Es un día especial. Un miércoles particular. No es un 17 de julio más en el calendario de la familia Somaschini. Lorenzo estaría cumpliendo hoy 10 años. Sin embargo, en esta jornada los padres y familiares conmemoran su primer mes de ausencia tras ese fatídico accidente en Interlagos mientras hacía lo que amaba y apasionaba: correr en motos. Lolo ya no está, pero dejó un recuerdo inolvidable. Una sonrisa infinita y un amor eterno en el alma de sus seres más cercanos.
Lolo era un chico con mente de grande. Destilaba un talento que prometía brillar en las pistas a gran escala. Tenía en claro cuál era su mayor deseo: correr en MotoGP. Mientras tanto, este año había arrancado a competir a nivel nacional y sumar experiencia. Incluso incursionó en el plano internacional en junio pasado. Era su primera gran cita. Y allá fue. A Brasil. Con la mochila cargada de ilusión y construyendo un futuro prometedor.
Pero desafortunadamente sufrió un terrible accidente en Interlagos mientras realizaba una prueba que le arrebató su presencia en este mundo luego de haber estado internado durante unos días.
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Lolo amaba las motos casi desde la cuna, pese a que también le gustaban otros deportes.
Lolo, como cariñosamente todos lo llamaban, era mucho más que un niño prodigio del motociclismo. Con tan solo nueve años ya había dejado una huella imborrable en los corazones de todos los que tuvieron el privilegio de conocerlo. Su pasión por las dos ruedas era contagiosa y su sonrisa iluminaba cada rincón del paddock. Claro que también le gustaban otros deportes. De hecho, practicó básquet antes de dejarlo para montar las dos ruedas.
Tenía ojos claros, brillantes y profundos. Lucía una atractiva larga cabellera rubia al viento y lo envolvía una inocencia que enternecía a todos a su alrededor. Ese era Lolo. Lorenzo era como una especie de alma de la fiesta en cada rincón del circuito. Era pura sonrisa. Era un imán para los curiosos porque no podían comprender cómo un diminuto nene montaba tan bien una moto.
Era el primero en subirse a la moto. Estaba siempre dispuesto a darlo todo en la pista. También a apoyar a sus compañeros. Sus padres Alfredo y Carolina, junto a su hermana mayor Juana, eran el sostén fuera del asfalto, como además lo era ese leal núcleo familiar, al que hoy en día también se le apagaron un poco las luces de sus respectivos corazones por su ausencia.
Su cuerpo recién pudo ser repatriado el sábado pasado y desde entonces descansa en Granadero Baigorria. La caravana de esa fría mañana sabatina fue inmensa y conmovedora. Había mucho por contar de Somaschini. Recién estaba escribiendo sus primeras páginas en el deporte motor, mientras cursaba cuarto grado y proyectaba su carrera.
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Lorenzo Somaschini había arrancado este año a competir de lleno.
Su talento era innegable. Lo ratificó en su última carrera local, donde dejó a todos maravillados al quedar en el octavo lugar entre 26 pilotos, a tan corta edad era todo un logro. Muchos esperaban verlo brillar en futuras competencias. De hecho, tenía una invitación al miniGP de Colombia en septiembre. También la oportunidad de asistir a la Academia de Chicho Lorenzo en España como anhelaba y participar en una segunda fecha en Brasil.
Siempre será recordado como un niño solidario, empático y amante de la vida. Su legado en el motociclismo perdurará en el tiempo, al igual que su sonrisa y su espíritu indomable. Un grande en cuerpo de niño, un ejemplo de valentía y amor por el deporte. "Cuando salió la nota en el diario (en el suplemento Motores de La Capital) fue muy feliz. Ese día fue el nene más feliz del mundo. Fue realmente feliz haciendo lo que amaba, lo que le gustaba", recordó entre lágrimas una persona muy, pero muy allegada a Lorenzo el pasado sábado, antes de emprender el último recorrido de Lolito junto a casi 100 personas en la despedida final.
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Lolo tsabía lo que deseaba: llegar al MotoGP. Su sonrisa e imagen se volvió eterna.
En un día especial. Cumpliría 10 años. Su familia lo recuerda con cariño, pese al desgarrador dolor e impotencia que los envuelve como también a sus amigos y resto de familiares. Su ausencia dejó un vacío en los corazones. Pero su recuerdo inspira a seguir adelante y a vivir cada día con la pasión y la entrega que él demostraba en cada vuelta en la pista.