Opinión

Perico

Una ciudad no siempre puede darse el lujo de reconocer a alguien que edita a sus escritores, con más razón cuando se publica menos.

Miércoles 29 de Noviembre de 2017

Hay un tipo parado en un escenario a punto de hablar. Tiene semblante de hombre duro y altura de basquetbolista, aunque ni es duro ni es basquetbolista. Momentos antes, mientras escuchaba a quienes hablaron antes que él, parecía distraído. Es curioso, porque los que lo antecedieron se refirieron justamente a él, el homenajeado en este acto.

El tipo que está en el escenario es un hombre exitoso, pero su triunfo no ha sido fácil y tampoco es visible para todos. No sale en la televisión ni tiene una cara conocida para el gran público. Es alguien que vende y edita libros. Sólo eso, y tanto como eso.
Quienes hablaron antes que él recordaron su historia, un derrotero marcado por la vocación, la entrega, el compromiso y la pasión. Hablaron de su infancia, de su época de militante estudiantil en la Facultad de Humanidades y Artes y, por supuesto, de sus comienzos como vendedor de libros. Elogiaron su búsqueda y su perseverancia. Y también se explayaron sobre su enorme calidad humana.
"Es imposible no recordarlo cuando salía con su valija a vender libros por toda Latinoamérica", han dicho cada uno por su lado el psicopedagogo Norberto Boggino y el periodista, escritor y poeta Rafael Ielpi. Los libros que el hombre vendía en México, El Salvador o Perú eran de autores de acá y editados acá, lejos de las mecas de la industria cultural. Boggino y Ielpi recordaron algunas anécdotas de los comienzos del homenajeado. Como muchos otros autores rosarinos, son tipos agradecidos: los dos pudieron ver sus textos impresos y publicados en parte gracias a la vocación del hombre que está recibiendo este reconocimiento.
"Una ciudad no siempre puede darse el lujo de reconocer a alguien que edita a sus escritores, con más razón cuando se publica menos"
El destinatario está frente a un público heterogéneo y vasto. Por allí se ve a su padre, su mujer, sus hijos, sus amigos de la infancia, sus compañeros del secundario y de la facultad, los camaradas de la militancia estudiantil, sus adversarios y sus clientes. Y también muchos autores de los más de 900 libros que lleva editados: narradores, pedagogos, poetas, dramaturgos, periodistas y muchos más.
Quienes lo precedieron en los discursos destacan un dato por sobre muchos otros: las colecciones sobre educación que editó todos estos años. Lo resalta incluso Carola Nin, presidenta de la comisión de Cultura del Concejo Municipal, el organismo que decidió homenajear a nuestro hombre por iniciativa de las edilas Daniela León y Marina Magnani. "La educación siempre fue uno de los temas a los que más atendió como editor", ha dicho la ex ministra de esa área en la provincia.
El tipo, parco y tímido, parecía distante cuando escuchaba a quienes destacaban su figura y su carrera, y parece distante ahora que debe agradecer esos elogios y muestras de agradecimiento. Sin embargo, cuando empieza a hablar, cuando mira hacia el auditorio, cuando ve los rostros de quienes fueron a acompañarlo, cuando descubre presencias que posiblemente no imaginó, cuando procesa lo que dijeron de los oradores que lo precedieron, se suelta. Busca las miradas de quienes están ahí para aplaudirlo y abrazarlo. Los menciona uno por uno. Confiesa que está emocionado. Si alguien acaba de llegar probablemente no lo creería, pero quienes lo conocen saben que es cierto.
Una ciudad no siempre puede darse el lujo de reconocer a alguien que edita a sus escritores, y con más razón en tiempos en que se publica menos. Pero en este caso se imponía, porque el hombre con semblante duro y altura de basquetbolista lleva haciéndolo hace más de tres cambiantes décadas. Muchos autores y lectores rosarinos han podido publicar y leer gracias a él, y es probable que los amantes locales de los libros y de la cultura le deban más de lo que son capaces de darse cuenta.
Por eso se aplaude la declaración por parte del Concejo Municipal a José Pérez, el soñador que creó la librería y editorial Homo Sapiens, como personalidad distinguida de la cultura de Rosario.
Perico se lo ganó.

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