Ya está definido. Boca Juniors jugará la final del Mundial de Clubes con el
poderoso Milan, quien ayer eliminó al equipo japonés Urawa Red Diamonds al vencerlo por 1 a 0.
Partido que fue presenciado por la delegación xeneize, y del que tomaron debida nota para el cotejo
decisivo del domingo.
Boca comprobó ayer que Milan basa su juego fundamentalmente
en el virtuosismo del brasileño Kaká, y del holandés Clarence Seedorf, un estratega excepcional, y
de ambos deberá protegerse el equipo xeneize si pretende reeditar la final de 2003 en la que le
ganó por penales y se adjudicó la Copa Intercontinental.
El equipo de Carlo Ancelotti no viene desarrollando un buen
juego, pero sus notables individualidades disimulan la pobreza de su andar colectivo y esas
estrellas son las que lo depositaron en la final.
La solidez que exhibe en el arco el brasileño Dida despeja
las dudas sobre la endeblez defensiva que suele tener en el sector derecho e izquierdo, ya que sus
marcadores laterales Máximo Oddo y Marek Jankulovski no suelen ofrecen seguridad en la defensa. Sin
embargo, la dupla central compuesta por Nesta y Kaladze tienen solidez en el juego aéreo, pero si
se los encara con decisión, dudan y pueden cometer alguna torpeza, lo que puede ser bien
aprovechado por Rodrigo Palacio o Martín Palermo, los hombres del ataque xeneize.
Las mayores virtudes del Milan residen en el mediocampo,
donde brilla Kaká, muy bien complementado por el holandés Seedorf, aunque en rigor de verdad, la
precisión en los remates de tiro libre de Gattusso o Pirlo pueden generar muchísimo peligro.
En el ataque, Milan no parece demasiado eficaz, ya que
suele dejar como única alternativa a Máximo Ambrosini, un veloz delantero que bien puede ser
absorbido por la marca.
El DT xeneize Miguel Angel Russo sabe que para
contrarrestar a Milan además de actitud tendrá que lograr el plus del buen juego que este equipo
supo mostrar, y la defensa no deberá tener distracciones.
El plantel de Boca se trasladó ayer desde Tokio a Yokohama
después de presenciar el triunfo de Milan.
Boca dejó temprano el Hotel Four Seasons Tokio en el que se
había hospedado desde su llegada a Japón, y partieron hacia el estadio Nacional de Tokio para ver
en acción al equipo italiano. Los jugadores observaron el partido cómodos y sonrieron cuando fueron
enfocados por las cámaras del estadio, que los expuso en la pantalla gigante y originó la silbatina
inmediata de los hinchas del Milan y el respetuoso aplauso de los japoneses.
Luego recorrieron los 30 kilómetros que separan a Tokio de
Yokohama y se hospedaron en el Hotel Sheraton Bay, el mismo que utilizaron en 2003, cuando le
ganaron a Milan, en definición con remates desde el punto de penal, y conquistaron la Copa
Intercontinental.
El alojamiento del plantel de Boca Juniors cuesta entre 150 y 200 euros por
noche y el plantel acordó entrenar en el Kozukue Football Field, un predio cercano al estadio del
Yokohama Marinos.