala prácticamente panza arriba. Es mínima la instrucción que se requiere, hay que saber caer más que nada. No hace falta ninguna seguridad como arnés o cuerda. Debajo hay colchonetas, como en el salto con garrocha, por ejemplo. El búlder es bien gimnástico. Y después están las competencias de velocidad y dificultad (en los JJ.OO Los Ángeles 2028 habrá medallas en búlder, velocidad y dificultad por separado) que sí tienen elementos de seguridad.
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Escalada. Uno de los cursos de montañismo de la escuela Gram.
¿Qué nivel de escaladores tenemos en Argentina y cómo es el camino para clasificar a unos Juegos Olímpicos?
Argentina ha tenido buenos escaladores. Al ser una actividad que exige flexibilidad, hay que arrancar de joven. Me gusta compararlo con la gimnasia deportiva, donde los atletas consiguen su desarrollo y plenitud siendo muy jóvenes. En Argentina hay varias competencias nacionales, por ejemplo, Gram tuvo dos años seguidos a la campeona argentina juvenil que es Luján Burgos. Y también hay torneos regionales. Hace unas semanas organizamos el campeonato de escalada del Litoral. Como en cualquier deporte, entra la burocracia a escena. Un escalador argentino que quiera llegar a los Juegos Olímpicos primero tiene que pertenecer a un club, tener una licencia federativa, que en Argentina te la da FASA, competir a nivel nacional, luego continental y después en torneos mundiales, clasificatorios o llegar por ránking.
Glauco Muratti: una vida entre montañas y valles inexplorados, con las nubes de testigo
¿Cuándo te enamoraste de la montaña?
Yo empecé de muy chico en las sierras de Córdoba, cuando iba de vacaciones con mis abuelos. La destreza se adquiere siempre en esos primeros años. Las excursiones más largas, el acampar, comenzó en 1979. Traté de formarme en lo técnico, en la parte de escalada de montaña, porque también se pueden subir caminando. En Argentina tenemos una cordillera muy diversa. Así como en el norte las montañas se pueden subir sin usar las manos, en Mendoza ya se empieza a complicar. En la Patagonia te exige más en la parte de los brazos, como al subir el Lanín, que estuvo en escena por lo que pasó con el cocinero (Christian Petersen).
¿Qué significa pertenecer al Gram? Imagino que orgullo debe ser lo mínimo que sentís...
El Gram tiene una trayectoria reconocida en todo el país. En estos más de 40 años desarrollamos actividades consideradas de mérito. Acá no hay podios, no hay ránking, no hay tiempos. Incluso a nivel internacional fuimos reconocidos a través de publicaciones hechas por corresponsales de otros países destacando nuestro trabajo sobre escalada de montaña tradicional, no la deportiva que mencionamos antes. En nuestra actividad podés repetir un ascenso. Podés ir al Aconcagua y ser el 38.444 que lo subió, o ir al Fitz Roy y ser el 348 que lo subió, o podés buscar montañas que todavía no se subieron. En Europa puede estar todo subido, pero en los Andes no es así. Está lleno de montañas inexploradas, con valles que no tienen ni nombre. Nuestro grupo apuesta por esa alternativa, de buscar cumbres que no fueron subidas.
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Claudio Murati en una de las cumbres que hizo, dejando un papel con la fecha y sus nombres.
¿Cuáles son los mayores problemas que enfrentan quienes arrancan en el montañismo?
Hoy hay mucha gente en la montaña, pero lo más difícil es encontrar un compañero de escalada. La idea de los cursos también fue eso, sembrar futuros compañeros en dos o tres años. Tuve la gran suerte de ir siempre acompañado en las centenares de salidas que hice a la montaña. Ese quizás es el gran problema que hay, no encontrar compañero.
Aparte del montañismo, tengo entendido que te gusta escribir. ¿Cómo conviven estas dos pasiones?
Además de esta pasión, me gusta escribir. Escribí dos libros y ahora estoy escribiendo el tercero. Son usados en varias escuelas de guía de montaña en Argentina, como en Córdoba, Mendoza o Buenos Aires. Mi vida está muy relacionada con la montaña. Mi hija viene de subir sola una montaña altísima en Catamarca, también tenemos una casita en las sierras de Córdoba. Todo tiene que ver con todo. Yo escalé mucho en Argentina, no tanto en la Patagonia pero sí en los Andes centrales y la Puna. Fui muchas veces a Chile, Bolivia, a la cordillera blanca de Perú, que hay montañas bien técnicas que requieren mucha capacidad de escalada en hielo. Escalé en Alaska, en los Alpes, en el Himalaya y en decenas de montañas que todavía no estaban escaladas.
¿Y qué desafío te queda por delante?
Hace años que digo que soy muy afortunado porque por delante me quedan más montañas por subir que tiempo para hacerlo. Son algunas montañas sin nombre, ignoradas por el andinismo, alejadas y difíciles. Unos meses atrás pude con dos amigos subir una que hace 20 años venía viendo. Le había hecho ya varios intentos. Al final la subimos, tiene 5.100 metros y lo llamamos Cerro Hosco. Pero, por suerte, siempre va a quedar algo por subir.
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