Buscó club por Facebook: pasó por la Academia Griffa, fue a Filipinas y ahora juega en Armenia
Es defensor, nació en Usuhaia y cuando se quedó sin club salió en busca de una oportunidad por redes. “Es primordial perder la vergüenza y golpear puertas”, afirmó Nahuel Amarilla en diálogo con Ovación
Nahuel Amarilla durante una práctica en Armenia y con la nieve de fondo. La temperatura oscila en los diez grados bajo cero.
Amarilla en la Academia Griffa, donde compartió equipo con Nacho Heinze (sobrino del Gringo).
En 2012 jugó en la Academia Griffa.
En el fútbol, como en cualquier aspecto de la vida, no todo llega en bandeja de plata. Las ofertas u oportunidades no se presentan para todos los aspirantes a ser jugadores profesionales y muchos deben ir en busca de esa chance. Un ejemplo de tantos de esto es Nahuel Amarilla, nacido en Ushuaia y que tuvo un paso por la Academia Jorge Griffa. Si bien jugó en clubes del ascenso y regionales, hubo un momento en que se quedó sin equipo y lejos de abandonar la carrera optó por ofrecerse por Facebook. Y eso tuvo su rédito para llegar primero a Filipinas y actualmente en Armenia. Nada fácil y todo un desafío, pero con la satisfacción de si se quiere se puede. “Estoy en la ciudad de Sevan, hace diez grados bajo cero, pero se siente mucho más. Realmente es muy duro y se sufre mucho”, confesó el defensor tras el entrenamiento que se llevan a cabo al mediodía por el frío de la mañana y porque a las 18 ya oscurece.
Amarilla, que tuvo un recordado paso por Ferro, está escribiendo una historia digna de aquellos que nunca bajan los brazos con el fin de cumplir con un sueño. Desde sus inicios en el sur y su paso por la Academia Griffa en 2012, donde compartió equipo con Ignacio Heinze (sobrino del Gringo) la pasión por el fútbol lo empujó a seguir a pesar de todos los obstáculos y contratiempos que se le presentaron. “Estaba jugando en el Federal A, pero no mucho. Empecé a buscar entrenadores, hablé con un rosarino (José Colatti) que estuvo en Adiur y que se encontraba en Perú. Le escribí para que me orientara. Tuve una lesión, fractura de un dedo, y se me vino el mundo abajo porque mi ilusión era jugar. Hubo un momento donde dije "no juego más", inició el relato Amarilla en diálogo con Ovación y con deseos de contar su experiencia de vida futbolística.
Fue de esa manera que llegaste a Filipinas, antes de ir a Armenia, y conseguiste club tras ofrecerte por Facebook. ¿Cómo fue eso?
Hubo un instante en que sentí que no debía bajar los brazos, empecé a buscar en las ligas que tenían abierto el mercado de pases y vi Filipinas, donde había tres argentinos. Mandé videos a un mail de un club que encontré en Instagram. Uno de los managers me respondió. No sé cómo me hice entender porque de inglés nada, ja. Fue un desastre. A las dos semanas hice la valija y me fui.
El sueño es llegar a primera división, triunfar y que lleguen ofertas de Europa, pero eso no sucede siempre y vos fuiste en busca de una chance.
Yo creo que es una carrera con uno mismo, es intentar y ser perseverante, golpear puertas. Lo primordial es perder la vergüenza e insistir que alguna se abrirá. Estando ahí después se abren muchas posibilidades en el sudeste asiático.
¿Cuál fue el principal problema que encontraste?
Lo primero que me generó cierto temor fueron los tifones, temporada de frío, viento, lluvia y de calor. A las 3 de la mañana te suena el teléfono y tenés que salir porque hay aviso de tifones con movimiento de tierra y esas cosas. Al principio te choca, después te acostumbrás. Manila, que es la capital y la ciudad más grande, está preparado para soportar todo eso.
¿Es complicada la vida?
Los filipinos son muy buena gente, son muy amables con los extranjeros. Saliendo de la ciudad hay lugares peligrosos porque hay mucha pobreza, muchísima pobreza. En mi última temporada no me sentí bastante bien, se me hicieron largos los meses. Cuando terminé la temporada tuve otras ofertas de equipos de Malasia e Indonesia, pero no pude concretar. Mi idea era irme a ligas un poco más competitivas y que te abren muchas más puertas.
Un llamado desde Armenia
Y llegó el llamado desde Armenia.
Sí, estoy en FC Andranik, en la ciudad de Sevan. Está a cuarenta minutos de la capital Ereván. Está rodeado de montañas y hace muchísimo frío Tenemos que entrenar de tarde porque a la mañana no se puede.
¿Cuánto de frío por ejemplo?
Menos de diez grados, pero se siente mucho más. Pasa que como está cerca de montañas y de los lagos se siente más por el viento. Se sufre un montón.
Amarilla nieve
¿Cómo es tu vida diaria en Armenia?
Hace poco que estoy, pero es muy tranquilo. La gente por la tarde no anda mucho en la calle, más en esta ciudad. Las veredas están congeladas y es peligroso para la gente grande. Cada dos minutos pasa la máquina para sacar la nieve, pero está todo congelado.
¿Hay convocatoria de gente que acude a los partidos?
El equipo en el que estoy ahora está en la segunda división, vamos segundos y como parece que pondrán tres cupos para ascender hay chances de hacerlo. Cuando jugamos con equipos grandes va mucha gente.
¿Y los sueldos cómo son? ¿Se gana más que en el fútbol argentino?
Sí, pero depende de los clubes. Los que juegan alguna Copa tienen muchos sponsors, le entra mucha plata de la televisión y más de la de la Uefa al ganar partidos. Tienen un sueldo mucho más grande, traen muchos jugadores porque se pueden contratar siete u ocho extranjeros. En cuanto a la prensa no hay demasiada, sólo un diario que es el más grande que cubre algo y algunas cuentas de Instagram.
En cuanto a comunicarte con tus compañeros, ¿cómo hacés?
El entrenador es español y tengo un compañero que es colombiano, que él también jugó en Argentina, en Cúcuta, en Armenia. Hay dos personas con las que puedo hablar en español porque en el club anterior, en Filipinas, no tenía a nadie que hable español, entonces era medio aburrido. Por suerte aprendí algo de inglés.
El sueño de Rumania
¿Dónde te gustaría ir y probar suerte en otro fútbol?
Por lo poco que veo y ya que mi novia es de ahí me gustaría continuar mi carrera en Rumanía. Los rumanos son como los argentinos. De hecho, Bucarest es muy similar a Buenos Aires. La gente vive el fútbol como en Argentina, es pasional. Y tiene una liga competitiva.
Hablabas de tu novia que es de Rumania, ¿cómo fue que la conociste, “enganchaste” como decimos los argentinos, ja?
Es así, jaja. Por redes. Es traductora de la Uefa. Estaba en Irlanda, charlamos varios meses hasta que un día se fue a la Argentina, después fui a Rumanía y nos fuimos conectando de a poco.
¿No quedaba otra que las redes, ja?
No, ja. Aparte habla español muy bien, habla un montón de idiomas y eso hizo todo mucho más fácil.
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