El lujo, una plaga que destruye hogares. En París parecen haberse convocado todas las legiones infernales para retar al Creador. Y a tal extremo han llegado las cosas, que en lo referente al lujo escandaloso que reina entre las francesas, algunas mujeres se han visto precisadas en tomar medida para contener ese desenfreno y establecer una diferencia entre las que son señoras y las que, para vergüenza suya, no merecen tal nombre. La condesa Mathieu de Nailles reunió a varias señoras para crear una "Liga contra el lujo" y exigir que se reemplacen las toillettes extravagantes y costosísimas por trajes oscuros y sencillos, pero teniendo siempre el sello de la elegancia, algo que se había perdido entre tanto encaje, tanta cinta y tanto adorno. Esta medida parece de poca importancia, pero pensemos en cuántos hombres se han visto arrastrados a la ruina para sostener el lujo y el afán de brillar de su mujer. ¡Cuántos muchachos se casarían si no los detuviera el miedo al lujo que hoy ven en casi todas las jóvenes y que les augura un triste fin para la paz conyugal! Sería algo positivo que aquí se imitaran estas iniciativas. En el Rosario, el lujo, si bien no con el desenfreno con que se advierte en la capital de Francia, también está de moda: todas quieren ser iguales, llevar idénticas cosas, aunque no exista semejanza en el bolsillo de unas y otras. Aquí los hombres se desviven para que sus esposas e hijas no desmerezcan de las restantes, y ya no basta con un vestido: es preciso tener tres, cuatro, seis, y caros. "A dos bailes seguidos no se puede llevar idéntico vestido", dicen, y así aumentan los sinsabores y disminuye el buen humor y la felicidad de los hogares. Así que, inspirados en la liga creada en París, instamos a las rosarinas a que contengan ese afán de lujo que tantos estragos causa, que asusta a los que quieren casarse y que es una plaga para la familia y hasta para la mujer misma. (1909)





























